Nos dejò Halma Valencia

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No por esperada menos dolorosa la partida de doña Halma , la niña de los ojos del ex presidente Guillermo Leòn Valencia que estuvo casada 60 años hasta su deceso con el mèdico Ernesto Gonzalez del que quedan tres hijas para quienes toda palabra de consuelo es poco en estas horas : María del Mar González Valencia, María Fernanda González Valencia y Ximena González Valencia.

El mejor homenaje a sus padres es la vocaciòn ganadera de las tres que bajo el liderazgo de Nanda no han querido que la ganadería , encaste Santa Coloma claudique en esta voràgine en que se ha convertido el ser ganadero de bravo que no es un negocio sino una pasiòn y una manera de entender la vida.

Como no iba a ser taurina esta dama , matrona y columna de una casa de alcurnia no por la riqueza económica sino por eso que los franceses llaman el savoir faire. Su padre, caucano y "patojo" de pro tras dejar los deberes en el palacio de San Carlos fue nombrado embajador ante el reino de España y Madrid en la peña de los de Josè y Juan pronunciò una hermosa alocuciòn donde comparò los vaivenes de la política con la corrida de toros. En esos tiempos, hermosos y brillantes para el toreo, el dirigente conservador concurrìa a las plazas de toros como aficionado dando la cara y no como ahora que muchos políticos siendo taurinos, o así parece, ocultan su aficiòn por ser , !!ay, Dios mio !! politicamente correctos, traducido , vergonzantes.

Los males del cuerpo afligieron hace ya varios años a doña Alma y esos quebrantos, todos los sabíamos, acelerarían el proceso con el que nacemos, en el viaje hacia la eternidad. Asì ha ocurrido. Prefiero verla con una sonrisa discreta que le bañaba el rostro, vestida de blanco, en el palco de Cañaveralejo escenario de grandes triunfos para la ganaderìa de su esposo. Hablar con ella era una delicia pues uno sabìa que estaba entrando en ese diàlogo de la historia, de los suyos, de su padre, de su tío, el gran poeta y educador, de sus abuelos, de sus toros, de sus hijos, de sus recuerdos y de esos años en que su progenitor era el jefe del Estado pero ella era la primera dama, la consentida que correteaba por esos austeros pasillos de la casona de la calle décima y entraba al salón para romper el adusto comportamiento de los hieráticos funcionarios en los consejos de ministros. Ella tenia permiso de papa Guillermo, entonces el presidente Valencia.

Que la tierra le sea leve doña Halma.

Don Leon de Greiff, el gran poeta antioqueño que fue un taurino de esos de fuste, dejò estos versos:

Señora Muerte que se va llevando
todo lo bueno que en nosotros topa!...
Solos —en un rincón— vamos quedando

los demás... ¡gente mísera de tropa!
Los egoístas fatuos y perversos
de alma de trapo y corazón de estopa...;

manufactores de fugaces versos;
poetas de cuadrícula y balanza,
a toda pena, a todo amor adversos..:
¡Señora Muerte se las va llevando!

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