Jose Maria Garzon, nuevo apoderado de Paco Ureña

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El empresario José María Garzón que lleva plaza como Granada y que dejó de apoderar a Jose Garrido y a Joaquin Galdós es el nuevo apoderado de Paco Ureña que cerró su apoderamiento con Casas y Juan Diego por diferencias protuberantes.

Asi que el empresario que ha sido capaz de que José Tomas le acepte en dos ocasiones torear ( las únicas en dos años del torero de Galapagar ) es el mentor de este torero murciano que contrajo matrimonio con una de las hijas del maestro Dámaso Gonzalez tras un temporadón en España y Francia.

Cito las elogiosas palabras ( y mi amigo Carlos Illian no es cronista que regale elogios ) en Marca tras la corrida en San Isidro este año :

¡Torero!, ¡torero!, ¡torero! exclamó la plaza de Madrid cuando Paco Ureña finalizaba su faena el toro que cerró la inolvidable tarde en la que este torero ha puesto muy alto el listón de la fiesta. Y lo ha conseguido sobre la base de la tauromaquia más pura. Su actuación ha sido un modelo, una lección, un ejemplo de lo que se entiende por torear dentro de los cánones sagrados de la verdad.En su primer toro ya encendió la plaza con un quite por verónicas rematadas por una media que fue antológico.

Quiso responder Roca Rey con unas chapuceras chicuelinas y Ureña volvió a abrirse de capa y dijo que el rey era él. Se plantó muy firme con ese toro en una faena de muleta pisando el terreno de la verdad y pagándolo con una cogida que le dejó lesiones en costillas y clavícula. Pero se repuso para rematar su labor dejándose la oreja que tenía casi cortada por un feo espadazo después de un pinchazo.Y pasó a la enfermería para salir y poner boca abajo la plaza de Madrid en ese último toro, un toro que el destino le reservó dentro de la mansada de Victoriano del Río.

Ese ejemplar se empleó en la muleta y Ureña tejió el toreo con la verdad por delante. Redondos y especialmente los naturales de tersura, citando muy cruzado, cargamdo la suerte y en ese mar del toreo auténtico navegó en los trincherazos de cartel de toros. Una estocada arriba y una agonía infinita del toro para un final de éxtasis, las dos orejas y una salida a hombros multitudinaria. Rey había uno, se llama Paco Ure

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