TAUROMAQUIA. Alcalino.- El mal fario de El Relicario, la Feria de Sevilla y Aguado

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Realmente grave, además de muy lamentable, el percance sufrido por Hilda Tenorio –la torera más completa de este país—cuando recibía con una larga de rodillas al toro de Santoyo que le correspondió en el festejo femenil del viernes 3 en El Relicario. La lesión, en el maxilar superior, le causó a la menudita matadora moreliana nada menos que 17 fracturas faciales –allí donde tenemos una especie de rompecabezas óseo en el que predominan piezas diminutas--, y es de admirar la entereza con la que Hilda ha afrontado su infortunio. Esa noche asistió muy poco público al coso del Cerro, a tono con la época de vacas flacas que está viviendo la fiesta en Puebla y en la república entera.

No siempre fue así. El Relicario se inauguró el sábado 19 de noviembre de 1988 con un cartel de campanillas (David Silveti, Jorge Gutiérrez y El Soro con una corrida de Reyes Huerta, magnífica en todos los sentidos), y a partir de entonces se fue formando un promisorio público de toros. La razón era evidente: José Ángel López Lima –constructor y primer empresario de un coso que, sin embargo, es propiedad del gobierno estatal—se esmeró en armar carteles interesantes, marcó fechas clave para programarlos (Año Nuevo, 5 de febrero, Independencia, Aniversario de la plaza –en torno al 20 de noviembre--, Navidad…) y su feria de mayo se contaba entre las más atractivas del año taurino. Ni qué decir tiene que la plaza normalmente se llenaba de un público tan entusiasta como fiel, que fue ganando paulatinamente en conocimientos y competencia. Un ingrediente fundamental lo serían sus temporadas novilleriles, aderezadas por duelos parejeros que en su momento alborotaban el cotarro (Ochoa-Lahoz, Jerónimo-Arroyo, Luján-Solo…). Con un promedio por encima de 20 los festejos anuales, Puebla se situó como plaza importante dentro del panorama nacional. Hasta que posteriores gobiernos –en concreto los de Mario Marín y Rafael Moreno-Valle-- desalojaron a López Lima y, automáticamente, la fiesta fue perdiendo importancia, tanto mediática como de público. Se recordará, incluso, el prolongado cierre del coso impuesto por el difunto exgobernador, un impasse deplorable, rodeado de rumores ominosos y amenazas de demolición.

La situación actual de nuestra plaza resume certeramente su declinante historia, pues media un abismo –en categoría, interés, proyección y resonancia-- entre las disparatadas “ferias” actuales y aquellos dorados años 90 y primeros del siglo XXI.

Muchos percances. A propósito de la desgracia de Hilda Tenorio, es de notar la cantidad de cornadas graves o muy graves que a lo largo de los años se han registrado en el coso del Cerro. Acuden a la memoria las sufridas por Arturo Gilio (16.05.92, penetrante de vientre), Enrique “Cuate” Espinosa (05.06.09, femoral doblemente seccionada), El Zapata (12.02.16, gravísimamente eventrado al banderillear y sometido a varias cirugías en años posteriores), los novilleros Miguel Lahoz (13.04.91, muslo atravesado), Rogelio Sánchez (16.07.04, penetrante de vientre) y Alberto Valente (31.07.04, dos cornadas graves, recto y muslo), y hasta el apoderado de Fernando Ochoa, Sergio Kleimerman, herido por un toro de Guanamé que saltó al callejón y le infligió una cornada con tres trayectorias (31.05.97). Incluso en festivales hubo heridos de importancia, los novilleros Benjamín Padroni (22.05.94) y Paco Ares, colombiano (06.09.03). Y en cierto festejo de selección, hasta tres de los aspirantes visitaron la enfermería (09.06.01). En resumen, que hacer un recuento de la cantidad de percances habidos en el ruedo poblano excedería el espacio de esta columna. Ni siquiera “Cagancho”, el célebre azabache de Pablo Hermoso de Mendoza, se salvó de recibir una cornada en el anca derecha (11.12.99).

Lo dicho: El Relicario de Puebla, una plaza con mal fario.

¿Quién es Pablo Aguado? En una feria de Sevilla pródiga en notas de alto interés, la cereza en el pastel la ha puesto la Puerta del Príncipe abierta el viernes por Pablo Aguado, que de simple relleno de un cartel engalanado por Morante de la Puebla y Andrés Roca Rey terminaría convertido en el máximo triunfador de la nutrida programación maestrante, pues cuatro orejas en una única comparecencia no se cortan en Sevilla así como así. Más inesperado por tratarse de un joven con rodaje muy escaso –tomó la alternativa allí mismo en 2017, y desde entonces apenas se habrá vestido de luces una docena de veces—, hecho éste que cuestiona la miopía del mafioso stablishment taurino, al tiempo que acrecienta el mérito de un artista del que poco se sabía fuera del ambiente andaluz. Y sin embargo, Pablo Aguado ya había mostrado algo más que esbozos al confirmar su alternativa en Las Ventas, en la última feria de otoño.

Como de su clamoroso triunfo en Sevilla sólo pude enterarme por fuentes indirectas, me parece oportuno refrescar la memoria sobre su confirmación madrileña para poner al lector en sintonía con la personalidad del triunfador máximo en la Maestranza: “Pablo Aguado llegó a Las Ventas tras una campaña de apenas seis corridas en 2018 y cayó de pie. Su toreo de capa al de la confirmación –“Bolero”, con un peso ideal (523)—tuvo suavidad, pinturería y sabor en sendos quites por chicuelinas y mandiles. Y con la muleta, sin acomodarse del todo, se le vio suelto y resuelto en todo momento. Pero con el sexto se descaró y consiguió una oreja fundamental. Tiene este joven un estilo deslizado, dulce y natural que recuerda a ciertos toreros sevillanos –finos, bajitos y garbosos—de los años 50. Y no le importó en absoluto el peso ni la leña de “Corchero” (604 kilos) ni su embestida fuerte y rebrincada, que condujo con pulso seguro, cintura flexible y positivo aguante, antes de entregarse en el volapié para cobrar el valioso apéndice. Lo cual no significa que vayan a hacerle justicia las empresas.” (La Jornada de Oriente, 1 de octubre de 2018).

Efectivamente, ni caso le hicieron los dueños del tinglado. Y si cazó esta fecha estelar en Sevilla sólo puede atribuirse a razones de paisanaje. Y a la astucia empresarial: no convenía sobrecargar la papeleta, que con Morante y Roca Rey ya venía más que pesada.

Perera, infravalorado. Si en el caso de Pablo Aguado público y presidente premiaron con el corazón en la mano, a Miguel Ángel Perera lo midió el juez de turno como si fuera extranjero, medio portugués acaso, dada su procedencia extremeña. Porque una simple oreja de ninguna manera hace justicia a su faenón a un excelente colorado de Jandilla de nombre “Aperador”, al que por cierto se premio con una exagerada vuelta al anillo, otra manera de minusvaluar lo hecho por el diestro. Que fue todo de altísimo rango. Y de mucho valor, con ese escalofriante inicio de faena, de rodillas y en los medios, con un cambiado por la espalda seguido de varios muletazos muy templados en la misma postura. El resto fue toreo puro, la muleta a rastras, gobernando embestidas de nobleza exigente con temple inmaculado y rematando sin pérdida de terreno con imperiosos pases de pecho. Algo trasera y apenas caidita cayó la espada y solamente una oreja, pese a la petición de la segunda. Luego, Perera estuvo valentísimo con un quinto toro de mucho cuidado. A esa tarde Salvador Domecq mandó la corrida más encastada de la feria: al Cid su segundo lo trajo de cabeza, y Paco Ureña pechó con el lote menos propicio.

Morante, Roca y Urdiales. El de la Puebla, imperial siempre con el capote, hizo un esfuerzo supremo y arrancó el viernes una oreja de última hora, lo mismo que Roca Rey, que secundó de igual manera la gran tarde de Pablo Aguado con deliciosos jandillas. Aunque en materia de arte ahí queda la primera faena de Diego Urdiales a un flojo juanpedro el día 6, su toreo sutil, deslizado y naturalísimo lo mismo con la capa que con la muleta, y tanto por el pitón diestro como por el zurdo. La vuelta al ruedo es anecdótica, las formas toreras del riojano, dignas de recordar por su pureza, empaque y sello.

Merece asimismo citarse el buen toreo, que no el incierto acero, de Emilio de Justo con los victorinos; esa tarde el único apéndice lo paseó Antonio Ferrera por una faena de rango menor. Y al día siguiente –domingo 5 de mayo--, Pablo Hermoso de Mendoza le dio la alternativa a su hijo Guillermo con un toro de Los Espartales, y el joven hizo honor a su buena escuela desorejando al sexto. Pablo y la francesa Lea Vicens, que atestiguó la ceremonia, se conformaron con sendas vueltas al anillo.

Los Adame en San Isidro. Joselito y Luis David entrarán en funciones no bien empiece el maratón isidril. José tiene su única presentación este viernes 17, al lado de Álvaro Lorenzo y Román, toros de Joselito Arroyo; Luis David al día siguiente, sábado 18, con Ginés Marín y Pablo Aguado y ganado de Montalvo, que ojalá no eche a perder tan sugestiva combinación.

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