Los peros de la Puerta del Príncipe en Sevilla para El Juli

Mensaje de error

Deprecated function: The each() function is deprecated. This message will be suppressed on further calls en _menu_load_objects() (línea 579 de /var/www/html/sitetendidoWork/includes/menu.inc).

La magia de la televisión hace viable justipreciar en la tranquilidad de un cuarto la faena de un torero y di bien hubo un buen toro de Garcigrande que El Juli cuajó en su primero le regalaron una oreja que nadie reclamó ( el palco otrora le negó a Bolivar una jusítima oreja que sí se pidió ) y le dieron la opción de salir por la Puerta del Príncipe que sí pero no, como dijo uno. Nadie va a desconocer a estas alturas la grandeza del madrileño pero a veces se desbordan las pasiones o por tratarse de quien ES se termina por exagerar la nota que también es verdad a esas alturas ( camino a los 21 años de alternativa ) no necesita el joven y maduro torero.De regalos nada, dirá él .

Por cierto, una gran entrada pero no el lleno de otras tardes y menos el cartelito de " no hay entradas ".

Alvaro del Moral apunta : El Juli cuajó de cabo a rabo al quinto de Garcigrande, un toro notable que fue premiado con una inaudita vuelta al ruedo por el mismo palco que antes había regalado al diestro madrileño un trofeo que no había pedido casi nadie.

Y matiza : la Puerta del Príncipe de este dos de mayo merece ser puntualizada sin desmerecer ni un ápice la importancia de la gran actuación del maestro madrileño que, eso está claro, había llegado a Sevilla con la clara determinación de triunfar.

Por eso siempre es bueno mirar, revisar, volver a ver y sacar conclusiones. Ese viejo dicho bugueño que reza: de eso tan bueno no dan tanto se puede aplicar en esta ocasión.

El Juli había brillado a altísimo nivel manejando el capote con el segundo de la tarde. Fue un toro abantito al que lanceó con desmayo y remató con su media más personal. Ese despliegue capotero se extendió a un quite en el que combinó dos tafalleras con una suerte de cordobinas rematadas por Chicuelo –si alguien sabe cómo se llaman que lo diga- antes de brindar su enemigo al mismísimo Manuel Benítez ‘El Cordobés’, que ocupaba una barrera del 4 con su charpa. Julián formó un auténtico alboroto en el inicio de faena, con muletazos por alto a pies juntos y los pies enterrados en la arena como un poste de telégrafos. Hubo un pase, mirando al tendido, que terminó de arrancar la música: el inmortal pasodoble ‘Manolete’.

Ese fulgurante inicio de faena no tendría la misma continuidad en una faena en la que hubo más argumento que decoración. Un apunte necesario: al precoz maestro madrileño se le ven demasiado los alambres de la técnica –esos muñecazos evidentes- cuando anda más crispado. Eso no quita el alto nivel al que anduvo, tratando de sacar partido de una embestida tardona y hasta cobardona que impidió el acople definitivo. Los ochos finales, trufados de las modernas luquecinas, podrían haber servido para amarrar una oreja algo justita pero la mayoría de los presentes la dio por amortizada cuando pinchó al salto antes de agarrar la estocada definitiva. La sorpresa llegó cuando el presidente Luque Teruel, que tenía ganas de agradar, le regaló un trofeo que no había pedido casi nadie. En ese momento le había abierto una hoja de la famosa puerta...

Y es que don Julián iba a echar el resto con el quinto de la tarde, al que volvió a lancear echándose el capote a los lazos de las zapatillas comprobando que el bicho –mansito- se abría en los embroques. En el caballo no pasó de bruto y bravucón aunque El Juli mantuvo el hilo argumental en un buen quite por verónicas. Soler arriesgó con los palos y el matador puso el barco a todo trapo para no dejar escapar el triunfo. Le costó relajarse en la obertura del trasteo pero una grandiosa serie diestra puso a todos de acuerdo. Siguió sobre ese lado, subiendo el tono de su labor mientras arrancaba el pasodoble de sus mejores obras en Sevilla: Suspiros de España. La plaza siguió rugiendo al natural, contemplando las bambas de la muleta medio enterradas en la arena. El secreto estuvo en combinar técnica y sentimiento a partes iguales. Pero el lío aún subió de tono en un sensacional cambio de mano mientras, olvidado del tiempo, se dejó abandonar por el izquierdo. El Juli había sacado todo lo bueno que escondía ese animal pero aún se explayó, definitivamente desmelenado, en un sabroso final de faena alegrado con un farol de aire añejo. La espada, ahora sí, cayó arriba y a la primera. Las dos orejas eran de cajón. Lo que no tenía explicación posible era la inaudita vuelta al ruedo póstuma concedida al toro de Garcigrande. El presidente, a esas alturas, estaba completamente bizcochón. El Juli, aclamado en la vuelta al ruedo, se llevó para su casa el sombrero que le había lanzado El Cordobés.

Morante dejó esas pinceladas de fino arte con el capote y Perera se dolió de que no le saliera el lote adecuado.

RESUMEN

Morante de la Puebla, de verde inglés y oro, ovación y silencio

JuliánLópez ‘El Juli’, de pizarra y plata, oreja muy protestada y dos orejas. Abrió la Puerta del Príncipe.

Miguel Ángel Perera, de blanco y plata, palmas y ovación

Categoria: