El toro se extinguirá si se acaban las corridas

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El toro de lidia es un animal totémico, por su fuerza y bravura. Muchos pueblos lo asocian, en su imaginario cultural, con la fertilidad y el valor. Su selección y crianza, a lo largo de los siglos, ha creado un tesoro genético que solo existe en países con tradición taurina. ¿Por qué solo donde se celebran festejos taurinos? Lo veremos.

−Ni carne ni leche−

La rentabilidad del ganado de lidia para carne o leche es ínfima, frente a lo que requieren: esmerada alimentación, como atletas; dedicado cuidado y difícil manejo, por ser bravos y agresivos.

La esencia de la diversidad cultural que representa la tauromaquia es el ganado de lidia. Diversidad y cultura que consagran UNESCO, tratados internacionales de los que el Perú forma parte y la Constitución. Sin el toro, desaparecería parte importante del respeto a la cultura de las minorías que nuestra carta magna reconoce como derecho fundamental.

Más de cuatro millones de peruanos consideran que los toros son parte de su cultura y festividades. Numerosísima minoría que vería vulnerado su derecho fundamental y constitucional a la cultura si se prohibiese o adulterase la tauromaquia.

−Exterminio masivo−

De prohibirse la tauromaquia, explícita o implícitamente, habría que exterminar masivamente centenares de miles de animales de lidia en el Perú: toros, novillos, becerros y vacas.

Eliminar la tauromaquia por decreto o por una sentencia que pretendiese legislar cómo debería ser la lidia –eliminando, por ejemplo, la muerte en el ruedo o la puya− acabaría, de hecho, con la esencia de la cultura que esta representa.

En consecuencia, quien lo hiciera sería responsable de la eliminación masiva de ese tesoro genético, con nocturnidad y alevosía, en los mataderos.

−Animal heterocigoto−

La ganadería de bravo puede ser muy frustrante y sacrificada; solo es posible si se ama al toro de lidia, que a diferencia de los animales de granja como los pollos de carne, es heterocigoto. Por el contrario, todos los pollos o gallinas ponedoras son idénticos: su carga genética es igual en ambos cigotos. Por eso, criarlos apiñados y matarlos por millones, es como una línea de producción en serie.

Pero el toro de lidia, no. De un gran toro y una vaca sobresaliente pueden nacer, indistintamente, toros bravos o menos buenos. El ganadero no lo sabrá hasta que el astado cumpla cuatro años y vaya a la plaza o se le tiente en la ganadería. Hasta entonces, el toro habrá vivido a cuerpo de rey, en una enorme extensión de campo, ilusionando a su criador, que podría llevarse, al ver su lidia, una gran desilusión.

−Sumamente costosa−

Después de la reforma agraria de 1968, desaparecieron en la costa fincas medianas y grandes, donde se pudiera criar ganado bravo con pastos naturales. Por eso, hoy los ganaderos se ven obligados a comprar alimento para sus animales, encareciendo la crianza.

Rafael Puga y Hernán Velarde sacan cuentas de lo que les cuesta mantener sus ganaderías −Camponuevo y La Centinela− y lo comparan con lo que obtendrían si dedicaran sus tierras a frutales para exportar: lo hacen solo por su gran afición.

Alfredo Galdós, en Santa Rosa, compatibiliza ambas cosas: cultivos de exportación y ganado de lidia, pero a las reses le compra costosa alimentación.

Aníbal Vásquez, padre e hijo, crían en una extensión mayor, pero es un bosque seco del norte y tienen que alimentarlos a un elevado costo.

No se los llevan a la sierra, donde hay extensiones mayores con pasto, pues es casi imposible conseguir allí fundos grandes debidamente titulados.

−Guardián de la ecología−

El ganado de lidia vive en condiciones envidiables y en extensos campos, muy distintas que la de los pobres animales para engorde. No pueden vivir encerrados; es necesario criarlos en espacios que, en la práctica, se han vuelto paraísos naturales y ecológicos.

Si se exterminase –obligadamente− el ganado de lidia ¿quién mantendría la ecología de esos lugares? Nadie.

Con el avasallador auge popular de la tauromaquia en la sierra sur del Perú, han aparecido en Ayacucho, Apurímac, Cusco, Arequipa y Puno centenares de nuevas ganaderías de bravo. Empezaron con simiente de prestigiosos hierros locales, pero luego importaron reses de Colombia y España.

Esos ganaderos del Perú profundo los crían, con cuidado y desvelos, en parajes maravillosos de nuestra serranía.

−Siete por uno−

Por cada toro que va a la plaza, quedan en la ganadería siete animales −vacas, becerros y becerras− que jamás serán liadidos y vivirán, para siempre, en condiciones envidiables. ¿Quién se anima, algún magistrado del TC, a decretar el exterminio de centenares de miles de reses?