Ponce, Ventura y Juli a hombros en Olivenza

Pepe Orantos, Olivenza

Tres figuras de tronío, dos a pie y uno a caballo, encabezaban el cartel de la corrida mixta de la tarde del sábado en Olivenza y el público no faltó a la cita con uno de los festejos más atractivos del ciclo oliventino. La temperatura primaveral invitaba a pasar la tarde en los toros y la posibilidad de ver a Diego Ventura a lomos de su magnífica cuadra y a Enrique Ponce y El Juli impartir su magisterio ante los toros de una de sus ganaderías preferidas parecían una apuesta segura para el triunfo.

Lo de Ponce fue un catalogo de buen torero, El Juli , la eficacia y Ventura la sorpresa en cada caballada.

Diego Ventura que acaba de desembarcar de México fue una fiesta en Olivenza. El alboroto llegaría con «Lío», frente a un toro de Guiomar de trote chochón pero aparente. El mandamás del rejoneo sacó toda su munición con el cuarto, desde ese portento de «Nazarí», y su sincero toreo, a «Dólar», con un escalofriante par a dos manos, sin más riendas que las de su corazón.

Realmente, Diego Ventura apenas se ha bajado de sus caballos. Lo hizo en Autlán de los que en México quedaron para subirse apenas unas horas después a los que en La Puebla quedaron, gozando primero del merecido invierno y aguardando luego que llegara quien mejor les entiende. De ahí, a Olivenza, sin pausa y sin solución de continuidad, para enlazar México con España (con Europa) como quien trenza una tarde de toros tras otra en pleno pico de la temporada. Y nadie notó siquiera el jet lag ni que hiciera meses que Diego no montara sus caballos estrellas. Nadie, tampoco sus caballos, que hoy rindieron al nivel que se les conoce como si Ventura llevara todo el invierno a sus lomos.

Fue llegar y triunfar, que Diego Ventura no tiene tiempo para otra cosa. Llegar y triunfar para delimitar a las primeras de cambio ese territorio que domina sin pugna alguna, donde asienta sus dominios para seguir ofreciendo, en otra nueva temporada, más que nunca y mejor que siempre. Aunque no tuviera hoy enfrente oponentes que le ayudaran demasiado porque el lote de toros –por soso el primero y por complicado el segundo- de Cortés de Moura se prestó menos de lo habitual. El menos de los dos, el segundo, que fue un toro con tendencia a quedarse por dentro y que ya de salida, frente a Campina, se ponía por delante.

Se la jugó Diego en banderillas con Nazarí, ligando muy en corto y toreando de costado con el astado a un aliento de su estribo. Casi se metía debajo de la cabalgadura y pulseaba el jinete con precisión exacta para evitar alcances y no desengañar nunca. Ni se excusó ni se tapó Ventura, asumió riesgos e interrogantes y se puso a la búsqueda de las respuestas desde la verdad y desde la pureza traducidas éstas en banderillas ejecutadas, desde el cite hasta la salida, en el cara o cruz de embroques muy inciertos. Así fue con Nazarí y, si cabe, aún más con Fino, con el que Ventura clavó entre el toro y las tablas, metiéndose él en ese resquicio de lo imposible donde el cara o cruz tenía más de cruz que de cara. Faltaba que tanta exposición prendiera en emoción plena en el tendido, de lo que se encargó con Dólar en dos pares sin cabezada, otra vez, de una exigencia absoluta.

Entonces sí, Olivenza se entregó si dudas. Abrochó el cigarrero su exhibición de capacidad con un rejón fulminante, que le dio las dos vueltas de llave al cerrojo de la primera puerta grande española de 2019. Justo por el desacierto con el acero final, había perdido premio en su primero, que fue noble, pero al que le faltó transmisión. Después de pararlo con Lambrusco, lo acarició con la clase de Guadalquivir, que es belleza que se derrama sola, y lo cuajó en los medios del corazón de Olivenza con Lío al quebrar allí mismo en banderillas al quiebro y de sensación. Quiebros tan sobre los pies que encogían la respiración, un despliegue total de agilidad y de sincronía entre el torero y su caballo. Como el último de ellos, con la complicación de lo muy en corto que Diego Ventura planteó la suerte. Como queda dicho, pinchó y se quedó sin trofeos materiales, pero sí se guardó para sí una sincera y atronadora ovación de la plaza completamente llena y puesta en pie.

RESUMEN

DIEGO VENTURA, pinchazo, rejón y descabello (saludos). En el cuarto, rejón contrario (dos orejas).

ENRIQUE PONCE, de habano y oro. Estocada caída (dos orejas). En el quinto, pinchazo y estocada caída (palmas).

EL JULI, de tabaco y oro. Media tendida (dos orejas). En el sexto, pinchazo y estocada (palmas).

LOS TRIUNFADORES

La ganadería Garcigrande, el torero Enrique Ponce y el novillero Antonio Galán 'Toñete' recibieron anoche sus galardones como triunfadores de la Feria del Toro 2018 de Olivenza, en el marco de la vigésimo novena edición de este certamen, que se celebra hasta este domingo en la localidad pacense.

El alcalde de Olivenza, Manuel González Andrade, y el diputado de Tauromaquia de la Diputación de Badajoz, Lorenzo Molina Medina, fueron los encargados de entregar estos premios, que cada año reconocen al mejor novillero, mejor ganadería y triunfador de la feria, ha informado este sábado la organización en una nota.

El premio a Mejor Novillero de 2018 fue recogido por este último, en ausencia de 'Toñete', quien tuvo que ser trasladado a Badajoz tras sufrir una herida profunda en el muslo durante la lidia del tercer toro en la tarde de este viernes en la plaza oliventina, donde debutó como matador.

Molina, tras desear la pronta recuperación del matador, reconoció el trabajo que cada año se realiza para engrandecer esta feria y aseguró que «hoy ya no se entiende la tauromaquia sin esta ciudad».

Gonzalo Sepúlveda, mayoral de Garcigrande, Mejor Ganadería de la Feria 2018, no quiso olvidar en su intervención a los toreros, de quienes dijo que era el verdadero mérito, y manifestó el «enorme cariño» por una ciudad tan taurina como Olivenza.

Tras recordar en imágenes la faena que le ha hecho merecedor de este galardón y recibir el trofeo de manos del alcalde, Enrique Ponce, matador que en más ocasiones ha toreado en Olivenza, agradeció al primer edil su apoyo a la fiesta de los toros.

Confesó sentirse seguro, cómodo y partícipe de este certamen y que está orgulloso de haber sido «uno de los fundadores» y haber ayudado a su crecimiento.

«Las categorías no las marca un número ni el toro que pueda salir en ella, lo marca la afición y la de Olivenza es de primera», afirmó antes de concluir recordando que su evolución y nivel han convertido a la feria oliventina en un referente.

González Andrade cerró el acto con un mensaje de agradecimiento a los premiados y a la Diputación de Badajoz su labor, y recordó los 5.000 toros lidiados, 2.500 corridas celebradas y 29 años de alternativa de Enrique Ponce, proponiendo un homenaje el próximo año para el matador por su 30 aniversario.

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