Tauromaquia.Alcalino.- Del Zapata y otros temas mexicanos

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En cuanto febrero asoma la cresta, la actividad taurina del país se intensifica. Siempre fue así, con la apertura simultánea de múltiples frentes, la capital como epicentro y numerosas ferias de prosapia en el Bajío y el occidente del país. Y mención muy especial para el sureste yucateco, donde la afición, lejos de decaer, se acrecienta, mientras el eje Jalisco-Aguascalientes-Guanajuato mantiene alta la temperatura taurina de la república.

El último jalón.

En la México, el tercio final de la temporada no ha conseguido, por ahora, mover la taquilla como sería de desear. Y el encierro de Vistahermosa para el mano a mano Ventura-Gamero funcionó bastante mejor que la colección de post toros de lidia despachada por Villacarmela como materia prima para el festejo número 14. Los rejoneado res salieron a oreja por barba, y no obstante fue notoria la diferencia entre ambos en materia de cuadra, sitio y tablas. La gente lo presintió y produjo una de las entradas más pobres del presente invierno.

De la terna del domingo 26 destacó la segunda faena de Antonio Ferrera, confortablemente instalado en una mezcla de El Pana –en lo aparatoso de cites, salidas y encorvamientos-- y Ponce –en el abuso de pico y una mayor cercanía a la grupa que a la cuna de mortecinos bureles--. Combinación tan efectiva como efectista, con la que el ibicenco animó la función cuando ésta enazaba con derivar en siesta colectiva, a tono con el comportamiento del descastado encierro de Villacarmela, y sin que “Pikis”, ese cuarto de la tarde –cara alta, embestida corta aunque obediente, ningún celo por los engaños--, se apartara gran cosa de dicha pauta. El aficionado hubiera preferido ver al Ferrera erguido y templado de la faena a “Abuelo” de Santa Bárbara, en la temporada anterior (09.12.18), más que al del también desorejado “Luna Llena” de Villacarmela (27.01.19), con el que Ferrera marcó el principio de esa nueva táctica suya tan del gusto de la gente. ¿Vamos a censurarle la decisión? ¿Cabía otra cosa con semejante ganado? .

Queda en la memoria su original estocada a paso de banderillas, atacando muy desde largo y sepultando el acero en todo lo alto. Allí quedó definido el doble premio.

En esta 14ª corrida, Arturo Macías reapareció sin suerte. Al par de desabridos boyancones de su lote nadie habría podido hacerles fiestas, y él estuvo tan empeñoso que los pasó de faena y tuvo que apechugar con par de avisos. Y aunque las secuelas de su cornada madrileña de septiembre pasado lo obligaron a torear llevando una prótesis en la pierna izquierda, como la esencia de su toreo está en la quietud y el aguante, apenas se notó.

Luis David tuvo, dentro de lo deslucido del encierro, dos astados con ciertas posibilidades.

Sin estar mal no se acopló del todo con su primero, pero al cierraplaza le cuajó las tandas más completas y toreras de la tarde. No era “Caporal” ningún portento de alegría y la faena, buena, no llegó a tomar demasiado vuelo. Como sea, una oreja es poco para el bagaje real de este joven, cuya definitiva consagración capitalina continúa pendiente.

Aniversario en Mérida. Para entender la situación del presente taurino mexicano es indispensable trazar una raya entre la península de Yucatán y el resto del país. Lo que en el altiplano y el norte es preocupación, en el sureste es auge. Vean si no: el coso meridano festejaba 91 años de vida y la afición agotó el boletaje. Y vio a Andy Cartagena alzarse con las orejas de su segundo, alegre y propicio, con el que el alicantino derrochó a su vez buena monta, mucha seguridad y contagiosa alegría, además de matarlo muy bien. Los de José Julián Llaguno conformaban un sexteto con volumen y pitones a tono con la ocasión; no fue un encierro completo, pero en cada lote hubo uno que se dejó torear. El de Leo Valadez, “Rebocero”, tercero de la tarde, fue el mejor de todos y el joven lo aprovechó en lo que cabe, con entusiasmo y valor indeclinables, pero estuvo pesadísimo con la espada.

A todo esto, la plaza, engalanada de por sí para la ocasión, lo estaba aún más porque aficionadas y aficionados vestían atuendos típicos, y hasta los monosabios salieron de blanco inmaculado, con guayabera y sombrero de palma estilo Yucatán.

¡Viva Zapata! Mérida le tiene a Uriel Moreno un afecto muy especial, conquistado mediante épicas demostraciones de su personal torería. Pero ninguna como la de esta corrida de aniversario. Nada le había permitido su primero, que se vino abajo verticalmente, y salió dispuesto a comerse al quinto. Desde la larga cambiada de hinojos, repetida con seguridad y gallardía, pasando la severidad de su recia verónica y un tercio de quites adornado y original. Y cuando tomó banderillas, la plaza materialmente estalló.

Sin contar con que, al intentar su famoso par monumental, el de José Julián iba a empitonarlo y lo tuvo a su merced en el aire y en el piso durante unos segundos eternos.

Se levantó maltrecho, la taleguilla en girones y virtualmente noqueado. A la espera,pidiendo pelea, estaba un animal enrazado y entero. La faena mantuvo en vilo a la multitud a medida que la entrega del diestro magnificaba el riesgo y su poderosa muleta doblegaba la bravura del bicho, para internarse en el territorio del temple y la largueza. Si llega a asegurarlo con la espada, faena de rabo. Aun así hubo petición insistente, vueltas al ruedo entre un delirio y repetidos gritos de ¡Viva Zapata!, que en Mérida están pasando de costumbre a tradición.

En León:

Mauricio, Luis David y Sergio. También la feria leonesa alcanzó su punto culminante esta semana, y para empezar José Mauricio, el domingo 26, cortó su primer rabo de 2020. Fue con un toro de obsequio de Villacarmela cuyo cadáver circundó la barrera en premio a su nobleza. El capitalino había ido de menos a más: ovación en su primero, petición en el quinto y faenón de rabo son el octavo. Para entonces, Castella ya había regalado un séptimo –de De la Mora, como el resto del encierro--, sin conseguir levantar una tarde de buen toreo y pésimo empleo de las espadas, con dos avisos antes de finiquitar al sobrero. En cambio, Joselito Adame supo rematar con acierto dos faenas toreras y salió a oreja por toro, con ganado lindante en la sosería.

El viernes 31, la tarde fue de Luis David, autor con el cierraplaza de una faena larga y templada, a tono con la bravura de un burel premiado con la vuelta al ruedo, que fue la perla negra de un encierro encastado y correoso de José María Arturo Huerta, al que igualmente le plantó cara un Arturo Saldívar decidido y torero, galardonado con la oreja de su primero, en tanto Pablo Hermoso cosechaba par de ovaciones al término de dos actuaciones de tono menor.

Y el sábado, salieron en hombros Sergio Flores –con el rabo del sexto, al que bordó—y Guillermo Hermoso, que desorejó al que abría plaza. El Galo se justificó tumbándole un apéndice al último, y Enrique Ponce dio vuelta tras despachar al cuarto de lidia ordinaria.

La Chona.

La plaza “La Macarena”, de Encarnación de Díaz, suele llevarse la palma en cuanto a la categoría de los carteles de su tradicional corrida del 1 de febrero. Ni siquiera la baja a última hora de Diego Ventura afectó el entusiasmo de la afición local y los visitantes hidrocálidos, pero el clima desapacible hizo que la plaza no se llenara. El encierro de Begoña, muy bien presentado, tuvo un par de toros propicios, sobresaliendo el séptimo. Emiliano Gamero, ocupando la plaza vacante de Diego Ventura, estuvo bien.

Y mejor aún Antonio Ferrera, que anduvo muy a gusto con su primero y le cortó la oreja.

Vino luego un largo interregno en el que destaca la valerosa faena de Leo Valadez al tercero, del que perdió apéndices por pinchar. Y, por fin, un cierraplaza a modo para que Luis David prolongara la racha feliz en que se encuentra embarcado: faena pletórica la suya, estoconazo y dos orejas a la espuerta, más la consiguiente salida en hombros.

Estoque de Oro.

Menos mal que se revive un festejo que fue tradicional en otras épocas y se había perdido. Para la disputa del áureo trofeo está puesto en principio Antonio Ferrera y yo agregaría nombres como los de Arturo Saldívar, José María Hermosillo, Juan Pablo Sánchez o Leo Valadez. Y para ponerle picante internacional al caldo, los de Castella y Ginés Marín. Sin la suerte de cara, todos ellos hicieron méritos durante la temporada.

Super Bowl.

Nuevamente, las empresas de toros rehuyeron la competencia anual con el ejercicio de fuerza bruta llamado futbol americano. Uno calcula que habría bastado con la décima parte de la propaganda que le dispensan los medios nacionales al cotizado festejo gringo para convocar a la afición taurina, mediante carteles combinados con imaginación y a precios razonables. Pero estamos en tiempos de franco repliegue. Mala cosa ésta.

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