Alcalino.-Tauromaquia: Sordo debate y feliz aniversario

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Al comparecer recientemente Victorino Martín García ante el Senado español para hablar a nombre de la Fundación del Toro de Lidia –institución hispano-francesa que integra al lado de personajes como Santiago Martín "El Viti", el sociólogo cultural Francois Zumbiehl y el doctor en Producción Animal, Antonio Purroy– el afamado ganadero puso numerosos puntos sobre las íes al argumentar lúcidamente en favor de la tauromaquia, blanco favorito de animalistas, veganos y demás tributarios del pensamiento único anglosajón.

El hijo del inolvidable paleto de Galapagar cuestionó la beatería animalista, que pugna por la intocabilidad de nuestros hermanos irracionales –desde un mosco hasta una ballena– atribuyéndoles, temerariamente, "inteligencia emocional" y capacidad de sufrimiento. Una cosa es sentir afecto por las mascotas –afecto compartido por muchos de nosotros–, otra propugnar la supresión de cualquier clase de intercambio con las especies animales que lastime su “sensibilidad” y persiga fines utilitarios ("cosificación2 que, por lo visto, sólo es admisible en perjuicio de nuestros semejantes).

Al desnudar al animalismo radical como una ilusoria sentencia de muerte contra toda forma de vida rural –pretensión absurda si las hay–, Victorino invitó a los senadores a entender y proteger la tauromaquia por lo que significa como símbolo cultural de España, y a tomar medidas de protección efectiva a tan valioso legado, que la globalización neoliberal amenaza con arrasar, con la intolerancia como consigna y las redes sociales como caja de resonancia. La aspiración latente sería solicitar a la UNESCO que declare a la tauromaquia Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad al amparo de la Convención de París de 2003, a fin de garantizar la continuidad a los ritos y fiestas tradicionales con toros en el mundo, reconociendo los valores éticos, estéticos e incluso económicos que los justifican y les dan vigencia.

Esquizofrenia a la española

En apariencia, el Senado reaccionó positivamente, pues el pasado día 6 votó por la defensa oficial de la caza y los toros –así, sin matices ni distinciones– por 192 votos a favor contra 46 en contra y dos abstenciones. En cambio, ni las manos había metido cuando los presupuestos para 2019 destinaron en apoyo a la tauromaquia raquíticos 65 mil euros (poco más de un millón de pesos), siendo que las corridas son el tercer espectáculo más concurrido de España (detrás del cine y el futbol) y le aportan anualmente al fisco casi 50 millones de euros por concepto de IVA.

Los representantes populares habían fijado la subvención total a las actividades culturales en 953 millones de euros (más de 20 mil millones de pesos) de los cuales 100 millones se destinaron al cine; 62 a música y danza; 52 al teatro, y así por el estilo. Y allá, en el fondo de la tabla, esos hirientes 65 mil euros en “apoyo” a la tauromaquia, de los cuales 35 mil para la propia Fundación del Toro de Lidia. El escarnio, la mofa, no puede ser mayor.

Días antes de dicha votación, la ministra de Transición Ecológica Teresa Ribero había declarado con gran frescura que, si por ella fuera, la caza y los toros ya no existirían. Por lo visto, la especialista en ecología ignora las prestaciones de las dehesas de bravo en favor del medio ambiente rural, mismo que Victorino defendiera abierta y certeramente en su alocución. ¿Tiene España una completa ignorante en cuestiones ecológicas a cargo de la cartera que lleva ese nombre, o se trata más bien de una vocera más de lo políticamente correcto y conveniente, con toda la carga de oportunismo y felonía que eso conlleva?

En todo caso, ahí quedan las razones tan bien expuestas por Victorino Martín García ante el Senado de su país. Y asimismo las sinrazones del poder político, exacto reflejo de los poderes económicos que dominan en el mundo, con el pensamiento único como bandera.

11 Orejas 11

Las corridas del 4 y 5 de febrero en la Plaza México han servido para festejar en grande el aniversario 73 del monumental coso. Hubo toros, toreros… y público. Y también un excesivo dispendio de trofeos. Tanto público hubo que es válido preguntarse si no hubiera valido la pena jugar desde el principio las cartas fuertes que ahora salieron a relucir, para dar a la campaña recién concluida la oportunidad de crecer en vez de paulatinamente encogerse, tal como viene ocurriendo en los últimos tiempos.

Claro que para eso habría que volver a la modalidad clásica de temporada, consistente en firmar al menos tres corridas a media docena de toreros eje del ciclo invernal, a dos fechas fijas y una libre, y sobre esa base ir construyendo carteles que dieran cabida a triunfadores emergentes como la manera ideal de encandilar al aficionado y promover el interés mediático, dos persistentes ausencias que en buena parte explican el estado de postración de nuestra Fiesta, fugazmente desmentido en este par de festejos afortunados.

Joselito Adame

En términos contables, el éxito acompañó a la fiesta. Pero en materia taurina, el gran vencedor se llama Joselito Adame, que olvidando pasadas cuitas lució más asentado y seguro que nunca, aprovechó al bravo y noble "Agradecido", su primero de Montecristo, y le cuajó una faena maciza y madura cuyo momento estelar marcó su templada mano izquierda en deletreados, completísimos pases naturales, previos a una estocada que la valió dos orejas de ley, porque todo lo que le hizo tuvo sabor y color toreros. Una más le arrancaría al cuarto, un cárdeno nevado con mucho que torear con el que se fajó en serio sin apartarse de la serenidad dominadora que presidió su gran tarde. Tarde de puerta grande y de total reconciliación con el público de la capital.

El mismo lunes 4, Ernesto Javier "Calita" cuajó dos extraordinarias tandas de derechazos al muy noble y enclasado “Mexicano”, antes de que inoportuna voltereta rompiera el hilo mágico de su trasteo, y la muerte lenta del toro, debida a un espadazo tendido y trasero, terminara por enfriar a la gente y privarlo del trofeo. Andrés Roca Rey, por su parte, se arrimó a cara de perro a su primero hasta arrancarle la oreja y pechó después con el peor del encierro de Montecristo, que envió dos toros de gran calidad, "Agradecido" y "Mexicano", sobresaliendo el primero de Calita por humillación y clase. Muy malos, en cambio, los de El Vergel que dieron al traste con la tenaz voluntad de Diego Ventura, con todo y su enorme capacidad y la doma magistral de sus equinos.

Euforia orejera

El día 5 la plaza recibió menos de gente que la víspera –media entrada sobrada, nada mal– y vio a Pablo Hermoso de Mendoza alzarse con la oreja del quinto de una ejemplar corrida de Los Encinos –para el alegre y bravo “Alameda” se ordenó merecido arrastre lento–. Ese día, los nombres de los toros rendían homenaje a otros tantas plumas ilustres –taurinas o no—, reconocibles por su común pasión por la Fiesta. Y por encima de todo, los toros de Eduardo Martínez Urquidi le hicieron honor a la cabaña brava mexicana, tan sospechosa de claudicar clamorosamente en los últimos tiempos: la corrida de Los Encinos, hermosísima de trapío y carácter, es muestra clara de que en México sigue habiendo sangre brava a raudales y lo único que hace falta es darle cupo en los carteles, aunque eso contraríe el apego de los espadas que dominan el tinglado por las divisas responsables de la deplorable proliferación del post toro de lidia mexicano.

Toro de arrastre lento fue "García Márquez", primero de Enrique Ponce, que le cortó dos complacientes orejas y tuvo su tarde más redonda de los últimos años en la México. Eso sí, sin abandonar sus habituales maneras, con las que como es sabido comulgo más bien poco. La mancha de su actuación fue la vuelta al ruedo que se autorrecetó luego de dos pinchazos y alevoso bajonazo a "García Lorca", el soso y chochón sexto, alentado por sus incondicionales de sombra y la consabida claque de los altos de sol.

La faena más asentada, mandona y suavemente templada del día del aniversario terminaría por firmarla Sergio Flores con otro magnífico burel, "Wolff", segundo de su lote, al que supo consentir e ir metiendo en la muleta hasta extraer lo mejor de su enclasada bravura. El juez Enrique Braun concedió una oreja y se quedó corto, pues el pinchazo se debió a que la res perdió una mano en el instante de la reunión, y la estocada la ejecutó con apego a los cánones más estrictos. Antes, había estado bien pero algo apresurado con el encastado y repetidor "Ortega y Gasset", del que paseó su primera oreja.

Luis David enfrentó un noble colaborador y otro visiblemente lastimado de una pata. Con "Vargas Llosa", luego de lucido quite combinando la caleserina con la gaonera, llevó a cabo una enjundiosa y bien estructurada faena en la que mantuvo su compromiso con el toreo de plantas firmes, ajustada reunión y muletazos largos y de limpio trazo, aunque el público sólo rompió al sobrevenir fea voltereta en la cuarta bernadina de su cierre de faena. Era ésta de oreja pero le dieron dos, contraseña para compartir una insólita puerta grande con sus dos alternantes y el ganadero Eduardo Martínez Urquidi, digno broche de un aniversario felizmente consumado.

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