El salto de la garrocha emocionò a Las Ventas

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La de este sábado en Las Ventas con Ferrera en solitario y al final en hombros fue una tarde de detalles, de sensibilidad, de cuadrillas conjuntadas , de remembranzas a parte de la historia del toreo como ese salto de la garrocha que puso en pie a la plaza . Raúl Ramírez lo interpretò … Lo intentò y no resultò y tras esa primera acción fallida porque el toro se quedaba corto y se revolvìa como un latigazo , fue a la segunda, aunque tuvo que salir por un costado . No obstante los tendidos le ovacionaron de pie. Y pares de banderillas que nos devuelven a tiempos idos cuando Pepe Dominguin salìa airoso por el otro piltòn,sin carreras innecesarias -.

EL SALTO DE LA GARROCHA , SEGUN GOYA

Es una suerte de los toros practicada normalmente hasta finales del Siglo XIX y que había quedado casi olvidada, y, si no lo estaba, en gran parte, era gracias precisamente uno de las obras de Goya: El salto de garrocha de Juan Apiñani.

Een el tiempo nos han quedado nombres y descripciones sobre varios expertos en esta forma de burlar las acometidas del toro haciendo uso simplemente de un palo, es decir una garrocha de las que normalmente utilizan los vaqueros para conducir rebaños de toros y que aparecen claramente definidas en las ilustraciones quijotescas de Gustavo Doré.

En la actualidad se ha vuelto a retomar esta suerte acompañando a otras que no se encuentran en los clásicos reglamentos del toreo a pie iniciados por Pepe-Hillo, tales como recortadores, saltadores, encierros, etc..

En la obra aparece Apiñani ejecutando la suerte dando una sensación de control y ligereza tan suelto y extraordinario que bien, en este aspecto, se pudiera comparar con los saltadores actuales de pértiga.

La preparación física y mental del saltador se nos ocurren de gran calidad siendo totalmente representativo del aspecto físico- deportivo del lance.

La historia de los grabados también es particular. Según cuenta el comisario, en su día Goya hizo 45 en 33 planchas, pero imprimió solo 33 porque «pensaba que esos eran los de mayor calidad». Después de la muerte del pintor aragonés, uno de sus nietos vendió las planchas y estas aparecieron a mediados del siglo XIX en París. Entonces un grabador francés descubrió que siete de las planchas estaban grabadas por los dos lados y a partir de 1857 se registraron 40 imágenes. Las otras cinco de las 45 iniciales se han perdido.

Goya pintó «La Tauromaquia» al final de su vida, justo después de la Guerra de la Independencia, en un momento en el que sus grandes mentores, los reyes Carlos III y Carlos IV, habían muerto o ya no vivían en España. Esta fue una etapa difícil para el pintor porque con el nuevo rey, Fernando VII, no tuvo sintonía, dejó de recibir encargos y terminó por exiliarse en Burdeos (Francia), donde moriría en 1828 no sin antes pintar otra serie de cuatro litografías de temática taurina. «Acabó más cerca de la pobreza que de aquellos tiempos de oropeles, dinero y fama», recuerda Javier Gallego el comisario de la exposición que se realizò en España hace dos años.

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