TAUROMAQUIA. Alcalino.- Rejoneadores en la Plaza México

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La tauromaquia, de ahí su grandeza, ofrece de repente sucesos que, más allá de toda ponderación, sacuden, subyugan, derraman arte, regalan vida. Y la temporada capitalina, nada más comenzar, nos reservaba uno de ellos. Fue en la corrida inaugural y llegó con el rejoneador portugués Diego Ventura y la inacabable y alegre bravura de un hermosísimo jabonero llamado “Fantasma”, criado en los potreros de Enrique Fraga y que acabó por ser indultado mientras la extasiada multitud levitaba por confines alejados del cemento de la Plaza México y de todo lo terrenal, todavía bajo el embeleso de esa sucesión de fugaces maravillas que fue la faena de Ventura y su prodigiosa cuadra, genuina culminación de una escuela muy suya, que ha llevado a una escala superior a todo lo conocido los grados de doma, precisión, ajuste, innovación y riesgo que puedan caber en el toreo a caballo.

La consagración del centauro lusitano –que la publicrónica se empeña en presentarnos como español—tendría a los pocos días un segundo capítulo, más modesto en sus alcances pero igual de convincente: fue en la corrida de rejones con que la empresa encabezada por Pedro Haces festejó el XXX aniversario de El Relicario. En esta ocasión, además, tuvo Ventura el rasgo de anunciarse en terna con sus colegas mexicanos Jorge Hernández Gárate y Emiliano Gamero, rompiendo con la costumbre, instaurada por Pablo Hermoso de Mendoza y seguida aquí por sus pares europeos, de negarse a participar en festejos de sólo rejoneadores, con marcado desdén hacia los numerosos toreros de a caballo nacionales, que jamás supieron lo que era alternar con el cotizado divo de Navarra. Hasta en ese detalle la aportación del portugués merece encomio.

Pero una vez situada en su justa trascendencia la proyección del arte del rejoneo en las manos y espuelas de Diego Ventura, parece oportuno rememorar, aunque sea muy someramente, lo que ha sido el paso de los numerosos rejoneadores mexicanos y extranjeros que han cabalgado sobre la arena de Insurgentes.

Centauros en la México. No alcancé a ver a Alvaro Domecq y Díez ni a Juan Cañedo (Hugo Olvera). Menos aún a Conchita Cintrón en su única comparecencia en la Monumental (24.04.49) ni a Mauricio Locken Izaguirre en la suya, acordada a última hora bajo presión de las uniones de matadores y subalternos para “emparejar” una terna de dos españoles, El Viti y Joaquín Bernadó, y un solo mexicano, Antonio del Olivar (20.01.63). Sí, en cambio, al buen y elegante équite potosino Gastón Santos, de dilatada trayectoria, como lo fue también la de Pedro Luceiro padre –ataviado como Gastón a la usanza portuguesa—, que siendo paisano de Vasco de Gama se estableció en México hasta su fallecimiento. Constituyeron todos ellos la avanzada de innumerables cultores del rejoneo que vería la monumental cazuela, incluidos jinetes de hasta tres generaciones como los Santos (Rodrigo y Gastón II), o sucesivos Jorges Hernández (Espinosa, Andrés y Gárate de segundo apellido y asimismo potosinos), cosa que no ocurrió con los regiomontanos hermanos Zambrano, de los que cuales solamente Evaristo llegó a actuar en la capital; sí lo hicieron, de dinastías andaluzas, los Fermín Bohórquez padre e hijo, sin pena ni gloria, y de los Peralta solamente Ángel –que impresionó de entrada y a la larga aburrió-- pues su hermano Rafael se limitó a partir plaza, desistiendo de actuar debido al lodazal resultante de inoportuno aguacero (01.03.70). Hay que lamentar, eso sí, lo poco que se dejó ver el gran Joao Moura, en una sola temporada y con la suerte de espaldas en sus tres presentaciones, aunque en la última logró arrancar una oreja, triunfo compartido con el mexicano Gerardo Trueba (07.03.82), que durante década y media cargó con la responsabilidad de representante máximo del rejoneo de nuestro país.

Cuando con el discurrir de los años ochenta creció la baraja de rejoneadores nacionales, pudimos aplaudir lo mismo a la rubia Karla Sánchez que a su hermano Octavio, mención la de ella que inevitablemente remite a las destrezas ecuestres de Juanita Aparicio en los años cincuenta –charra-torera de tanta clase como valor—, triunfalmente expuestos en los mismos tempranos 50 en que conocimos, también en temporada chica, a la rejoneadora norteamericana Georgina Knowles; y poco después a los niños Graciela y Arturo Ruiz Loredo, buenos charros ambos, de los cuales el segundo llegaría a matador de toros, con alternativa confirmada en México y en Madrid.

Entre las damas rejoneadoras sobresale la figura de la francesa María Sara, paisana de la cual era Julia Calviere, rigurosamente inédita debido a la conmoción que le provocó la caída en la que perdió por cornada al bonito tordillo “Tango” (13.11.05).
Corridas de rejones. La primera que se dio en la Monumental fue el 24 de marzo de 1985 con toros de Rancho Seco, y en ella tomó su alternativa –otra novedad aquí-- el infortunado Eduardo Funtanet, una de las tres víctimas mortales que registra en su historia el actual coso capitalino: se la otorgó Pedro Luceiro padre y alternaron con ellos Jorge Hernández Andrés y Gerardo Trueba, que fue el triunfador; también se estrenó esa tarde la modalidad de la lidia por colleras en los toros quinto y sexto, repetida al año siguiente en la triunfal alternativa de Luis Covalles, pues le cortó las orejas al de la ceremonia, “Graduado”, de Eduardo Funtanet, quien comparecía en su doble papel de rejoneador y ganadero, con Trueba y José María Fuentes completando cuarteta. Y aun hubo otro confirmante en corrida de rejones: Rodrigo Santos, de manos de Hernández Andrés y con el toro “Girón” de José Antonio González (18.03.90: Fuentes fue avisado y Trueba dio una vuelta al ruedo). Buenas actuaciones y otras no tanto informan la actividad por esos años de Ramón Serrano, con alternativa en Portugal, asimismo ganadero y que encabezaría el cartel de la corrida con que se festejó el cincuentenario del coso de Mixcoac (05.02.96), el cual conoció también las apreciables dotes como rejoneador del también matador y actual ganadero Enrique Fraga. Y, con todo pesar, habrá que hacer mención del trágico accidente en que el joven Eduardo Funtanet perdió la vida, ocasionado por el cárdeno “Recuerdo” de Cerro Viejo el 16 de marzo de 1997.

Y luego de casi dos décadas hubo hace poco otra corrida de rejones, en la que Rodrigo Santos tuvo triunfal despedida alternando con Hernández Gárate y Emiliano Gamero, que también cortó oreja (18.12.16).

Palabras mayores. Pero los centauros autores de auténticas hazañas en la Plaza México no son tantos. Y de Pablo Hermoso de Mendoza –que dio un nuevo aire al rejoneo y es quien mayor número de actuaciones suma en Insurgentes… y en el resto del país—habrá que decir que en una veintena de actuaciones ha cortado los rabos de “Preferido” de Teófilo (05.02.2000), “Santorini” de Montecristo (29.0.06), y “Conín” (29.01.09) y “Tejocote” (21.02.16), ambos de Los Encinos, bastante protestados los dos últimos, al fin cencedidos por el muy dadivoso Jorge Ramos. No lo fue, en cambio, el primer rabo otorgado en la México a un rejoneador, que muy por el contrario paseó Carlos Arruza en medio de un verdadero delirio. Como que había transformado la mansedumbre del rajado y remiso “Gavilán”, un Tequisquiapan de cuerna veleta –mínimamente “tocada”--, que embestía a arreones y al que el Ciclón le hizo a caballo una lidia hipnótica, antes de bordarlo en breve faena de muleta (23.01.66). Y a los quince días repetía la hazaña, desorejando por partida doble a “Peregrino” de Reyes Huerta, con el que volvió a sentar cátedra de toreo a caballo y a pie, amén de estoqueador impar. Desgraciadamente, la muerte lo asechaba y lo sorpendió una lluviosa tarde de viernes, en la carretera México-Toluca (20.05.66).

Pero el primer par de orejas concedidas a un rejoneador en la Plaza México los había paseado Alvaro Domecq Romero por su brillante y completísima aactuación con el cárdeno “Trapero” de Piedras Negras, toro de vuelta al ruedo (02.02.64), lidiado además en puntas, según acostumbraba en su primera época el centauro andaluz, detalle registrado en esta saladísima sevillana: “Álvaro Domecq Romero, caballero de Jerez / el que nunca afeita al “barbas” / aunque se enfade Gillette”. Domecq, que a punto estuvo de repetir la hazaña el 16 del mismo mes, a favor de la alegre nobleza de otro piedrinegrino de lujo (“Fundador”, premiado con arrastre lento), volvería a la México en 1979, más asentado y señor si cabe, aunque la suerte no le favoreció con los rejones de muerte.

El resto es historia reciente. Y cuenta con dos capítulos estelares en los indultos de “Fantasma” de Enrique Fraga, el de la histórica faena de Diego Ventura (11.11.18), y “Copo de Nieve” de Reyes Huerta, con el que triunfó con fuerza el excelente rejoneador alicantino Andy Cartagena (11.02.18), quien, como el luso Ventura, está haciendo en ruedos mexicanos una campaña sembrada de triunfos.

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