Unidad de los taurinos ante la felonía que intenta acabar con las corridas

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Ante la arremetida contra la tauromaquia del otrora "Comandante Aurelio", devenido en alcalde, candidato presidencial y senador , solo reclamo unidad de los taurinos ; deponer intereses subalternos en pro del bien común de todos, de nuestras libertades, de nuestro derecho de ir a las corridas, de amar al toro bravo, de cuidarlo , de que la tierra sea dedicada en una porción a esa convivencia pacifica de las especies. No es sino que los mal llamados animalistas vayan un par de horas a una ganadería de bravo , convivan y aprecien que sus consignas no tienen fundamento sino predicas que escuchan , que les dijeron o que ellos suponen.

Ahora buscan acabar con los animales en los edificios que son bienes de interés cultural . Dicho de otra manera , por la vía de ese discurso nos acaban con las corridas pues es verdad que la plaza De Santamaría es un bien cultural con todos los merecimientos gracias al esfuerzo titánico de un empresario " de otro tiempo", don Ignacio Sanz de Santamaría que fundó "Mondoñedo", amo los perro, los caballos y levantó en la calle 26 esa esbeltez arquitectónica que es nuestro coso taurino.

Recuerdo que en 1932 cuando tuvimos que enfrentarnos al Perú por cuestiones de limites, el jefe de la bancada conservadora en el Congreso, el dr Laureno Gómez pronunció lo que para mi es una sentencia de amor patrio : "Paz, paz, paz en lo interior. Guerra, guerra, guerra en la frontera contra el enemigo felón".

Por eso todo el que sienta la tauromaquia como parte de su ADN, de su amor por la fiesta, de su aprecio por los altos valores que de ella dimana, mas allá de nuestros debates y juicios sobre el encaste tal, el torero cual, debemos unir esfuerzos, trabajar desde nuestras trincheras de opinión, de acción, de ejecución en las tareas que permitan convencer a los honorables legisladores que por esa vía del prohibicionismo solo seguiremos construyendo muros de intolerancia.

Petro no solo no tiene razón en la felonía de acabar una vez mas con un ceremonial arraigado en la cultura popular, los toros, sino que evidencia esa conjura de un hombre que se dice de izquierda, que llegó al poder tras su paso por la guerrilla convencido de que la boca de las pistolas nos daría el bienestar ( iluso él ), y para sentarse a gobernar o legislar enarboló la bandera del respeto a las minorías y luego nos traicionó , cerró La Santamaría y ahora quiere asestarnos un golpe introduciendo al final de un debate un articulejo que nos dejaría en principio sin las corridas en La Santamaría.

Anota Nicolas Ruiz del filosofo frances Francis Wolff : Francis Wolff, eminencia en filosofía clásica, profesor emérito de l’École Normale Supérieure de París, ha escrito decenas de libros que están en el centro de la conversación actual sobre el pensamiento aristotélico. Ahora, en los años en que deja la profesión de maestro para dedicarse, en pleno, a ser filósofo, su mirada se ha tornado hacia dos pasiones: la música y la fiesta brava. Como él mismo dice, una de estas pasiones es universalmente aceptada… la otra es vergonzosa. ¿Quién puede defender hoy en día las corridas de toros? ¿Quién puede hacerlo, orgulloso, frente a las acusaciones de sadismo, brutalidad y tortura?

Wolff, repito, no quiere polemizar. Su postura no alimenta el intercambio de gritos o descalificaciones, sino la tolerancia. La idea que porta como bandera es la de “darle sentido a una forma irracional de arte”. Así, busca argumentar su pasión por los toros, tratar de explicarla, acercarla a conceptos comunes para debatir con aquellos que fervientemente la rechazan.

Y es contundente : “Todas las manifestaciones culturales están destinadas a morir porque son humanas”, me dice Wolff. “Pero si hay una prohibición cuando todavía hay interés por parte de los aficionados, del público, de los toros —que existen, viven y necesitan expresarse—, de los toreros, hay un asesinato cultural. Como siempre, los que cometen asesinatos son personas bien intencionadas, generosas, que piensan tener el bien de su lado. No creo que detrás de esta generosidad solamente exista el deseo del bien, porque pienso que hay un peligro detrás de la generosidad. Desconfío mucho de las personas que hablan de un ‘bien absoluto’: las grandes catástrofes del siglo XX se hicieron en nombre del ‘bien absoluto’.”

“Es lo mío”, me dice. “Si llego a un país y hay corridas de toros, tengo que verlas”. Le sorprenden, sin embargo, las corridas de toros en nuestro país: “Aquí no siento el espíritu trágico de las corridas de Sevilla: ustedes están demasiado cercanos a la muerte como para entenderla como tragedia. En México, la corrida es una fiesta.”

En esta defensa de las corridas se mezclan también los argumentos que alguna vez enarboló Javier Marías: la desaparición de las corridas de toros supone la desaparición de una especie animal. Este argumento es de los más polémicos en la discusión antitaurina. Lo cierto es que nuestra relación con los animales ha cambiado. “En este mundo moderno podemos aceptar que maten a un animal tras muros cerrados, después de vivir una vida indigna, sin conocer la luz del sol y llenos de hormonas”, me explica, “pero parece crueldad dejar vivir a un animal en campos abiertos durante cuatro años y darle la oportunidad de defenderse y morir de pie en un ruedo. La crueldad sanitizada de los mataderos siempre me pareció mucho peor que la gesta de la fiesta brava. Nadie tiene el derecho de dar la muerte a un animal sin jugarse en ello su propia vida.”

“El caballo está desapareciendo porque ha perdido todas sus funciones: función guerrera, función de transporte, función de cultivo y función alimentaria”, explica Wolff. “Las asociaciones de defensa de los animales en el siglo XIX luchaban porque se comiera caballo, porque era la única manera de preservar esa raza. Y, sobre todo, para que sobreviviera en buenas condiciones, porque un caballo malnutrido estaba a la merced de cocheros despiadados. Entonces, las asociaciones proteccionistas luchaban porque se comiera caballo. Hoy, las asociaciones de protección animal luchan porque no se coma caballo. El caballo va a desaparecer: ya no tiene funciones. Como no puede ser un animal doméstico, como no lo podemos meter en nuestra cama como un gatito o un perrito, va a desaparecer. Y es lo mismo con el toro: si el toro pierde sus funciones, va a desaparecer.”

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