Gonzalo Caballero desnuda su alma tras la terrorífica cornada

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( La foto de Gonzalo Caballero refleja en su rostro las consecuencias del cornalòn en Las Vetnas y a su lado su àngel guardiàn,, el mèdico Màximo Garcìa .......Ya todo pasò, para bien)

A las 7 de la mañana ( hora colombiana ), Gonzalo Caballero, que estuvo a punto de cruzar el umbral de la vida a la muerte tras un cornalòn en la plaza de Las Ventas, saliò en silla de ruedas a su casa pero previamente ofreciò una rueda de prensa para , dolido, advertir que quienes lo califican de torpe iràn a verlo nuevamente y les demostrarà què tipo de torero es.

El doctor Màximo Garcìa Padròs no vacilò en describir aquellos instantes iniciales al llegar ala enfermería : «Fueron horas críticas durante dos días»

Miguel Abellán, valorò en grado sumo «la capacidad del ser humano» para superar trances «de extrema gravedad».

«Voy a tratar de controlar lo sentimientos porque están a flor de piel. Esta noche no he podido dormir, no me creía que llegase este momento, no sabía cómo enfocar esta rueda de prensa, quería prepara un discurso, pero al final lo mejor es decir lo que único siente», abriò la conversaciòn con los periodistas como desplegando el capote para los primeros lances.

«Mi senación es de plena gratitud. En primer lugar doy gracias a Dios y a la Virgen de poder estar aquí. Me siento muy orgulloso de la mesa en la que me encuentro. Al doctor don Máximo García Padrós le brindé el toro por al admiración que le tengo, por las veces que me ha curado, pero no sabía que que en el toro que le brindé me iba a salvar la vida. Me desperté dos días después de la cogida y le doyo las gracias a Dios todas las mañanas por haber aparecido en mi vida».

Al doctor Gandarias: «Es usted un hombre admirable como persona y como médico no tengo nada que decir que nadie sepa. Cada paso que dé será gracias a usted». Y a De Teresa: «A ti, Marisa, hay una frase que lo resume todo. En la UCI me dabáis casi diez patillas al día y había una cosa, tu sonrisa, que valía má que cualquier medicina. Cuando estaba amarillo e hinchado, más para allá que para acá, eso me ayudó mucho».

También hubo palabras para Miguel Abellán y Carlo Ochoa, «dos hermanos, que cuando decían que me iba tiraban de mi madre».

Pero la cornada volvia al escenario de la sala del hospital donde el convaleciente y valeroso torero rendìa su parte a los periodistas : «Dicen que los toreros estamos preparados... En el transcurso ese en el que me llevaban a la enfermería, asumir mi muerte fue algo muy duro. Cuando llegué a la camilla apenas podía respirar y noté un grifo de sangre caliente en mi mano. Le pedí al doctor que le dijese a mi madre que la quería, porque mi madre es el ser más maravilloso de este mundo».

Creo que fue infortunio. En el momento que me pegó la cornada, tuve que meter el puño para salvar la vida. Procuro recordarlo lo menos posible, sentí que me iba... Pero ya está asimilado y volveré más fuerte».

Pero la vida nos da lecciones y a este joven de 27 años que la herida en su cuerpo le abriò otros mundos, pues a partir de entonces ya no es el mismo, dijo : «Se trata de aprender y dejar un legado. Prefiero hablar del 15 de octubre. Llevaba treinta y pico horas y me puse a llorar mientras me veía conectado a una máquina de diálisis». Los hombres lloran. Y los valientes también. «Aquel día me vi derrotado -continuó su sincero relato-. Es muy duro decirlo, pero espero que mi caso ayude a la sociedad. Pensé en abandonar todo, ya no el toro, sino la persona, me dijeron que tenía una crisis renal gravísima, que iba a ser una lucha muy dura, me imaginé conectado a una máquina de por vida...»...Desgranò unas bellas palabras a su madre que estaba al fondo del salòn hospitalario : Està muy orgullosa de mí. Me hablaron de la cantidad de gente joven que había ido esa tarde a Las Ventas, con quince mil personas, y me di cuenta de que la vida no es abrir una Puerta Grande, sino que es caerse y levantarse, seguir con la cabeza alta. Y me vine arriba de una manera que nunca había sentido». En ese instante, Caballero comenzó a «soñar con su reaparición, con el vestido, y pensé la suerte que tengo de dedicarme a esta maravillosa profesión, de poder entregar mi vida, que se dice pronto, pro crear arte». Entregarla y estar a punto de perderla «para dignificar el toreo».

Serà fiel a su manera de entender el toreo mas allá de la cornada : «He bebido en la fuente de la pureza, de la autenticidad. Madrid siempre me ha dado todo y me alimenta el alma. Si tengo que perder que se siendo puro. La cornada fue entrando a matar, un accidente. La faena era de premio y fue de premio (a la enfermería le llevaron una oreja). Aquellos que me ven torpe porque me cogen los toros pronto irán a la reventa para verme torear».

Hincha del Atlético de Madrid, recogiò unas palabras del director tècnico argentino, "El Cholo Simeone" : «la vida es partido a partido y hay que ir ganando pequeñas batallas».El sufrimiento da paso a las alegrìas y el espada, que volverà pronto a los ruedos tendrà su recompensa, y la mayor recompensa es sentirse admirado. Ver cómo el tendido 7 me sacaba a saludar fue maravilloso y todos los mensajes recibido me han ayudado a curarme».

Es de bien nacido ser agradecido :«A los medios, a Manolo Piñera, a mi gente, mi familia, mis amigos, el equipo médico, la gente del hospital...» La gratitud de Gonzalo Caballero «a la vida por darme una segunda oportunidad, seguro que me espera algo maravilloso».

Solo falta que se enfunde el traje de luces , haga el paseillo y salga por la puerta grande.

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