El sevillanisimo pregón taurino

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“Aquí manda el Faraón,/ el redentor, el mesías,/ el torero salvador,/ un cristo de la armonía/ esfinge sin dimensión/ que en la plaza resucita,/ liturgia de la emoción/ rezando la letanía/ más antigua del fervor/ que en el silencio suspira/ la tierra que lo encumbró:/ ¡hoy hay toros en Sevilla!/ y en los toros manda Dios,/ por eso Sevilla grita:/ ¡Romero y sanseacabó!”

(Alberto García Reyes )

El periodista sevillano Alberto García Reyes, adjunto a la dirección del diario ABC, ha trazado un retablo de toros, toreros y personajes del toro en el que no han faltado toques de humor para cantar a la fiesta de los toros en el teatro Lope de Vega de Sevilla. García Reyes ha pronunciado un intenso pregón, de gran carga literaria, que ha culminado con una definitiva profesión de fe currista.

El tradicional acto, organizado por la Real Maestranza de Caballería en colaboración con el Ayuntamiento de la Ciudad, ha vuelto a ser el definitivo pistoletazo de salida a la temporada taurina hispalense que se inaugura esta tarde en el coso maestrante con un cartel integrado por Julián López ‘El Juli’, José María Manzanares y Andrés Roca Rey, que lidiarán un encierro de Victoriano del Río.

El acto fue presidido por el alcalde Juan Espadas acompañado del teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Sevilla, Santiago de Léon, además de las primeras autoridades civiles y militares de la ciudad y numerosos representantes de la sociedad y la cultura sevillanas.

El escritor y periodista de Dos Hermanas ha sido presentado por Miguel Ángel Castro Arroyo, Rector Magnífico de la Universidad de Sevilla, que se anticipó al pregonero en el uso del verso. El acto ya había sido introducido por Juan Carlos Cabrera, teniente de alcalde delegado de Fiestas Mayores que definió la fiesta de los toros como “símbolo inequívoco de la identidad de España”.

Los pasodobles ‘La Concha Flamenca’ y ‘Curro Romero’, interpretados por la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, dieron paso al pregonero que comenzó su intervención con un largo y emotivo romance de octosílabos bajo un epígrafe común: “la historia del miedo”, que le sirvió para trufar sensaciones, un vademécum de la nómina de toreros hispalenses y una primera declaración de intenciones de su filiación currista.

Ese extenso preámbulo fue seguido de la salutación formal a las autoridades, que el pregonero adobó de su propia personalidad para desgranar un texto rítmico, frecuentemente interrumpido por ovaciones y separado por los clarinazos de la Banda Municipal al modo de los cambios de tercio de las plazas de toros.

“Muerto de miedo,/ vengo a cumplir con el rito/ del artista más cimero/ que mis lágrimas han visto,/ el más sublime hechicero:/ pongo en mi pecho un ramito de la esencia de Romero”. Y así era: una rama de romero adornaba la solapa del pregonero que supo arrancar las primeras risas del público volviendo a nombrar el miedo insuperable de un empresario que no superó la prueba con una becerra.

A partir de ahí comenzaron otras referencias. Como la experiencia de José Moreno, antiguo hermano mayor de la cofradía de los Gitanos, describiendo sus sensaciones cuando, camino de la plaza, descubre el particular universo humano que rodea los prolegómenos de una corrida de toros. “Antes de que me pique el de la puerta ya he amortizado la entrada”, bromeó el pregonero.

Hubo otra larga intervención para glosar el capote y la personalidad taurina de Rafael de Paula antes de cantar al toro como piedra angular de la Fiesta evocando todas las reses indultadas en la plaza de la Maestranza. Las figuras de Cagancho, Chicuelo o Ignacio Sánchez Mejías tampoco se escaparon del texto de Albero García Reyes.

El pregonero dedicó lo que él mismo definió como “último tercio” al profundo diálogo taurino, artístico y hasta existencial entre el toro ‘Dédalo’ de Juan Pedro Domecq y el diestro Paco Ojeda. Es una faena, que el diestro sanluqueño interpretó en la Feria de Abril de 1988, mitificada por el tiempo. García Reyes acudió, precisamente, al mito del laberinto, Teseo y el Minotauro para recordar ese trasteo legendario.

“Que Dios conceda a ese quinto/ de Domecq su venturanza,/ que le ha dado a la Maestranza/ las llaves del laberinto./ Es Dédalo el que aboveda/ el templo de lo imposible/ frente a un héroe irrepetible/ que se llama Paco Ojeda” fueron los últimos versos de esa pieza dedicada al torero de Sanlúcar de Barrameda.

El texto sólo podía culminar redondeando ese canto de fe currista: “Voy a hablar de un elegido, de alguien que resucita la fiesta en nuestra memoria” señaló García Reyes antes de preguntarse “¿Quién es el omniniscente, el omnipotente?”. El propio pregonero tenía la respuesta: “Uno que después de 60 años de alternativa y 19 de retirada sigue siendo el que manda...”

(Correo de Andalucia )

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