Dos "Talentos" , un toro de Juan Bernardo y un niño de Medellìn, Juan, hacen historia

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Quizàs Pedro y los Chamanes que invocaron desde Mèxico a sus dioses para que no lloviera en Bogotà ( la empresa es de origen azteca ) son los responsables de una tarde de verano al cierre de la temporada en una corrida que marca un hito en la rica historia de La Santamarìa por mùltiples detalles que resultaron un crisol de emocionantes sensaciones . Màs de tres cuartos de entrada , un encierro bien presentado, en tipo ( quizás uno bajò la nota pero no empaña el conjunto ), variado de capa y juego con toros excepcionales por casta, bravura y nobleza , dos que se malograron un mansòn, un septimo de regalo que dio juego, la retirada de dos grandes profesionales El Piña y Miguel Aguilar que entregaron sus mejores años como subalternos, volvieron los silencios y una terna que no se dejò nada en la piel.

Y otro momento, las pancartas portadas por un grupo de banderilleros peruanos cuya tauromaquia logrò el consentimiento de la Corte Constitucional y otra llevada por los toreros colombianos para señalar la irreductible decisiòn de no claudicar ante los embates de los antis.

Un toro de vuelta al ruedo, otro indultado, varios se fueron entre palmas y uno pitado ( esas legìtimas protestas que uno no entra a juzgar pero que hacen parte de esa libertad pues el ruedo es la vida misma en esas dimensiones ) ,siete orejas ,un faenòn de Roca Rey, otro de Castella ( entregado toda la tarde como un novillero que apenas araña la profesiòn ) y la consolidaciòn de un torero de Medellìn, Juan de Castilla que deslumbrò a la aficiòn y eso que tenìa a lado y a lado a dos figurones que nunca se lo pusieron fàcil.

!!!Què toro!!!! ese Talento que se corriò en septimo lugar ( se habìa devuelto el primero por lesiòn y saliò el sobrero ). Es una lamina. Las hechuras delatan al toro bueno, que cierto es que el fenotipo es revelador de la grandeza. Que alegrìa mas dulce poder constatar aquello de que los toros necesitan suerte en el sorteo : Juan, del barrio Castilla de Medellìn se agigantò desde que los vio salir con esa enjundia por toriles y dejò un par de verònicas y la media. Le echa el capote alante y lo lleva al caballo por cacerinas ( esas que recuerdan al maestro Pepe). El varilarguero marca el puyazo y el torero quita por chicuelinas, verònicas , otra vez la media y revolera.

Castilla abre con doblones y un trincherazo.El toro es encastado, repetidor, echando ese morro abajo, noble y embistiendo con el hocico prendido a los vuelos de la muleta. Las tandas se suceden entre el clamor. !!Còmo embiste !!!!!. Juan se pega un garbeito para darle respiro al clasudo Talento que va amas, que tiene temple y que genera màs pasiòn entre la alelada y entregada aficiòn bogotana.

El chico que descubriò el artista Josè Fernando Arango ( planta firme y erguida la figura como querìa don Pepe Alameda ) se queda en el sitio, clavadas las zapatillas, la mirada al toro, el cuerpo como eje, los brazos para conjuntar muletazos y los dedos apenas tocando el estaquilador de la muleta para la finura, para la creaciòn de joyas de arte ,juego con los sentidos y la cintura y lo lleva larguisimo y suavemente en un viaje que parece un letargo.Hay profundidad en el toreo del antioqueño, toreo circular y en redondo, invertidos, forzados a la hombrera contraria, la muleta se enrosca en la fina figura del joven moreno, mestizo, nuestro. Viene un natural, y una tanda de tres, y trincherillas, y arabescos y figuras que se hacen y deshacen y la gente saca ese mar de pañuelos. Y el toro como en el poema de Miguel Hernandez es el rayo que no cesa en su acometividad. A las 6 y 45 de la tarde el pañuelo amarillo sale del antepecho del palco y la explosiòn de jùbilo por el encuentro de un toro maravilloso y un torero en sazón es la fiesta de la vida.

El sol se ha apagado, se fue por el occidente y la naciente luna nos brinda sus encantos mientras hay abrazos, enhorabuenas por lo que acaba de acontecer : el milagro de la tauromaquia , los duendes flotan en el ambiente, hay gozo porque hemos visto torear a un toro de esos que no salen todos los dìa como ese "Barco" de Las Ventas en Manizales, o " Castellano " de Barbero en la monumental, o " Manchado" de Salento en Cali o el primer toro de Vistahermosa el sàbado en Bogotà.

Se ha toreado con el alma y bien, se ha embellecido este arte mediterràneo por un chico que creciò en el Valle del Anurrà, un limeño puso la nota de claridad y un francès esos delicados aromas de toreria de la campiña gala.

Los tres toreros a hombros, siete orejas, un indulto, un toro de vuelta al ruedo, los empresarios de Casa Toreros y el ganadero mayor Juan Bernardo y su hijo Juanito en hombros como lo muestra la gràfica de Farley.

Y eso que Castela estuvo torerisimo ( no se si ya lo escribìo pero lo repito: grandioso en su primero, entregado como novillero en ciernes ) y que Roca hizo una faena monumental al tercero en esa reapariciòn tras dolencias en su cuerpo. Està como una rosa y toreando como los ángeles pero el colombiano Castilla no se desdibujò y tambièn elaborò su tauromaquia al lado de estos dos monstruos.

Tarde èpica,grandiosa, efusiva, eterna, efìmera, clara como un manantial , dìa soleado, palmas, arrebato y misterio.

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