Cèsar Rincón en homenaje al maestro Teruel en Las Ventas

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Angel Teruel fue arropado por un grupo de toreros entre quienes se encontraba el maestro Cèsar Rincòn, El Viti, El Soro, Curro Vazquez, Emilio Muñoz, en el desvelamiento de una placa en honor al torero del barrio madrileño de "Embajadores ".

Por cierto el maestro Rincòn ya tiene su place en el corredor del coso venteño que en el año 91 del siglo pasado lo encumbrò como figuròn.

ANGEL TERUEL PEÑALVER , UN POCO DE HISTORIA

Matador de toros español, nacido en Madrid el 20 de febrero de 1950. Torero pulcro y atildado donde los haya habido, poseedor de una fría naturalidad delante de los toros que le permitió exhibir su elegancia y empaque con el capote y su temple, seguridad y hondura con la muleta, no desdeñó nunca el enfrentamiento con las reses procedentes de las ganaderías más ásperas y encastadas y llegó a convertirse -a pesar de su irregular trayectoria profesional- en una de las figuras del toreo más relevantes de su época.

Nacido en la popular barriada castiza de Embajadores, desde su temprana niñez sintió una acusada vocación taurina que le impulsó, en plena adolescencia, a tomar parte en esas "Corridas de la Oportunidad" que, en la década de los años sesenta, se celebraban periódicamente en el pequeño coso madrileño de Vista Alegre, con la intención de favorecer el despegue de los jóvenes aspirantes a matadores de toros. Ángel Teruel, junto a otros nombres señeros del toreo español de finales del siglo XX -como Sebastián Palomo Martínez ("Palomo Linares") y Pedro Gutiérrez Moya ("Niño de la Capea")- fue uno de los chavales que se dieron a conocer en los medios taurinos merced a sus buenas actuaciones en estos festejos verificados en el coso carabanchelero; y así, alentado por una animosa precocidad que -según algunos estudiosos del Arte de Cúchares- a la postre habría de resultar perniciosa para su carrera, con tan sólo dieciséis años de edad se le ofreció la ocasión de enfundarse su primer terno de alamares. Corría, a la sazón, el día 19 de mayo de 1966, fecha en la que hizo el paseíllo en la citada plaza de Vista Alegre para estoquear -todavía sin el auxilio de los picadores- un lote de novillos marcados con el hierro de Agapito Blanco.

Repetido en varias ocasiones -como ya se ha indicado más arriba- en los carteles de ese pequeño pero importantísimo coso madrileño (donde los triunfos de cualquier torero cobraban una extraordinaria difusión entre la primera afición del mundo), Ángel Teruel pronto consiguió que su nombre empezase a sonar con insistencia en los mentideros taurinos, en los que no dejaba de sorprender que, al finalizar aquella campaña de 1966, el joven novillero de dieciséis años hubiera tomado parte ya en una veintena de novilladas sin picadores. Ante esta meteórica progresión, los mentores del chaval de Embajadores afrontaron la campaña siguiente con el firme propósito de encauzar cuanto antes su trayectoria profesional; y, tal ímpetu pusieron en ello, que antes de que hubieran empezado los primeros festejos serios de la temporada de 1967, Ángel Teruel ya había debutado, en el modesto redondel malagueño de Fuengirola, en una novillada asistida por los subalternos de la vara y el castoreño. Desde aquel día de su precoz debut con picadores (22 de enero de 1967) hasta mediados del verano del mencionado año, el novillero madrileño intervino en dieciocho festejos picados, ninguno de los cuales se verificó en los dos coliseos de mayor relieve dentro del planeta de los toros; no obstante, a pesar de esta llamativa ausencia en Madrid y en Sevilla, los apoderados de Ángel Teruel, deseosos de explotar cuanto antes el filón que creían haber hallado en sus notables cualidades para la lidia, organizaron precipitadamente su alternativa, que se llevó a término en la plaza de toros de Burgos el día 30 de julio de 1967, con el genial coletudo salmantino Santiago Martín Sánchez ("el Viti") como padrino de la ceremonia, y el diestro sevillano Pedro Benjumea Durán ("Pedrín Benjumea") en calidad de testigo de la cesión de trastos. Para no defraudar las ambiciosas expectativas de sus promotores, el toricantano realizó una buena faena al toro de la alternativa, un burel negro zaino, de cuatrocientos ochenta y siete kilos de peso, procedente de las dehesas de doña Agustina López Flores y bautizado con el nombre de Cazuela; pero su auténtica explosión como figura del toreo en ciernes se produjo durante la lidia de su segundo enemigo, adornado con la divisa de doña Amelia Pérez Tabernero, al que el nuevo doctor en Tauromaquia del que podía presumir el barrio de Embajadores envió al desolladero desprovisto de las dos orejas y el rabo.

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