TAUROMAQUIA. Alcalino.- La faena de “Armillita” a “Clavelito” y otras historias

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Existen discrepancias sobre los apéndices que autorizó quien presidía la corrida del 29 de julio de 1934 en Barcelona para premiar la faena de Fermín Espinosa “Armillita” al toro “Clavelito” de Justo Puente. Sus biógrafos más conocidos hablan de las dos orejas, el rabo, las cuatro patas y, adicionalmente, las criadillas del extraordinario ejemplar colmenareño. Las crónicas que tengo a la vista solamente mencionan una pata. Ambas versiones, aparentemente contradictorias, tienen visos de certeza. Dos años después, en El Toreo de la Condesa, el avispado Juan Espinosa le cortó a “Pardito” de San Mateo una pezuña no concedida por el juez, pero que Fermín paseó entre aclamaciones y lluvia de prendas. No sería raro que en Barcelona hubiera ocurrido algo similar, con la referida e inabarcable ristra de apéndices en manos de sus banderilleros Juan y Zenaido Espinosa y Fernando Cepeda. El propio Fermín avalaba, sin mucho ruido, según era habitual en él, la versión de las cuatro patas y los genitales de “Clavelito”. A saber…

Lo que nadie discute es la grandeza sin paralelo de aquel faenón. De un festejo en que Juan Belmonte no tuvo toros propicios y Marcial Lalanda había cortado ya una pata al segundo de la tarde, los cronistas, sin escatimar elogios al triunfo del de Vaciamadrid, acusan diferencias favorables a Fermín dignas de ser tomadas en cuenta al retrotraernos a una de esas tardes en que el arte de torear adquiere dimensiones irreales.

“Belmonte vuelve a encontrar a Joselito”. Así tituló su crónica “Trincherilla”, cronista del semanario La Fiesta Brava, que se editaba en la capital catalana. Vale la pena repasar sus conceptos, de calidad literaria muy discutible pero dotados de un aliento que transmite eficazmente la frescura y la emotividad del momento:

“Como en aquellos gloriosos tiempos que parecían idos para no volver, el público salió el domingo de la plaza enardecido por el entusiasmo. Había ido a ver a Belmonte y se encontró con la sorpresa de que a éste le daba la réplica Joselito. !Sí, Joselito! Porque, si hemos de creer en la transmigración de las almas, el domingo, el espíritu del coloso de Gelves estuvo encarnado en Marcial y sobre todo en Armillita. Los dos hicieron el milagro de dar aliento a la potencia artística de "Aquél ", y las campanas de la gloria repicaron jubilosamente, elevando al cielo sus sonidos entre clamores de entusiasmo… (La Fiesta Brava, semanario. Barcelona, 3 de agosto de 1934).

Juan y Marcial. De la gran faena de Lalanda al segundo destaca el mismo revistero un inicio con ambas rodillas en tierra que enardeció al público; la serie al natural más extensa de Marcial constó de cinco muletazos ligados, y un desarme sufrido lo borró con lucidos adornos y muestras de dominio; la estocada tuvo que refrendarla con un golpe de verduguillo. De Juan Belmonte apunta que le correspondió el lote menos propicio y encontró cierta oposición en un sector del público. Al final se impuso la mayoría y a la muerte de ambos lo llamaron a saludar sendas ovaciones. “…aparte su egregia significación, Belmonte trae a la Fiesta en este su venturoso retorno a los ruedos la virtud de obrar como reactivo entre los toreros que con él actúan.”, concluye.

Fermín con “Clavelito”, sexto de la tarde. “Como Lalanda, Armillita saboreó las mieles del triunfo y llevó a los tendidos la emoción de su arte excelso. La faena llevada a cabo con el que cerró plaza fué (sic) algo de tanta grandiosidad que no hay pluma que pueda reflejarla. No es posible hacer más de lo que hizo este enormísimo lidiador mejicano, el mejor que ha salido de la patria de Moctezuma. Para dar una pobre idea de lo que fué (sic) aquel "monstruoso" faenón necesitaríamos todo el periódico. Y aún quedaríamos cortos.
Inició éste con ocho naturales grandiosos, y seguidamente vino una borrachera de arte en un muleteo copioso, en el que desgranó toda la gama del toreo, bordando, así, bordando, todos los pases conocidos y otros debidos a su inspiración. Porque Armillita, tocado de la divina gracia creadora, nos sorprendió con improvisaciones de una belleza deslumbradora. No es posible hacer más. Ni mejor hecho. Toda la faena tuvo esa suprema virtud de la ponderación. Toda estuvo prendida por el hilo invisible del acierto, sin que por ello hubiera un solo muletazo que quebrara la armonía del conjunto… iQué fácil es el toreo para este asombroso lidiador! Ya hemos dicho que es imposible detallar; desde el básico natural hasta aquel alucinante molinete con las dos rodillas en el suelo, toda la gama del toreo de muleta tuvo en Armillita un intérprete genial. No hay que decir que la locura invadió los tendidos y que al rubricar su magnífica hazaña con un soberbio estoconazo que hizo rodar al toro, el público se echó al ruedo, cargó con el mejicano, lo paseó por el ruedo y entre vítores y aclamaciones lo sacó a la calle y en triunfo lo llevó camino del hotel, mientras la presidencia le concedía las orejas, el rabo y una pata del toro tan magistralmente lidiado. Antes se había hecho ovacionar Armillita en su primer toro… y con el capote se portó muy lucidamente haciendo quites torerísimos y veroniqueando de manera colosal, particularmente al toro último, al que le clavó también dos buenos pares de banderillas. Otra tarde triunfal para Armillita, el mejor torero que ha salido de Méjico con permiso de Gaona… Terciada la corrida de Puente y en general buena para el torero, pues si bien hicieron una pelea desigual en varas a la muleta llegaron en buenas condiciones Los peores los de Belmonte… Superior la entrada. La mejor del año. Lleno aparente. El cartel tenía mucha fuerza. Toreó Belmonte y se encontró con Joselito.” (ídem).

En el libro “El secreto de Armillita”, un autor contemporáneo como José Carlos Arévalo dedica a la faena de “Clavelito” extensa descripción y jugosas reflexiones, de las que destaco la siguiente: “… Para la fiesta hay un antes y un después, en el que esta faena parte en dos la historia del arte muletero.” (Arévalo, José Carlos. El secreto de Armillita. Edit, Fundación Marrón. México 2008. p 159).

Garza y El Soldado. Por una increíble coincidencia, a la misma hora en que Armilla hacía pasar a la inmortalidad su nombre y el de “Clavelito” sobre la arena de la Monumental de Barcelona, en Madrid, en la vieja plaza de la Carretera de Aragón, el triunfo de dos novilleros mexicanos desataba pasiones inesperadas. El primero de Torre Abad había mandado a la enfermería al madrileño Cecilio Barral –de larga y modesta trayectoria—lo que dejó solos al regiomontano y al de Mixcoac con los cinco astados restantes. ¡Para qué! Fue la tarde en que, si Luis hacía la suerte de matar llevando un pañuelo en vez de la muleta –fue con el tercero, y la plaza entera solicitó y obtuvo para él el rabo--, en el turno siguiente, tras otra faena que puso el coso a revientacalderas, Lorenzo, a cuerpo limpio, simulando el engaño con el dorso de la mano, se arrojó sobre el morrillo para sepultar toda la espada y cobrar dos de las tres orejas que cortó ese día. Ni qué decir tiene que el paseo de ambos en hombros por las calles de Madrid duró hasta bien entrada la noche.

La sensacional pareja azteca protagonizaría dos enfrentamientos más en el primer coso de la entonces República Española, el primero con el hispano Miguel Cirujeda por medio (09.08.34) y el último en mano a mano directo (23.08.34). Un mano a mano que agotó el papel el mismo día en que se abrieron las taquillas, y que se resolvió con la puerta grande abierta de par en par por tercera vez consecutiva para aquellos dos mexicanos que estaban haciendo época, y que se tomaron su enfrentamiento tan en serio que, tras un áspero intercambio en pleno ruedo, nunca, a través del tiempo, se aceptaron como amigos y sí como rivales. Ambos le ofrecieron a Madrid la ocasión de aclamar a los dos últimos ídolos que tuvo aquel coso venerable y a punto de desaparecer. En el balance de las tres tardes Lorenzo Garza sumó ocho orejas y Luis Castro cinco y dos rabos. El empresario, que era Eduardo Pagés, se apresuró a escriturarle a Lorenzo la alternativa, tomada de manos de Juan Belmonte en Aranjuez, otra de sus plazas (05.09.34). El Soldado iba a dejarla para los inicios de la temporada siguiente, durante la feria de la Magdalena en Castellón, con Rafael El Gallo como padrino y de testigo precisamente Garza (24.03.35).

Encono y celos. Que la histórica disputa se diera entre dos jóvenes toreros mexicanos, mientras en Barcelona Fermín Espinosa le ponía las peras a veinticinco a Marcial Lalanda, explica en parte el encono que iba a estallar antes de dos años con el malhadado boicot del miedo. Fue Belmonte quien lo bautizó así, y tuvo en Lalanda a su principal instigador. .

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