TAUROMAQUIA. Alcalino.- Bilbao: de Armilla a Luis David

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Las recién concluidas Corridas Generales trajeron ecos de otros tiempos para la torería mexicana, pues Luis David figuraba en la cartelera aunque fuese con un solo puesto, en tanto Ponce, Urdiales y El Juli aparecían con dos, Julián en lugar de Andrés Roca Rey, que siendo el principal reclamo de taquilla no se sabe realmente qué lesión padece ni cuándo podrá reaparecer. Así las cosas, la nota fuerte iba a darla el nuestro.

Luis David saldó su compromiso del lunes 19 cortándoles la oreja a dos encastados toros de Torrestrella, y en justa retribución fue llamado a sustituir a Pablo Aguado en el cartel estelar del jueves 22. Hubo reacciones opuestas, soterradas las del taurinismo y abiertas las de mucho redista xenófobo y villamelón. Su situación me remitió a lo ocurrido en agosto de 1932 con Fermín Espinosa “Armillita”, el célebre maestro saltillense, anunciado aquel año para una tarde y llamado de urgencia a cubrir ausencias de última hora.

Un poco de historia. En 1932 pocos apostaban un duro por Fermín. Desvanecida la novedad de su triunfal irrupción --¡con 16 años!—en el durísimo escalafón español de finales de los años 20, dominado el empresariado y la prensa por los apoderados de Manolo Bienvenida y Domingo Ortega, el panorama para aquel mexicano huérfano de influencias y tildado despectivamente de maestrito se presentaba más oscuro que nunca. Con apenas dos corridas toreadas en la temporada se anuncia en Madrid, un domingo de tantos y con dos segundones, “Fortuna” y Fuentes Bejarano (05.06.32). Y al último toro de Aleas va y lo cuaja de cabo a rabo, tres tercios modélicos y una faena cumbre, basada en el más puro toreo al natural. Le dieron la oreja y se lo llevaron en hombros pese a cuatro pinchazos. Mas la faena a “Centello” sigue figurando entre las obras mayores habidas en la vieja plaza de la Carretera de Aragón. ¿Cambió por eso el panorama para Armillita? No de momento, porque el padre de los Bienvenida maniobró para que Manolito se cayera del siguiente cartel madrileño, que lo confrontaba con el incómodo mexicano, y a su vez éste envió un parte médico excusando su ausencia. Lo que desató una campaña feroz en su contra encabezada por la empresa y su prensa adicta. Sólo que Dominguín padre aprovechó el río revuelto para proponerse como apoderado de Fermín, condicionándolo a que se encerrara con un encierro de Marcial Lalanda que nadie quería para congraciarse con la empresa madrileña. De paso lo firmó para la feria de Bilbao, la más decisiva de la segunda mitad de la temporada, famosa por los imponentes torazos que allí se corrían.

En la bilbaína Vista Alegre, Armilla se presentó un 21 de agosto como suplente de Vicente Barrera y desorejó a sus dos toros de Santa Coloma. Lo repitieron el 23 y su triunfo fue aún mayor, al cortarle las orejas al quinto de Murube. Volvió al día siguiente, cuando los de Concha y Sierra, durísimos, apenas dejaron ver a Chicuelo, Fermín Y Domingo Ortega. Y el lunes 29, la apoteosis armillista. Al bordar la faena de la feria con el quinto saltillo de Félix Moreno, cortándole el rabo, el saltillense motivaría del cronista Alfonso de Aricha estos rotundos comentarios: “Si (Domingo) Ortega torea cien corridas en la temporada, Armillita debería torear seiscientas. O no hay justicia en la Tierra.”, antes de cerrar su crónica de la siguiente manera: “i¡¡ Armillita Chico !!!... En Bilbao no sé saca a nadie en hombros. Pero los soguillas han sido hoy, por excepción, pedestal de un egregio gladiador. Vuelta al ruedo en hombros. Y, en hombros, General Concha abajo hasta el Arenal. El asta del palomar famoso se inclina ante el torero triunfador, que es llevado en vilo por Bidebarrieta. A estas horas debe estar en el alto de Miravilla. Allí, don Diego López de Haro descubrió Bilbao. Y como él, el azteca descubre en el coso de la antigua república de Abando un porvenir brillantísimo. ¡¡¡Armillita Chico!!! ¡¡Figura grande!!!” (La Fiesta Brava, semanario. Barcelona, 2 de septiembre de 1932). Aquel año 32, Armillita se vistió de luces apenas 14 veces en España y seis en Francia. Pero sus decisivas victorias de Madrid, Sevilla y Bilbao iban a catapultarlo al puesto cimero que en lo sucesivo ocuparía. Hasta que el boicot antimexicano de 1936, tramado directamente en su contra, lo frenó.

En el Bocho, Fermín iba a reiterarse triunfador de las Corridas Generales de 1933, 34 y 35, año en que dio una tarde fantástica inmortalizando a “Mocito” y “Arrempuja”, de Juan Pedro Domecq (21.08.35). Al reanudarse el convenio volvió a Vistalegre en 1945 y 46, de nuevo en plan grande. Tan ídolo fue en Bilbao que, con sólo siete años participando en esa feria de toros descomunales, totalizó 29 tardes, marca histórica para un torero extranjero.

Luis David, “Pinturero” y Matías. Este año, la mejor faena del ciclo bilbaíno la cuajó otro mexicano, Luis David Adame, al sexto de Domingo Hernández. Fue el jueves 22 y era “Pinturero” (negro, 573 kilos) un toro suavón pero limitado de energías, del que nadie esperaba mayor cosa cuando tocaron a muerte, pese al lucido quite por zapopinas del hidrocálido. Pero paso a paso y pase a pase, la muleta de Luis David le fue extrayéndole bravura con torerismo extraordinario hasta redondear una obra cumbre. Inolvidables –por cómo ligó, ahondó, sintió y lentificó el toreo—los naturales de la última parte de la faena. Faena a la mexicana, compendio de las mejores que iluminaran nuestras plazas durante el último tercio del siglo pasado: siempre a más y sin una mácula. Y qué forma de culminarla: en la suerte de recibir, con la que el cronista de Marca Carlos Ilián calificaría como “La estocada del año”. Albeó con frenesí el tendido, cayó la primera oreja y seguía la petición, pero el presidente le negó la puerta grande más solicitada de la feria. La gente no se iba, repartiendo sus sentimientos entre la repulsa al atrabiliario juez y las aclamaciones al torero en dos vueltas al anillo. No menos dividido internamente debió sentirse Luis David, que antes se había alzado con la oreja de su primero, un “Cerril” que no fue de carril.

Y todo esto delante de dos indiscutibles ases hispanos, ensopados sin contemplaciones por el mexicano de 21 años. Enrique Ponce coleccionó avisos y estuvo más espeso, disperso y cursi que nunca. A El Juli, correctamente rutinario, le dio Matías una oreja facilona del castaño quinto; la víspera Julián habría recibido otra, justa, pues suya fue la faena de una tarde en que Manzanares paseó dos –una y una—de un lote de fábula de Victoriano del Río, que incluyó, como sexto, al berrendo “Ruiseñor”, el toro de la feria.

Agravio comparativo. Entrevistado por el periodista local Álvaro Suso acerca del desafuero cometido con Luis David, el presidente Matías González replicó que, para merecer dos orejas, “una faena debe tener por lo menos dos tandas que hagan crujir la plaza”, y puso como ejemplo lo sucedido al día siguiente con Paco Ureña (cuatro orejas y a hombros). Pero si uno revisa las faenas del lorquino resulta que ninguna alcanzó los niveles de calidad técnica y estética que tuvo la del hidrocálido a “Pinturero”, con el que bordó el natural ligado sin perder pasos y lentificando el temple conforme la tanda avanzaba. Ureña también se prodigó con la zurda, pero con más escenificación que contenido y contando a su favor con la predisposición de público y crítica, pues su caso personal es realmente conmovedor y digno de todo respeto. A la faena amexicanada de Luis David, no tan afín a los gustos españoles, tardó en entrar la gente, pero cuando lo hizo fue con verdadera pasión, evidenciada por el frenético tremolar de pañuelos y la bronca que le dedicó al presidente, a cuya mañosa explicación se contraponen en pleno prensa y portales presentes: Mundotoro (CRV): “El palco priva a Luis David de la puerta grande”; La Razón (Patricia Navarro): “Luis David cruje Bilbao”; Marca (Carlos Ilián): “El mexicano les moja la oreja a los consagrados”; Cronicatoro (Jorge Arturo Díaz Reyes): “Atracan a Luis David”; El País (Antonio Lorca): “Triunfo incontestable de Luis David”, et al. Conviene recordar que Lorca había descalificado desdeñosa e injustamente el éxito del hidrocálido los encastados torrestrellas del día 19, y en cambio dedicó íntegramente su columna “Al toro por los cuernos” del 26 a la gran tarde del mexicano y a fustigar la necedad y obstinación chauvinistas de Matías González.

¿Y ahora qué? Quedamos en espera de lo que pueda ocurrir con Luis David después del golpe de Bilbao, culminación de su paso triunfal por Pamplona, San Sebastián y Almería. Lo justo, leal y sensato, incluso para las empresas, sería que, en el futuro, se le incluyera al lado de las figuras en los carteles fuertes de las ferias. Lo otro, su permanencia en la fila de atrás, arañando migajas y contendiendo con los encierros que rehúyen los de arriba, no sería sino un aviso más de que los mexicanos poco o nada tienen nada que hacer en España. Si el boicot del miedo de 1936 les resultó contraproducente a quienes lo promovieron, la hostilización posterior a nuestros paisanos ha sido mañosamente disuasiva. Veremos qué parte de esa historia se aplica con Luis David: si la que, aun con sus bemoles, permitió el reconocimiento y encumbramiento definitivos de los Gaona, Armilla y Arruza, o la taimada y ladina política de apartheid y el ninguneo que ha parado en seco a Joselito Adame. Y, a lo largo de siete décadas, a tantos paisanos más.

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