Día mundial de la poesía o el retorno a la estética del toreo

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Hoy es el día mundial de la poesía y apelamos a ella en una jornada triste para la humanidad por el coronavirus que nadie sabe a ciencia cierta qué es y cómo combatirlo ( de momento) pero que ya causa tragedias en varias naciones, angustia en otras y cierto desaliento que tenemos , eso sí, que enfrentar con lo que nos enseña el toreo : temple, mucho temple.

Sólo son palabras, sólo son poemas, pero déjenlos vivir en este día cerca de sus corazones. Y ya no preguntemos con Hölderlin: ¿Para qué poetas en tiempos de miseria?

Y que mejor que leer a Luis García Montero en estas horas de penumbra :

LA LIBERTAD DE LOS CONDICIONALES

Si alguna vez el miedo inevitable,

te cerrara los ojos,

procura cultivar en tu conciencia

algo digno de verse.

Si alguna vez la noche te persigue,

a lo largo del día,

piensa que cada sombra es un comienzo

y amanecer tan sólo una costumbre.

Si aprendes a vivir en las palabras,

llamarás a la puerta

de lo que ha sido tuyo en el silencio:

un todavía, un no, el humo blanco.

Si la desesperanza es lluvia y es ciudad,

prefiero caminar a ser ventana.

Bajo un paraguas busco

la libertad de los condicionales.

Como no podía ser de otra manera , recordar versos de poemas referidos a nuestro ceremonial taurino :

Los toros, cuando son algo -es decir, todo lo que pueden llegar a ser- son arte: emoción estética. Una labor hecha por geómetras que nos transporta a un profundo ensueño’, reflexiona Carlos Marzal en la introducción de La geometría y el ensueño, una nueva antología de poesía taurina, publicada por la Fundación José Manuel Lara, en su colección Vandalia.

"Los toros (y por consiguiente la poesía taurina) -escribe el antólogo-, a pesar de su universalidad y su calado, creo que son ya, y serán en el futuro, un espectáculo minoritario, por más que esa minoría sea, en cifras, enorme". "No obstante, ese carácter excéntrico no tiene por qué afectar a la calidad de la alta poesía taurina; porque la atracción del poeta espectador hacia el universo taurino seguirá siendo una constante".

El gaditano Benítez Reyes describe así el paseíllo: "La tarde extiende un oro soñoliento / Calor en los tendidos, y en las gradas / un bullicio de gentes malhabladas / que miran el reloj cada momento".

La verónica de Curro Romero es una revelación de luz para Santos Domínguez: "La lentitud, la hondura, la desgana, / la gracia en ese puro ofrecimiento / incorpóreo. Sublime sacrificio / de la pierna contraria, sueño inmóvil / cuando ya nada importa morirse toreando / con la mano muy baja y la muñeca rota / en mitad de la suerte dormida y vencedora".

Patricio Pemán escribe así sobre Rafael de Paula: "Cuando pones tu planta en las arenas / y engallas, hecha bronce, tu figura; / cuando estrechas la muerte a tu cintura / y el toro se hace un río por tus venas / … ya no importan ni amores no querellas, / … ni torrente caudal, ni mar profundo / ya no importan ni el sol ni las estrellas / y ya puede venir el fin del mundo".

Fuerte el pecho, domina la llanura / con su silueta, y lo llamamos toro. / Escultura de sombra y cuernos de oro / marca, macizo, el paso en la verdura". El toro, José Hierro.

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