Festival de lujo en Guachicono con toros santacolomeños

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El Valle del Cauca tiene una gran tradición taurina y sus festivales hacen parte del quehacer espiritual de esta región en cuanto tiene que ver con la cultura del toro.

En un paraje idílico que es un oasis a pocos minutos de una autopista que lleva y trae miles de vehículos saliendo de Cali a Palmira que se llama parcelación "La Dolores", la familia Castro Zarzur ha levantado una plaza de tientas y un acogedor salón techado para compartir antes del festejo en medio de la camaradería y la buena parla que solo es posible en condiciones de sosiego.

Tras un almuerzo frugal, dos novillos toros de don Ernesto Gonzalez y un becerro para el niño Cristian Restrepo en un festival que es un abre bocas a la temporada de Cañaveralejo que se inicia el 26 con la novillada bajo la tutela de Promotoreando.

La bendición del Santa Coloma afloró con esa calidad de los ejemplares que cuando salen bravos fijos, humillando y con nobleza son bocatto di cardinale. El primero para Cesar Camacho que ha toreado a placer , desmayado, sin premuras, con sentido del temple, de la lidia, sabiendo que tenía un bombón enfrente, con recorrido, fijeza y prontitud. Fue un derroche de gracia, de bien hacer, de toques oportunos, de detalles toreros ( unas trincherillas de cartel ). A un Festival se va a catar lo bueno y mucho de eso se lo debemos a la crianza que prolongan las hijas de don Ernesto , las nietas de don Guillermo Valencia con delicado mimo. Pues el novillo tuvo tal clase y el torero tal acierto que se indultó

El segundo para Guerrita tenia más que torear, mas exigente. En un comienzo fue al caballo con la cara alta, se quedó en los adentros pero ese fondo que atesora sacó y empezó a embestir por abajo el bello cárdeno. Hernan se embriagó de torear , la gente lo pasó a mares de felicidad mientras el torero desplegaba todos sus recursos, él mismo salía del muletazo con la cara alta bañada por la alegría y con ese gesto de saber que lo ha hecho a la perfección. O casi. Un espadazo, dos orejas

Por problemas de logística el festival comenzó más allá de la hora prevista y la cara de una luna enorme apareció en el cielo caleño dejando en la penumbra la bella plaza en tanto un niño-torero que es una esperanza bregaba para dar muletazos, estirar su bracito, animar al bececrrito que tenía poca fuerza y entusiasmar a los mayores con sus buenas maneras. De momento Cristian Restrepo es una ilusión, una enorme posibilidad, dejemoslo transitar tranquilamente que ya irá aprendiendo esos secretos de la lidia, evitar perderle la cara al toro o dejarse entablerar. Es un niño. Y sus actuaciones no se pueden juzgar con el rigor con el que se escribe de los mayores y avezados " colegas " de profesión.

El solo hecho de encontrar a los amigos, a viejos aficionados , a los ganaderos, a los subalternos, a los colegas de profesión, a los toreros ( me dice Joselillo de Colombia, hijo, que va a torear el año entrante en Arles un festival , nada menos que en la tierra donde la impronta del imperio romano dejó su sello y más tarde mucho mas tarde Van Gogh recorrió sus calles , trabó amistad y querella con Gauguin y pintó cuadros maravillosos.

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