La vigencia de Chicuelo , entre Gallito y Belmonte

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( Foto y texto de El Correo )

La segunda y última jornada del X seminario de la cátedra Ignacio Sánchez Mejías también servía para clausurar, de alguna manera, ese año Chicuelo en el que, a pesar de los pesares, sí se ha conseguido un objetivo: reivindicar la figura del genial diestro de la Alameda de Hércules para situarla en ese hilo invisible del toreo en el que brilla con luz propia. Fruto de ese trabajo de puesta en valor, en el que hay destacar una vez más la figura de su nieto Manuel Jiménez Amador –el penúltimo de los Chicuelo- es la expectación que ha despertado el seminario que ha logrado abarrotar el Salón de los Carteles de la plaza de la Maestranza en las dos jornadas celebradas.

A esa expectación y el interés renovado que despierta la figura del torero sevillano al cumplirse el centenario de su alternativa en la plaza de la Maestranza había que añadir el indudable atractivo de los matadores convocados ayer. Faltó Paco Ureña, uno de los protagonistas indiscutibles de la temporada que quedó atrás. Un compromiso profesional le impidió estar junto a los universitarios y aficionados sevillanos. Sí comparecieron Diego Urdiales y Saúl Jiménez Fortes pero la jornada había comenzado con una charla de mayor calado histórico protagonizada por el escritor y periodista José Carlos Arévalo y el historiador y profesor universitario Andrés Luque Teruel, moderados por el informador taurino Emilio Trigo.

Chicuelo, un patrimonio inmaterial de Sevilla
Según la visión de Luque Teruel, “Chicuelo va a crear el tronco de la escuela sevillana”. En esa línea, afirmó el profesor, el mítico diestro sevillano “no es solo un torero que se adorne y un torero con arte, es un torero poderoso que se asienta y es capaz de poderle a ese toro. Arévalo, por su parte, afirmó que el torero de la Alameda “es el arquitecto del toreo, es uno de los hombres más importantes de su historia”. El último coloquio sirvió para hacer un repaso por la tauromaquia del maestro bajo la visión de Diego Urdiales y Saúl Jiménez Fortes bajo la batuta de José Morente, director general de Urbanismo de la Junta de Andalucía pero, en lo taurino, un excelente aficionado y editor del valioso blog ‘La Razón Incorpórea’. Mornte había preparado un completo montaje visual que sirvió para que los toreros de hoy comentaran el toreo del ayer. “Es un atrevimiento hablar de un torero tan grande como ha sido Chicuelo” espetó Urdiales al comenzar la charla, seguida con un enorme interés por los alumnos y aficionados.

Tocaba hacer balance y echar la persiana. Juan Carlos Gil, director de la cátedra, expuso las conclusiones de esta décima edición del seminario afirmando que “la Universidad está para impartir docencia pero también para llevar la fiesta de los toros dentro y fuera de las aulas”. Presidía la mesa Luis Manuel Halcón, diputado de plaza en la junta de gobierno de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, junto al viceconsejero de Presidencia de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz, y el vicerrector de Transferencia del Conocimiento de la Hispalense, José Guadix. Sanz, siguiendo la estela que ya había marcado el delegado Ricardo Sánchez en la sesión inaugural, volvió a poner el gobierno que representa al servicio de la fiesta de los toros: “El gobierno del cambio es un gobierno sin complejos. Defendemos, apostamos y creemos en la fiesta de los toros. Por eso trabajamos para que la Tauromaquia siga teniendo la importancia y la presencia que merece en nuestra sociedad” señaló el viceconsejero antes de sentenciar que “Andalucía es una región que tiene al toro por bandera”. Pues que así sea...

La vigencia de Chicuelo
Concluido el seminario, se ha cumplido el objetivo propuesto: reivindicar la importancia taurina y la época en la que le tocó vivir a Manuel Jiménez ‘Chicuelo’ (Sevilla, 1902-1967), uno de los toreros más relevantes de la primera mitad del siglo XX. Después de un fulgurante inicio novilleril tomó la alternativa el 28 de septiembre de 1919 en la plaza de la Maestranza de manos de Juan Belmonte y con toros de Santacoloma. Fue el definitivo arranque de una carrera en la que, siguiendo la estela de su admirado Gallito, ahondó en la llamada línea natural del toreo, aportando la estructuración de las faenas como estrofas musicales, hilando muletazos encadenados por un mismo pitón.

Esa revolución en el lenguaje taurina experimentó un definitivo antes y después a raíz de la mitificada faena al toro ‘Corchaíto’, un ejemplar de Graciliano Pérez Tabernero que le permitió sublimar ese concepto que ya había experimentado en ruedos mexicanos. El acontecimiento tuvo lugar en la plaza vieja de Madrid el 24 de mayo de 1928 causando una gran conmoción que no terminó de ser valorada por completo por la crítica más encopetada.

Chicuelo, que dio la alternativa a Manolete –otro toreo del mismo hilo técnico- en 1939, se mantuvo en activo hasta 1951. En su caso, vivió tres épocas distintas del toreo sin apearse de su condición de primera figura. La última corrida se verificó el 1 de noviembre de 1951 en Utrera. Aquella tarde le dio la alternativa a Juan Doblado y Juan de Dios Pareja Obregón. Curiosamente, los tres se retiraron aquel mismo día.

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