La Serrezuela en Cartagena reconvertida en centro comercial

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La plaza circo-teatro "La Serrezuela" es historia.

Esta reconvertida en un centro comercial, eso sí espectacular, me dice asombrado el director de fotografía del portal Farley Betancourt desde Cartagena.

La historia está para desmontarse y es lo que han hecho allí. Solo quedará como recuerdo del toreo un pequeño ruedo con arena en medio del lujo de los locales comerciales. Y queda el pórtico de lo que fue escenario de exhibición de películas, toreo, boxeo y música caribe.

Y ademas, se cumplen 50 años de la tragedia del torero que cayó del cielo en paracaídas y terminó en el mar y no en el ruedo.

El Universal publicó un ameno artículo para recordarnos parte de nuestra historia, La Serrezuela.

Fue el arquitecto mexicano José ‘Torerín’ González quien convenció a los dueños de la compañía Vélez Daníes & Co. sobre la necesidad de una plaza de toros para la afición cartagenera, pues en la ciudad no existía un escenario de esta índole. Así lo explica el escritor Raúl Porto Cabrales en su libro ‘Historia Taurina de Cartagena de Indias 1894 - 2013’.

Primero se construyó una en San Diego, denominada por el pueblo como ‘Torerín’, la cual decayó con el tiempo y desapareció tras la Guerra de los Mil Días. Luego, en terrenos aledaños se levantó otra plaza, el ‘Circo de Variedades’, no tan espléndida.

En el mismo libro, Porto anota que “cierta tarde, un toro logró subirse al tendido de sol y provocó casi una catástrofe”. Parte del público sufrió fracturas al saltar de las gradas, intentando escapar del animal. Este coso fue reformado años más tarde para ampliar su capacidad.

LA SERREZUELA
En 1929, el empresario Fernando Vélez Daníes, dueño junto a su hermano Carlos de la firma Vélez Daníes, ordenó reformar nuevamente esa plaza para construir la Serrezuela. Para ello contrató al famoso ebanista cartagenero Marcial Calvo, que viajó a Maracay, Venezuela, para inspirarse en la monumental plaza de toros Maestranza y también tomó como referencia una fotografía del Palacio de Alhambra (España), que le dio un estilo moro.

“Ellos mismos, con una plomada en lo que era el centro y una pita, marcaron la circunferencia del ruedo de 30 metros, a partir de ahí se construiría lo demás”, comenta el capitán Jaime Borda Martelo, aviador y fotógrafo profesional, autor del libro fotográfico ‘Plaza de Toros Cartagena de Indias’. De madera canadiense de pinos rojos, con capacidad para 3.600 aficionados, se dice que en principio la plaza lucía un color gris, pero luego fue pintada de blanco.

Cartagena era considerada la puerta de entrada de Colombia de la torería andante y los más reconocidos toreros del mundo, como los ‘Bienvenida’ y los ‘Dominguín’, debutaron en la Serrezuela, desde la corrida inaugural en 1930, con Bernardo Muñoz ‘El Carnicerito de Málaga’ y José Ramírez ‘Gaonita’, con toros de la ganadería Aguas Vivas, de Fernando Vélez Daníes.

“La plaza fue denominada por el crítico taurino el ‘Papa’ Guerrero, como el coso de merengue, porque parecía un ponqué, pintada de blanco. Lo más importante es que ahí se vivía una comunión eufórica entre quienes asistíamos, porque la plaza era tan pequeña, tan recoleta, que todos nos saludábamos de tendido a tendido, era muy agradable vivir los toros ahí. Teruel, un torero muy famoso, decía que las ovaciones se sentían más ahí que en cualquier otra plaza de España, porque la gente gritaba olé y zapateaba fuerte en la madera”, recuerda el periodista taurino Edgardo Pallares Bossa.

Al ser inaugurada no tenía callejón, este le fue añadido en 1950, tras restar espacio al redondel. Y en 1938 se comenzó a llamar Circo Teatro, pues también empezó a usarse como teatro para cine. Se dice que, en ocasiones, el telón se caía por las travesuras de algunos muchachos que le lanzaban gatos en mitad de la función. Entonces, se prendían las luces y, entre rechiflas, se acababa forzosamente la película.

EL PINTURERO Y SU TRAGEDIA

“En la Serrezuela se dio origen a la Peña Taurina de Cartagena, la primera, que fue de la Porra de San Diego, que fundó Donaldo Bossa Herazo, pariente mío. Después vino la Peña Taurina Cartagena de Indias, El Tronío y El Clarín. Nacieron de la afición de la gente en los tendidos de esta plaza”, afirma el periodista Pallares.

Él asistió a esa plaza desde los cuatro años y recuerda con afecto algunas anécdotas como aquella ocasión en que Fernando González Pacheco, lo acompañó en un paseíllo (desfile inicial de las corridas).

La historia de la Serrezuela está ligada a décadas de recuerdos de tauromaquia, de cinéfilos y amantes del boxeo, porque también ahí se libraron importantes encuentros boxísticos y, además, fue cuna del Festival de Música del Caribe. Pero también está ligada a una tragedia inmortalizada en un óleo del pintor Enrique Grau.

Es la tragedia de Luis Ríos, el ‘Pinturero’, aquel torero español de 24 años que se lanzó en paracaídas para aterrizar en el centro de la plaza y ser recibido entre pañuelos blancos, como espectáculo principal de aquella tarde del 18 de diciembre de 1966.

“El Pinturero no fue nadie en la historia de la tauromaquia, no era nadie en España. Era un muchacho pobre que pasaba mucha fatiga, vino en buque, trató de buscar la fama lanzándose en paracaídas. Acababa de prestar el servicio militar y estuvo dentro de los comandos del paracaidismo militar. Eso fue aprovechado por unos empresarios que organizaron el espectáculo que no se debió permitir”, afirma el periodista Pallares.

‘El Pinturero’ no cayó en el ruedo, como estaba planeado, tampoco logró hacerlo en el sector de El Cabrero, donde fue suspendida la energía eléctrica, previendo que el paracaídas pudiera enredarse entre el cableado de alta tensión, en caso de alguna emergencia.

A juicio del capitán Borda, el 'Pinturero' no llevaba el paracaídas adecuado, lo que pudo hacerle perder el control y el arnés lo habría asfixiado antes de caer al mar.

El viento lo arrastró hasta Bocagrande, donde unos pescadores lo sacaron muerto. Su cuerpo no logró ser trasladado a España y lo sepultaron en el cementerio de Manga. “La última vez que el ‘Pinturero’ se lanzó en paracaídas fue en otra plaza, en Llerena, España, cerca de Sevilla. Pero no cayó tampoco en el ruedo, cayó en el cementerio de ese municipio, fue algo premonitorio”, cuenta Pallares.

Esa tarde de diciembre, la Serrezuela estaba repleta y la corrida continuó con el torero Boris Diazgranados en reemplazo del ‘Pinturero’.

El 5 de febrero de 1973 se dio la última corrida en la Serrezuela. Para ese año, ya se había creado la Corporación de Ferias Taurinas de Cartagena, para construir la nueva Plaza de Toros. A través del Concejo Distrital se prohibió dar espectáculos de toros en el coso de merengue, que en el año 1995 fue declarado Patrimonio Nacional y que paulatinamente quedó en ruinas ante la nula rentabilidad de la propiedad en ese momento. Hoy, que sus maderos se levantan nuevamente, que revive, en una obra que tiene tanto simpatizantes como detractores, es bueno recordar un poco de la historia de cómo se convirtió en una las plazas de toros más importantes de Colombia y Latinoamérica.

En el aeropuerto

Una vez, en el aeropuerto Rafael Núñez, uno de los toros escapó del guacal donde lo transportaban, dañó el fuselaje del avión y parte de un camión. Se necesitó mandar a buscar a personal y caballos de vaquería de la finca Aguas Vivas, en Arjona, para controlar al furioso animal y solo así volvió el orden al aeropuerto.

Dato:

20 de agosto de 1583 es la fecha del primer espectáculo de toros en Cartagena, según el libro Historia Taurina de Cartagena de Indias.

Vale la pena traer a colación lo que contó en su día "El pollo" Pallares :

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