TAUROMAQUIA. Alcalino.- La temporada de Europa y los toreros de América

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La campaña de 2019 empezó en España a tambor batiente. Olivenza, Illescas y Valencia son ferias –con la de Castellón, esta vez tardía, e incluso la muy temprana de Valdemorillo-- que tradicionalmente se anticipan a la llegada de la primavera. Y no bien rompieron el hielo, sus puertas grandes les empezaron a abrir paso a los primeros triunfadores. ¿Cuentas alegres? Es muy posible, aunque un toque de optimismo precoz no tiene por qué ser mal visto. Son plazas de tono festivo y el entusiasmo estuvo impreso siempre en su carácter, sin afectar por ello su importancia como primeros puertos del año, sobre todo si hablamos del coso valenciano. Donde, por cierto, la nota discordante la daría la grave lesión rotular de Enrique Ponce, demostración de que ni un consumado maestro se encuentra a salvo en cuanto los clarines hacen vibran los aires de una nueva temporada. El torero de Chiva pagó un precio muy alto por su manía de prolongar las faenas exhaustivamente: el toro de Olga Jiménez, noble pero agotado, no le perdonó una duda, con enmienda inoportuna al canto, cuando engendraba un pase de pecho zurdo, y tras la voltereta –cornada leve en el muslo izquierdo—la caída le costó ruptura del ligamento cruzado de la rodilla (18.03.19). Le espera ahora una prolongada convalecencia.

Mucho toro bueno. Sin que fuese precisamente una sorpresa, ha sido grato constatar que un considerable porcentaje de ejemplares ofrecieron muchas posibilidades al toreo. Sobresale desde luego el “Horroroso” de Jandilla, desorejado por Castella en Fallas, que tuvo petición de indulto. Pero hubo varios más. Predominantemente astados cuyas buenas hechuras ya cantaban halagüeñas posibilidades. Influyó, claro, el que estuviesen destinados a cosos generalmente libres de manías persecutorias –aunque nunca falten un veterinario puntilloso y un ganadero quejumbroso—, lugares a los que los toreros también acuden a gusto, sabiéndose esperados y sin trabas a la hora de las recompensas. Hasta los cronistas, desperezándose apenas del forzado ayuno invernal, suenan más amables de lo ordinario, aunque, eso sí, sus mayores y mejores referencias estén jugadas en favor de la torería hispana y en detrimento de los diestros de extrafronteras. Y no faltan jueces dispuestos a actuar en el mismo sentido. Arbitraje localista, que diría el futbolero. Historia conocida, que tiende a reproducirse y perpetuarse.
Esta vez, el primero en comprobarlo ha sido el hidrocálido Luis David Adame.

Con todo y con todos puede Roca Rey. El limeño sigue desatado. Será porque, en su caso, no se trata de una condición pasajera sino intrínseca. La respuesta de la crítica, desigual. Abiertamente, nadie se atreve a negarlo; veladamente, le siguen poniendo ciertos peros. Con bastante tiento, eso sí. Imposible una oposición frontal al mayor llenaplazas de la actualidad, al más constante en el triunfo, al que lo intenta todo con cuanto bicho sortea. Uno de esos tipos excepcionales que saben que con total certeza lo que saben, quieren y pueden. Y es claro que Roca Rey asume el alto precio y los evidentes riesgos de esa entrega sin límites. Para bien o para mal.

En plan de no perdonar tarde, el peruano alcanzó su victoria más sonada el 15 de marzo en la feria de Fallas, al sumar tres orejas de sus astados de Victoriano del Río (3º ) y Toros de Cortés (5º ); esa irregularidad en los turnos se debió a que Jesús Chover tomó la alternativa de manos de El Juli, en tarde que fue toda del peruano, tanto con al negro “Maleada” –oreja tras dos avisos—como con “Jaro”, el burraco de los dos apéndices. Venía Andrés de cuajar golosa y memorablemente --el sábado 9, en Illescas-- a un terciado ejemplar de José Vázquez de larga duración y con un pitón derecho de fábula; en la última parte de su enorme trasteo se empeñó en torearlo por naturales –el lado malo-- y terminó por conseguir por ahí la tanda en redondo más lenta y prolongada del día. Era faena de rabo, que por pura falta de costumbre no le otorgó el burócrata del palco, limitándose a los dos auriculares de rigor. Morante y Castella se conformaron con una oreja por coleta.

Al día siguiente –domingo 10—partía plaza en Olivenza, para encontrarse con un lote de Daniel Ruiz que le puso todo muy difícil, pues lo propicio del encierro se lo llevaron Morante de la Puebla (una oreja) y Ginés Marín (dos). De modo que el Sol de Perú salió, en el quinto, dispuesto a dejarse la piel con tal de no quedarse atrás. Lo logró, naturalmente. Deslucido y calamochero el astado, reservón de los que miran de reojo, tuvo que someterse a la mandona muleta de Andrés y terminó rendido a la evidencia. Como el público oliventino, que celebró con estentóreos rugidos las barbaridades que iba desgranando aquella figura revestida de burdeos y oro. Hasta una voltereta se dejó dar el torerazo nacido en Lima con tal de asegurar el triunfo, estoconazo incluido. Por eso salió en hombros junto con Ginés. Y listo para ligar en Valencia su tercera puerta grande consecutiva de este apoteósico arranque de campaña.
Le esperan ahora a Roca Rey tres fechas en la feria de Sevilla y otras tantas en Madrid. Tardes, como todo mundo sabe, de lleno seguro.

Luis David. Llegó a España como triunfador absoluto de la feria de Ambato –de las localidades de Ecuador donde no están prohibidas las corridas a muerte-- y suya fue la mayor cosecha de orejas en Olivenza, donde acompañaron su salida en hombros del viernes 8 José Garrido y Toñete, a par de apéndices por coleta contra los tres para del paisano. La corrida de Joselito, de rechupete, con vuelta póstuma al quinto.

Pero en Valencia le esperaba a Luis David una sorpresa desagradable de cara al palco de la autoridad. Su primera faena del día 13, con un Alcurrucén bravo y noble sin exageración, fue la mejor estructurada y uniformemente templada de una tarde en que el único trofeo sería para el sevillano Pablo Aguado, cuyo fino concepto remite a los años gloriosos de la tauromaquia del XX, sin que su faena alcanzara la redondez que sí tuvo la de Luis David, que además la remató de soberbia estocada recibiendo. Negada la oreja, de nada sirvió que el público le armara al presidente un buen jaleo. Y tampoco arregló su tarde el de Aguascalientes mostrándose igual de fresco y puesto ante su segundo, al que dominó y corrió la mano espléndidamente pero no mató pronto. En ambos saludó desde el tercio. Para peor, a la hora del reparto de elogios, la crítica casi ignoró su caso, y no faltaron quienes dieran la razón no al noble público de Valencia sino a su riguroso juez de plaza. Rigor que no volvió a aparecer por ningún lado a la hora de premiar a otros toreros. Como veremos enseguida ese torcido proceder se parece al de las empresas peninsulares.

En Sevilla, donde se presenta, Luis David está en un único cartel, el del domingo 28, al lado de Luis Bolívar y Rafael Serna con ganado de la Palmosilla. Ocho días antes, la tradicional de Resurrección acogerá a Roca Rey a todo lujo, con El Juli, Manzanares y toros de Victoriano del Río. El limeño tiene tres fechas en la feria: el viernes 3 de mayo repite con José María para despachar, con Castella, los de Núñez del Cuvillo, y el viernes 10 va con dos andaluces, Morante y Pablo Aguado y reses de Jandilla. Otro peruano, Joaquín Galdós, se presenta en la Maestranza en una terna modesta, al estilo de la de Luis David, aunque el encierro de Torrestrella que matará alternando con José Garrido y Alfonso Canaval suena más prometedor que el de La Palmosilla destinado al nuestro.

San Isidro. Con su bulla acostumbrada anunció Simón Casas la versión 2019 de la isidrada. Su carácter internacional es indudable, por eso llama la atención que Joselito Adame tenga, como cualquier segundón, una sola fecha, que ni de lejos figura entre las mejores --17 de mayo, con Román, Álvaro Lorenzo y toros de Joselito (El Tajo y La Reina)--. Luis David sí figura en dos interesantes combinaciones, el sábado 18 con Ginés Marín y Pablo Aguado, reses de Montalvo, y el 1 de junio, otro sábado, para despachar con Antonio Ferrera y Curro Díaz la corrida de Zalduendo.

Hay un mexicano más en la cartelera, el novillero yucateco-francés André Lagravere “El Galo”, que con utreros de La Quinta comparecerá el lunes 27 al lado de Antonio Jiménez y Francisco de Manuel. Todo esto en una feria a la que acudirán dos peruanos –por una tarde Joaquín Galdós y por tres Roca Rey, que según designio del bombo se la jugará con los de Adolfo Martín--, el colombiano Sebastián Ritter y, entre los europeos no españoles, tres cavalheiros portugueses –más sus paisanos Diego Ventura y el novillero Juanito—y los matadores nacidos en Francia Tomás Defau, Juan Leal y Sebastián Castella --anunciados para una corrida los dos primeros y en tres, a todo lujo, el Gallo de Béziers--, además de la rejoneadora nimeña Lea Vicens, en disparatado mano a mano con Hermoso de Mendoza.
Y en esa feria tan esmeradamente internacional, una sola corrida, y no de las mejores, para Joselito Adame. Ver para creer.

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