Gesto de Mora con Ferrera y recital de toreo en Badajoz con Emilio de Justo

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Antes de iniciar la lidia del tercer ejemplar, en un hecho inusual, el diestro de Plasencia Juan Mora se subió al tendido en dirección del extremeño Antonio Ferrera para sentarse a su lado y brindarle la muerte de su oponente, al lado suyo estaba el diestro Julio Aparicio, como se aprecia en la foto. Lo hizo con mucha humanidad y con cariño recordando también la gesta similar que tuvo Antonio Ferrera hace tres días en Córdoba, cuando él mismo se subió al tendido y regalar su trofeo a un joven aficionado en silla de ruedas que admira al torero extremeño.

Sin embargo, a las siete de la tarde el termómetro marcaba 35 grados y un molesto viento del suroeste no hacía más que aumentar la sensación de bochorno. Todos querían que fuera otoño y era una primavera tardía en la que solo la ventisca enmascaraba el termómetro.

A medida que avanzaba la tarde, el sueño otoñal parecía disiparse. No pudo sacar nada Juan Mora del primero, que se negó a embestir al poco de comenzar el placentino la faena de muleta y al que solo pudo arrancar un par de naturales marca de la casa. Trató de matarlo de forma algo precipitada, a la salida de una tanda, aprovechando su costumbre de torear con el acero montado en su muleta, pero pinchó y tuvo que volver a entrar para dejar una media que bastó para que el animal doblase.

Con el segundo llegó el susto de la tarde. ‘Buscarillo’ el número 101 de El Pilar se llevó puesto a Emilio de Justo en uno de los lances de su saludo capotero y a punto estuvo de acabar con la participación del de Torrejoncillo en el mano a mano. Sensiblemente dolorido recuperó su posición ante el toro para comprobar que este se había partido una mano y debía ser devuelto a los corrales.

Con el segundo bis se unieron la falta de facultades de De Justo tras su espectacular cogida y la falta de condiciones de un toro que solo dio medias embestidas y que echó la cara arriba a la salida de cada encuentro con la franela del torrejoncillano. Un pinchazo y cuatro descabellos necesitó Emilio para dar muerte al salmantino tras recibir un aviso.

Dos verónicas, un buen puyazo y un paso en falso en banderillas de Carlos Mora fue lo que duró el tercero de la tarde antes de partirse una mano y ser devuelto a los corrales.

Llegó el otoño
Con el tercero bis comenzó a cambiar la tarde de forma radical en el ruedo y en los tendidos. Mientras su cuadrilla terminaba un insulso tercio de banderillas, Juan Mora se encaramó a los tendidos para llevar a cabo un improvisado brindis a Antonio Ferrera, que compartía localidad con el matador de toros Julio Aparicio. Ante la confusión de la plaza por tan inusual gesto, el hijo del Mirabeleño comenzó la primera de sus dos clases de torería sobre la arena de la Era de los Mártires. Dos tandas de derechazos con el sello inconfundible de la saga familiar anunciaban faena de las gordas, antes de que el placentino tomara la muleta con la izquierda y deleitara con una series de naturales que abastecerían por meses a una imprenta de carteles de toros.

Otra tanda de naturales, cerrada por un pase de pecho que humedeció los ojos de los seguidores de Juan Mora, precedió a una nueva estocada improvisada, que acabó en un pinchazo que necesitó de una media más para que el de El Pilar acabara en el ruedo. A pesar de la fuerte petición, el placentino hubo de conformarse con dar una vuelta al ruedo.

Tras su paso por la enfermería, Emilio de Justo se enfrentó al cuarto de la tarde con la sensación de que no podía dejar escapar el triunfo en una tarde que tanto le había costado conseguir. Y así fue. Un quite por chicuelinas, un gran tercio de banderillas y un brindis al público precedieron a la faena que tantas veces soñó el torrejoncillano mientras entrenaba en solitario en esa misma plaza. A pesar de que el toro no acabó de romper a colaborador, el público de Cáceres pudo ver el toreo vertical que ha cautivado a tantas plazas de España y Francia en los últimos años. El salmantino se resistía pero De Justo acortó las distancias y puso al público en pie con una tanda de derechazos que precedieron aun estoconazo que dejó las dos orejas en el esportón del de Torrejoncillo.

Inició su faena de muleta Juan Mora al quinto doblándose con él en el tercio en una serie de muletazos genuflexos que comenzaron aflorar la emoción en los tendidos. Muy templada la primera tanda por la derecha, derroche de torería en la segunda y una tercera que puso al público en pie. Lo había vuelto a hacer, Juan Mora se había transportado al otoño de Madrid de hace nueve años.

En una tarde de brindis improvisados, a media faena Juan Mora dedicó la muerte del quinto a Emilio de Justo antes de tomar la muleta con la izquierda para poner la plaza boca abajo. Esta vez acierta con la estocada y aplaude el arrastre del toro de su triunfo.

Con el que cerraba plaza Emilio de Justo poco pudo hacer. El de El Pilar no dio más que medias embestidas, mantuvo siempre la cara arriba y dificultó incluso la suerte definitiva para morir de pinchazo y estocada entera.

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