TAUROMAQUIA. Alcalino.- José Tomás se sale con la suya

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No es novedad pero volvió a suceder. Como el año pasado y el anterior y el anterior al anterior. El de Galapagar es punto y aparte. Río que discurre silencioso al margen del toreo, y que cuando crece lo inunda todo. No importa que sea una sola vez al año. El algoritmo JT no admite réplica. Ocurre y ya. Por voluntad soberana del autor, descubridor, creador, inventor de una fórmula inédita que –a él y sólo a él-- le funciona infaliblemente. Sus fieles lo celebran con puntual alborozo. Sus detractores, agotadas las diatribas, se miran confundidos. Y el dinero que la cornucopia tomasista derrama con generosidad alegra puntualmente al comercio, la industria, los servicios, la economía formal y la informal, la vida entera del sitio elegido para reaparecer. Que en su caso equivale a resucitar.

Y todo eso sin contar lo que espera a una hora precisa en el ruedo de la plaza afortunada. Esta vez fue Granada, su feria de Corpus, un sábado de junio inscrito ya en los anales con letra capitular. Un cartel de lo más atípico, que en otro torero resultaría inadmisible y en Tomás se celebró por todo lo alto –cuatro toros, seis orejas y un rabo--, con el ídolo como referente, su leyenda in crescendo y el toreo más caro y puro por bandera.

Al final, el único secreto es ése. Que cuando sale el toro la revelación es de una transparencia sin mácula. Nada queda encriptado, oculto, lo que renace es la grandeza del toreo, transportado por JT a unos arcanos de ajuste, suavidad y belleza inverosímiles. Y entonces sí, boca abajo todo mundo.
Un secreto sin enigma. El cíclico renacer de un portento siempre semejante, nunca igual.

Reaparición de Enrique Ponce. Estamos ante la contrafigura rigurosa del fantasmal artífice de Galapagar, que se encarna una vez al año y el resto de la vida se autoimpone un enclaustramiento envuelto en el mutismo más absoluto. Porque con Enrique Ponce ocurre justamente lo contrario, y su bien aceitada maquinaria publicitaria lleva semanas voceando la ya cercana reaparición, repuesto el divo de Chiva de la lesión sufrida en Valencia el pasado mes de marzo.

Opuesto en todo a Tomás, a prudente distancia de los pitones en el ruedo pero en aparatosa cercanía de cámaras y micrófonos fuera de él, no para Enrique de convocar y sostener entrevistas, y lo mismo lo hemos contemplado ensayando pases con sus muletas de convaleciente que bailando con ritmo y alegría, y últimamente acompañado por sus médicos, provisoriamente dispuestos a exagerar la magnitud del percance y a considerar cuasi milagrosa la recuperación física del diestro. A una lesión de futbolista –rotura del ligamento cruzado de la rodilla—ha correspondido el levantino con un despliegue mediático digno de Cristiano Ronaldo.

Si más de una vez esta columna llamó a Ponce el más avezado publirrelacionista de la andante torería, todo lo visto y leído sobre él en las últimas semanas no cesa de darnos la razón.

La corrida charra de Itres. Se habrán enterado los aficionados que en ese pequeño pueblo de la región francesa Bocas del Ródano, sede anual de una feria caracterizada por su originalidad, la empresa montó esta vez una corrida charra –los diestros no en traje de luces sino vistiendo galas a la usanza del campo mexicano--, y que, como una rareza más, Luis David al fin pudo alternar con dos figuras consagradas, español uno –Julián López “El Juli”—y francés el otro –Sebastián Castella—. Y contender con bureles marcados con el muy cotizado hierro de Victoriano del Río, acorde todo con las exigencias de los que mandan.

Naturalmente, la Fiesta resplandeció como pocas veces. Y lejos de opacarse, el hidrocálido aprovechó a tope las excelencias de su lote y sumó tres orejas ganadas a ley, misma recompensa acumulada por El Juli a favor de sendos ejemplares asimismo magníficos, lo que obligó a Castella –cuyos dos astados desmerecieron del resto—a obsequiar un sobrero de la misma divisa, que resultaría el mejor del reparto y le permitió, tras larga y lucida faena coronada con un estoconazo fulminante, pasear el rabo del de Victoriano del Río y compartir la salida en hombros con sus alternantes.

No dejó de llamar la atención que la organización del festejo, montado a toda gala, haya mandado fijar en lugar bien visible --sobre la roja barrera del redondel-- sendos letreros, uno en francés, donde se leía, “L´histoire continue: d´Nimeño a Castella”, y otro en español con una frase similar: “La historia sigue: de Gaona a Luis David”--. Además del amistoso guiño hacia el diestro hidrocálido, una muestra del respeto que sienten los franceses por la tauromaquia mexicana, como realidad histórica y como portadora de valores propios.
Lecciones de una tarde feliz. Tres, por lo menos, arrojó la referida corrida de Istres:

1) Que en la Francia taurina existe un espacio de reconocimiento a la importancia y alcances de la tauromaquia nuestra que contrasta con el histórico ninguneo que, a partir por lo menos del boicot de 1936, se le tiene en España, donde han florecido actitudes tan grotescas como la referida expulsión de los toreros mexicanos que amenazaban con acaparar sitio en sus ferias aquel verano de hace 83 años, o su olímpico desdén y crasa ignorancia de la época de oro del toreo mexicano y subsecuentes, sin registro alguno en la siempre parcial y proteccionista “historia oficial española” de las corridas de toros; en realidad, es ahora, con la Fiesta nuestra de capa caída, cuando se han dignado volver la vista hacia estas tierras y sus toreros los actuales continuadores de dicha historia oficial, más para dárselas de inclusivos y globalizados que por interés genuino en el toreo de México. Con excepciones que, por supuesto, se agradecen.

2) Puesto en pie de igualdad con sus colegas con etiqueta de figuras –justo las que casi nunca puede ver y admirar si no es pagando su boleto de entrada--, Luis David demostró estar a una altura semejante, en lo profesional y en lo artístico; habría que suponer qué niveles sería capaz de escalar de permitírsele alternar habitualmente con ellos en las ferias de tronío, con lo que eso supone de presencia mediática, acceso a ganaderías de máxima demanda y evolución personal y estilística.

3) En la corrida charra de Istres, las tandas de naturales más despaciosas, generosas y completas las trazó el torero de Aguascalientes, y ahí están los videos para comprobarlo. Ése es el camino. Recuerde Luis David que todo un Fermín Espinosa “Armillita”, parecidamente desdeñado por los sabiondos de la crítica de allá, tuvo que picar piedra durante tres temporadas españolas antes de verse anunciado en Sevilla, y que atravesaba su momento más bajo cuando, el 5 de junio de 1932, se encontró con “Centello” de Aleas en la plaza de Madrid, en tarde de mucha lluvia y alternantes segundones. Y que aquella faena –oreja solicitada por unanimidad después de cuatro pinchazos—pasaría a la historia como portadora privilegiada de los pases naturales más tersos, completos y bellamente ligados que hasta entonces se habían visto.

De suerte, Luis David, que a seguir luchando por abrirte paso, que tienes todo para lograrlo.

Joselito Adame. Aplaudo, en cambio, la decisión de tu hermano mayor de dar por concluida su campaña española de este año –reducida a dos magras presentaciones en condiciones insultantemente adversas--. Después de ocho temporadas consecutivas de triunfos reiterados y demostraciones de suficiencia torera en condiciones usualmente desventajosas, es justo que se niegue a andar mendigando oportunidades a las desaprensivas empresas españolas.

Una postura la de Joselito Adame que rezuma dignidad por los cuatro costados. La misma dignidad que tanto escasea entre el empresariado de México, tan incapaz de revertir la caída vertical de nuestra Fiesta como de atenuar el malinchismo de su hispanofilia galopante.

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