Barbeito y Cepeda, o el elogio de la amistad

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El matador de toros Fernando Cepeda y el escritor y periodista Antonio García Barbeito han protagonizado este martes 10 de marzo una nueva edición de los Mano a Mano de la Fundación Cajasol, en concreto la número 58 de estos encuentros culturales, que se celebran en Sevilla desde 2007. Esta nueva cita, que logró agotar todas las invitaciones disponibles el mismo día que se ponían a disposición del público, estaba presidida por un denominador común que, además, sirvió para dar título a la charla: la antigua amistad que vincula al veterano diestro de Gines con el célebre columnista de ABC.

En realidad se trataba de un encuentro de viejos conocidos ligados por más nexos. José Enrique Moreno, moderador habitual de estos encuentros, había debutado como cronista taurino en coincidencia con la trascendental encerrona en solitario que protagonizó Cepeda en la plaza de la Maestranza el 12 de octubre de 1989. Y fue en El Correo, además, donde conoció a Barbeito, una firma imprescindible del diario de entonces al que reconoció como «maestro».

Con esos mimbres se empezó a tejer el cesto: José Enrique Moreno recordó sus tiempos en la redacción de El Correo, cuando acudía a Barbeito para colocar el titular adecuado. Y fue precisamente el escritor el encargado de poner título a esta charla, «una terna de amigos que hemos recorrido un largo camino juntos», tal y como apreció Antonio García Barbeito apostillando que «no cabía otro».

«La amistad para mi tiene un sentido muy especial y eso sólo lo sabe de verdad el que me conoce», apuntó Cepeda, apostando por un concepto más amplio del término. «Cuando has tratado a tanta gente te das cuenta de verdad quién es el amigo», prosiguió el diestro de Gines llegando a señalar que «la amistad está por encima, incluso, de lazos familiares».

En ese punto refirió su antigua relación con Antonio García Barbeito. «La amistad con un torero no es fácil pero yo soy amigo del hombre antes que del torero», señaló el escritor, que recordaba a Fernando desde sus tiempos de camarero en el casino de Gines. «Tengo que desvelar que quiso ser poeta antes que torero pero al final consiguió serlo, pero toreando».

Pero había que entrar en terrenos metafísicos: ¿Es el toro amigo del hombre? Interrogó el moderador. «Puede colaborar contigo en un momento dado pero no deja de ser un animal», apostilló Fernando. «Procuro tener otra clase de amigos», bromeó Barbeito. Más en serio explicó que “se puede producir una simbiosis muy bonita pero eso no se puede llamar amistad». Pero la charla regresó al terreno de las bromas y hasta a las comparaciones futbolísticas. «Es el torero y la persona que es, con ese temple… estamos ante un tío como la copa de un pino», sentenció el columnista definiendo a su compañero como una persona «tan tímida como íntegra», señaló Barbeito de su amigo Fernando Cepeda.

El moderador cambió de tercio, aludiendo a la relación profesional de Fernando Cepeda con el matador Miguel Ángel Perera, que sirvió para entrar en otros terrenos. «Yo he toreado con todos desde el 87 hasta el 2005 pero el trato es distinto con unos y otros; ahora quedan más, tienen aficiones comunes… y antes era todo más selectivo. Ahora se hacen amigos muy pronto y a los dos años, a lo mejor, ya no son tan amigos. Yo entiendo como amigos a muy pocos, amigos de verdad, sólo tres o cuatro. No más…”, explicó Cepeda.

Mano a Mano entre el torero Fernando Cepeda y el escritor y periodista Antonio García Barbeito

Tocaba hablar de la afición de García Barbeito. Habló de Caraancha, el mítico diestro decimonónico, que alimentó sus primeros contactos con el toreo cuando sólo era un niño de Aznalcázar antes de contemplar «el primer toro vivo» en el paso de una tropa de ganado de Moreno Santamaría camino de los pastos o una malograda excursión nocturna al Rocío que acabó siendo trastocada por la rotunda presencia de los toros bravos.

Barbeito habló de los inicios en la profesión de Fernando Cepeda en un festival en el que le echaron un novilllo tremendo. «No había debutado aún con caballos y no se nos ocurrió otra cosa que llevarnos el toro más grande para ver si estaba preparado», refirió Cepeda. «Vivíamos a escasos cien metros», añadió el poeta y escritor de Aznalcázar apuntando sus inicios comunes que acabaron desarrollando sus respectivas vocaciones. «A mí me hubiera gustado hacer lo que ha hecho Fernando», espetó Antonio. «A mi me me hubiera gustado hacer lo que ha hecho Antonio pero él tiene una ventaja: puede seguir haciéndolo y yo ya no puedo ponerme delante de un toro», le contestó Fernando.

Tocaba hablar de los inicios taurinos de Cepeda, apoderado por Pepe Camará y después de basar su etapa como novillero con picadores en plazas grandes. La alternativa, casi por necesidad, llegó en Madrid. «En esta profesión, que es tan dura, el tren te pasa más de una vez por la puerta y hay quien sabe cogerlo; no se puede echar toda la culpa al sistema”, explicó Cepeda, quién, según Barbeito, «ha toreado con el capote no ha toreado nadie”, fijándose en sus espejos toreros: Antoñete, Ordóñez, Camino…

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