Un perfil de "Perla " Ruiz que saliò del coma inducido

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Sócrates, el padre de una época dorada de la filosofía, fue considerado en Grecia como un sabio, aun cuando nunca se encontró un escrito de él y todo lo que conocemos de su pensamiento lo conocemos gracias a su discípulo Platón. En la apología a Sócrates, Platón nos cuenta que Sócrates (su maestro), fue considerado un delincuente y condenado al exilio o la muerte. Él escogió la muerte por su propia mano, ya que luego de una amplia discusión en su defensa, respaldó su actuar en el pensamiento y la acción: había acogido su pensamiento –que era correcto- como forma de vida.

Esa decisión de vida de asumir el pensamiento –o el sentimiento- como forma de vida, es lo que lleva a una persona a llegar a la categoría de maestro, en tanto su tiempo está destinado a eso que piensa y siente. Conozco al matador Guillermo Perlaruiz, hace más de 20 años. Desde que tengo uso de conciencia ha sido un hombre con altos valores morales en su trato hacia mí y mi familia. Pero desde el año 2009, he tenido la oportunidad de compartir gran parte de mi tiempo con él y a partir de ello, acercarme a la esencia del hombre y del torero, por lo que ha dado su vida.

En ese momento, en la intimidad del entrenamiento; en el dialogo constante, extenso y sincero, fui aprendiendo de él algo muy importante: lo que enseña el toreo. Aprendí que no solamente se enseña y aprende las pericias técnicas –el parar, templar, mandar y si hay valor cargar la suerte-, sino algo fundamental, altos valores morales. Del matador –como lo he llamado desde que tengo uso de razón- aprendí a respetar el esfuerzo de los otros y sus logros; aun cuando las condiciones no estuvieran dadas, aprendí el valor de la disciplina para conseguir un objetivo, rendirse nunca era una opción; aprendí que había que torear mucho de salón, porque ahí no solamente se corrige, sino que se disfruta, y lo mismo en la vida, había que hacer muy bien todo lo que se hiciera y disfrutándolo mucho; aprendí a valorar los detalles de los toreros artistas, lo que en la vida fuera de los ruedos se traduce en valorar las cosas sencillas como esenciales: una conversación; un abrazo; un atardecer; un pensamiento; una caricia –termino que usa el matador con frecuencia para referirse al toreo, “el toreo debe ser una caricia”-; el gran valor de la amistad sincera; un atardecer; un amanecer; la sinceridad; la verdad, y lo que de ella deviene, el amor. Lo que para muchos es inocuo, pero que realmente es fundamental, aprendí a valorarlo de él.

En el toreo, hay muchas cosas que la intimidad no permite que las mayorías conozcan, valores estéticos y morales que gozan de urgencia hoy, pero con hombres como él, que tienen la disposición para enseñarlos, siguen existiendo. Su maestría desde mi perspectiva, radica en dos decisiones: acoger el toreo como una forma de vida y que en esa forma de vida transmita lo que va más allá de la técnica de de torear. Guillermo Perlaruiz es un maestro para mi, un pilar del fundamental de mi vida, no solo porque me recibió en su casa, me hizo parte de su familia, me obsequió su tiempo, sino porque me enseño el camino más duro: el de ser una buena persona. Estas líneas de un aprendiz de filósofo que se quedó en el camino del querer ser torero, son un reconocimiento profundo al hombre que da su vida por lo que ama. ¿Amar hoy con sinceridad ? Si, el maestro, ama su profesión, por eso ha dado su vida por ella, y en ese proceso, muchos hemos bebido de sus enseñanzas. Gracias, mil veces gracias, mis mejores deseos hoy y siempre, ¡Maestro!.

( autor Francisco Gomez )

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