Listos los toros del Olivar y La Viña para la reaparición de Roca en Lima

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Los toros de El Olivar y La Viña están listos para la corrida del domingo en Acho que será el retorno a los ruedos de Andrés Roca Rey que suspendió su temporada en julio al no comparecer a la segunda corrida contratada en Pamplona y someterse a un largo proceso de rehabilitación.

En la imagen, uno de los toros que será lidiado el 3 de noviembre en la mas que bicentenaria Acho por Ponce, Finito y Roca.

Como saben el año pasado El Olivar fue premiado con El Escapulario de Plata tras la feria del 2018. el toro # 56 "Belicoso" de 593kg y negro de capa. Aquel toro fue del lote de Alfonso de Lima.

PABLO JAVIER GÓMEZ DEBARBIERI habló de estas ganaderías que se lidian el domingo :

PLÁCIDA VIDA. Los toros de lidia viven en condiciones inmejorables, en grandes extensiones y en medio de la naturaleza.

En Paiján, al norte de Trujillo, Aníbal Vásquez Nacarino, su esposa Lucy de las Casas y su hijo Aníbal llevan tres hierros: Paiján, La Viña y El Olivar. Crían por separado toros de encaste Santa Coloma –lo original de Paiján, de procedencia Paco Camino− y reses de Parladé Domecq, en las que se entrecruzan la líneas de La Viña –provenientes de lo original de Víctor Montero (Conde la Corte y Parladé); aquello que se indultaba por sí mismo, los torease quien los torease, en los noventa−, sangre de Huagrahuasi de Cobo, de Ecuador y un aporte genético de El Paraíso de Jerónimo Pimentel, de Colombia. Los Vásquez adquirieron el antiguo hierro de La Viña (el círculo cruzado por la diagonal) y luego, los descendientes de Celso Vásquez (emparentados con Aníbal hijo, por los De las Casas) le cedieron a este el hierro de El Olivar, ganadería peruana de comienzos del siglo XX.

ENTRE LA VEGETACIÓN. En Paiján, los novillos pastan en un potrero.

En Paiján los machos viven en inmensos potreros de varios centenares de hectáreas de bosque de algarrobos –espacio natural típico en el norte del Perú−, sin cercos, limitados por inmensos canales donde beben. Espacios de 250 hectáreas cada uno, en los que hay 100 o 200 machos de diversas edades. Un potrero de 250 hectáreas −para hacernos una idea− equivale a un cuadrado de 1,6 kilómetros por lado. Con una densidad tan baja, los toros viven en condiciones envidiables, en medio de la naturaleza. Es una actividad que solo se explica por la afición y vocación de los ganaderos de bravo; esas mismas tierras dedicadas a espárragos o frutales les proporcionarían ingresos mucho mayores.

EN MEDIO DEL BOSQUE

¿Están los machos de diversas edades mezclados? −le preguntamos al ganadero− ¿No se perjudican los más chicos?

−No. Por el contrario. Cuando los novillos llegan a los tres años de edad, se empiezan a pegar entre sí. Surge el dominante y le pega al resto para imponerse; pero en cuanto pueden, todos tratan de atacarlo. Eso se va agravando conforme siguen creciendo. Cuando los toros sobrepasan los cuatro años, las peleas son más frecuentes y cualquier día, sin que te lo esperes, aparece un toro, o varios, muerto a cornadas. Las peleas son uno de los problemas más graves; un costo oculto considerable e imprevisto y a veces, la causa de que una corrida a punto de embarcarse quede incompleta. Mira las rayas que tienen varios de ellos en los flancos; son los pitonazos que se pegan. Los becerros y novillos que viven entre ellos, los calman y tranquilizan; a los más chicos les damos un suplemento de alimento para compensar que a veces los toros grandes pudieran no dejarlos comer.

MINIMIZAR EL CONTACTO CON LOS TOROS

“Preferimos que vivan en absoluta libertad”

−¿Y colocarles fundas en los pitones, como en algunas ganaderías españolas, no reduciría el riego de que se maten entre sí?

−Tal vez, pero ello implicaría manosearlos y meterlos en la manga. Nosotros preferimos que vivan en absoluta libertad; silvestres y a su aire, en grandes extensiones. Estoy convencido de que el juego en la plaza se ve condicionado negativamente por el manipuleo excesivo y por el contacto frecuente con el ser humano, por escuchas voces; el toro debe llegar a su edad adulta en libertad. En verano comen el algarrobo que cae de los árboles, pero todo el año complementamos su alimentación echando a los comederos restos de espárragos y alcachofas y alimento balanceado; pasamos con el tractor, sin molestarlos y llenamos los comederos.

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