Partió Anderson Murillo, " el viejo Muri "

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Los males del cuerpo no intimidaron nunca a un hombre tan vertical, tan lleno de ganas de vivir y pundonor como Anderson Murillo, miembro de una saga de gentes del toro que encabezó su hermano mayor Melanio y el menor Emerson, matador de toros, hoy " en la cuadra " del maestro El Dandy". Pero llegó lo inexorable. Ese tránsito de la vida a la muerte, ese paso que algún día tendremos que dar. Nos duele por un hombre tan vital que aun irradiaba felicidad entre quienes le tratamos.

Esas enfermedades que agobian a los seres humanos y que la medicina ya no puede controlar no minan a hombres como Anderson. Estuvo" el viejo Muri " ( término cariñoso, desde luego para él ) en un hospital de Madrid luchando con firmeza para sobrevivir con esa sonrisa e ironía que lo hace único. Pero no resistió y en la madrugada española del domingo, tarde de sábado en Colombia, dejó de existir.

Fue picador d grandes toreros y se radicó los últimos años en Madrid . Venia al país para las grandes ferias y mientras la salud se lo permitió participó en muchos tentaderos en las ganaderías colombianas. Era un profesional a carta cabal.

Ya saben que estuvo a las órdenes del maestro Rincón en un brillante tramo del torero bogotano en esos años de vino y rosas para la tauromaquia colombiana. Un día, bajo la tutela del maestro Luis Francisco Esplá se dio el lujazo de dar una vuelta al ruedo con el alicantino tras una varas excepcional de esas que la curtida y sabia afición madrileña justiprecia.

La tarde del 9 de junio del 2001 queda enmarcada en esa límpida crónica de don Joaquin Vidal en El Pais :

La recreación de las estampas de la tauromaquia clásica se produjo nada más comparecer el primer toro, un cárdeno terciado de irreprochable trapío que el público saludó con una ovación, y Luis Francisco Esplá dio la réplica trazando una media verónica ante el rebrincado arreón de la res, y esa bizarra suerte reproducía las que ilustraban los sugestivos carteles de toros de principios de siglo.

Lidió Esplá al victorino, que tenía casta. No bravura, por lo que sobró ponerlo lejos del caballo para la suerte de varas. La verdad es que el público lo pedía. Isidros al margen (pues a éstos conviene echarlos de comer aparte) hay un nuevo público en Las Ventas que sólo conoce los tópicos y confunde la velocidad con el tocino. Por ser victorinos exigía que a todos los pusieran lejos del caballo, aunque hubiesen cantado su mansedumbre, como el aludido o más llamativamente el que se corrió en sexto lugar.

Banderilleó Esplá con acierto a ese primer toro si bien el par sensacional lo prendería, de poder a poder, al que hizo cuarto. Y construyó una faena meritísima, variada, con empleo de la técnica y el ojo avizor precisos para no verse desbordado por el toro. A pesar de lo cual, en plena tanda de naturales el toro alargó la gaita, le arrancó los machos y suerte tuvo de que no le empitonara el corvejón.

La suerte de varas del cuarto constituyó un fantásico espectáculo. Tardeaba el toro antes de arrancarse al galope, y Ánderson Murillo lo recibía galanamente tirándole arriba la vara. No en el primer encuentro, pues clavó trasero y tapó la salida; en cambio rectificó en los dos siguientes y desplegó su mejor estilo varilarguero.

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