Felices 85 , maestro Curro Romero

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(Francisco Romero López; Camas, 1933) que destacó por su lidia de gran belleza plástica, pese a la irregularidad de sus actuaciones.

Hoy 1 de diciembre es el cumpleaños de uno de los toreros más geniales, imprevisibles y artistas del siglo XX . Cumple 85 abriles y desde este portal le rendimos el cariño y tributo de admiración.

Y esa natural filosofía andaluza para entender la vida. En una reciente charla en Caja Sol Sevilla, dijo entre otras cosas :

“En mi casa no había radio ni nada; mucho trabajo y mucha alegría; no había penas” señaló el camero recordando sus tiempos, siendo casi un niño, de cobrador de la peña Carlos Arruza. “En la peña había una radio e íbamos allí a escuchar a Matías Prats retransmitir las corridas” evocó el torero que aún no había podido ver los toros en la plaza de la Maestranza. “Yo decidí ser torero para que mi familia no pasara las fatigas que yo pasaba trabajando en el cortijo de Queipo de Llano; me gustaba el campo y el ganado pero los cochinos me daban mucha lata y mi abuela me buscó un trabajo en una farmacia. Me dejaron una bicicleta y decidí ser torero como el que coge un puesto de camarero. La suerte que he tenido ha sido impresionante. Sevilla me ha dado el pasaporte para el mundo entero...”

En el encuentro moderado por el periodista Carlos Herrera hubo " más cosas curristas " :

“Pero usted ha sido torero de Madrid también, le han sacado siete veces a hombros en Las Ventas”, le replicó Herrera. “Y una vez más que salí corriendo para que no me cogieran”, respondió Curro. “¿Y cómo eran las tardes más aciegas?”, insistió el locutor. “Me tiraban de todo, venían los guardias con los parapetos para sacarme y yo me preguntaba qué había hecho...” Curro arrancó las primeras carcajadas respondiendo sus propias preguntas: “agradecérmelo, que me lo he quitado de en medio”.

Herrera recordó aquellos tiempos en los que Curro Romero viajaba entre el éxito y el fracaso. “No eran petardos, era quitarme de en medio un animal que no me valía”, precisó Curro. “Cogí una racha terrible, estaban deseando que aquello no saliera nunca y me tiraban rollos de papel, escupideras...”. El público ya había entrado de lleno en el meollo de una charla trufada de anécdotas. Romero llegó a confesar un momento en el que pensó dejar la profesión. “Te están riñendo por lo que dejan de ver”, le argumentó un amigo, devolviéndole la confianza.

Curro Romero vistió el traje de luces por primera vez en 1954 en la pequeña plaza de toros de La Pañoleta (Sevilla), y apenas quince días después hizo su debut en un festejo con picadores. Tras tomar la alternativa en Valencia en 1959 de manos de Gregorio Sánchez, protagonizó un sonoro triunfo en la Feria de Abril de Sevilla de ese año y, con la confirmación de su doctorado, fue incluido en el escalafón superior del toreo.

En la campaña de 1960 toreó en veintitrés corridas, y al año siguiente, en treinta y una. En 1963 obtuvo un éxito memorable en la Corrida de la Prensa de Madrid, donde, tras medirse con los hermanos venezolanos César Girón y Curro Girón y el manchego Pedrés, fue galardonado con la Oreja de Oro. Este éxito fue el inicio de otros muchos, como el de la tarde del 19 de mayo de 1966, cuando, tras encerrarse en solitario con seis toros, salió a hombros por la sevillana Puerta del Príncipe; sin embargo, su carrera no estuvo exenta de fracasos, de los que fue preludio su faena en el ruedo madrileño el 25 de mayo de 1967, en la que se negó a matar un morlaco, alegando que estaba placeado.

A los largo de su trayectoria, en efecto, se alternarían los méritos (gracias a su espléndida concepción e interpretación del arte del toreo, armoniosa y depurada, que le llevó a reinar en los cosos con el apodo de El faraón de Camas) y las faenas bochornosas, en las que daba muestras de desidia o cobardía. Fueron memorables sus triunfos durante la campañas de 1984, año en que toreó trece corridas (entre las que destacó la del 30 de abril, en la que cortó dos orejas en la Real Maestranza), y de 1985, con veintiuna corridas, entre ellas la de la tarde del 1 de junio, cuando alternó en Madrid con Antoñete y Curro Durán.

A principios de la década de 1990 entró en una fase de declive, con la sola excepción de la temporada de 1996, una de las más destacadas de su carrera, con clamorosos éxitos en los cosos de primera categoría; sin embargo, se resistió a cortarse la coleta y continuó toreando, aunque de manera cada vez más espaciada, hasta que en el año 2000 anunció su retirada definitiva de los ruedos.

Curro Romero mantuvo una alta cotización en las plazas más importantes a lo largo de su dilatada trayectoria. Fue el torero que en más ocasiones salió a hombros por la Puerta Grande de Madrid y por la Puerta del Príncipe de la Maestranza de Sevilla; con todo, no fueron pocas las ocasiones en que hubo de abandonar los cosos bajo una lluvia de almohadillas o escoltado por las fuerzas de seguridad.

Sus mejores tardes mostraron, entre otras virtudes, su proverbial elegancia con el capote, sus verónicas de ritmo y cadencia inigualables, y su hondura y plasticidad en la manera de interpretar el toreo de muleta, cualidades que se vieron ensombrecidas por su dificultad a la hora de ejecutar la suerte suprema y sus “espantás”. Convertido en una figura carismática, idolatrada por unos y denostada por otros, su figura despertó como ningún otro las emociones de sus fidelísimos partidarios y las críticas de acérrimos detractores.

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