30 años sin Pepe Alameda

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Le conocí en una feria de Cali donde fue invitado por una emisora para narrar las corridas. Hombre afable , cariñoso, sabio en materias taurinas y quien a lo largo de su vida nos contó " a su manera " el acontecer taurino con esa riqueza de su vocabulario, de quien conocía como pocos las entrañas del toreo.

Heriberto Murrieta hace este perfil muy adecuado y oportuno del gran maestro que se fue en 1990 ( este martes le recodaremos, naturalmente)

El 23 de noviembre de 1941, el futuro comunicador fue invitado a una entrevista en la estación XEB, y al escuchar sus brillantes respuestas, el gerente Ricardo Hinojosa le ofreció un programa sobre la Fiesta. Así, por casualidad, se convirtió en comentarista de toros.

Luis Carlos Fernández y López-Valdemoro se puso entonces el seudónimo de José Alameda, José, en honor a Joselito El Gallo, y Alameda, porque en la Alameda Central de la Ciudad de México emprendió un negocio al poco tiempo de llegar a nuestra capital. Su arribo al DF fue el primero de marzo de 1940.

En la XEW hizo famosa su ingeniosa frase: "El toreo no es graciosa huida sino apasionada entrega". Toda una lección de vida. Huir implica escapar, retroceder, eludir. Entregarse, todo lo contrario: ir hacia adelante, darlo todo sin escatimar ni un ápice de la voluntad o el esfuerzo.

Intelectual, ensayista, cronista taurino, productor de televisión, guionista, entrevistador y poeta mayor, Alameda dejó una impronta extraordinaria de inteligencia, cultura y facilidad de palabra.

Fue tan bueno hablando como escribiendo. Voz autorizada en la tauromaquia, sus narraciones se caracterizaban por su amplio conocimiento, exactitud descriptiva, estilo propio, erudición y elocuencia. Sabía dar énfasis a los momentos emocionantes de las faenas, sin que la elevación de su tono de voz resultara estridente.

Y siempre es bueno saber un poco mas de este figurón de las letras ( escribió varios libros ) y de la locución taurina....

A 24 años del fallecimiento de Carlos Fernández y López-Valdemoro, quien se consolidó en la crónica taurina como Pepe Alameda, es necesario recorrer su obra literaria para destacar su importante aportación a la fiesta brava, pues lejos de convertirse en un ícono por su ingenio en la narrativa radiofónica y televisiva, dejó una huella más profunda como escritor y poeta.

Su nombre de batalla, con el que comenzó a firmar sus crónicas, surgió a raíz de la admiración que sentía por el diestro José Gómez Ortega Gallito, misma que conjugó con la felicidad que obtuvo en un negocio montado en la Alameda Central de la ciudad de México.

El cronista español, nacido en 1912, quien llegó a México tras la Guerra Civil en 1938, atesoró una cultura general que lo catapultó como un hombre inteligente, capaz de desenvolverse en cualquier ámbito.

Abogado de profesión, escritor por convicción y cronista taurino por decisión, y hasta cierto punto por casualidad, Pepe Alameda convirtió las crónicas de las corridas de toros en un género capaz de abandonar los clichés de la época, basados en la cotidianidad para dar paso a una descripción literaria, llena de perfeccionismo y poesía pura, con tintes de romanticismo y conocimiento.

Mítico y genio, Alameda llevó a la crónica taurina su profundo amor por la literatura, poesía y pintura, haciendo entonces de su trabajo como periodista una ventana hacía la cultura disfrazada de cotidianidad.

Fue a través de su programa televisivo Brindis Taurino donde la popularidad del ya consagrado poeta de la crónica se elevó a su máximo grado, pues simplificaba el alto grado de dificultad que de pronto los taurinos buscan dar a la fiesta brava; Alameda siempre se perfiló como un periodista serio, crítico, pero con un fuerte grado de ese positivismo que sólo los que predican un fervor por la tauromaquia saben y pueden ofrecer.

En su paso por el Heraldo de México, que fue de más de 25 años, el maestro se caracterizó por iniciar sus publicaciones con la letra S, pues aseguraba que era el inicio del sí, y él prefería afirmar que negar.

Elegido por el duende del que hablan los toreros cuando logran la sublimación absoluta, Alameda pintaba con su espada de tinta lo que sucedía en el ruedo con verdad, sin cobas baratas que dañan y envenenan el género, pues su único compromiso era con sus sentimientos, con lo que sus ojos veían y su voz transmitía.

Es así como sus editoriales, denominados Signos y Contrastes, se convirtieron en la plataforma llena de afirmaciones, de verdad, capaz de ser reconocida por los críticos, puristas, toristas, ortodoxos, hasta por el aficionado más sencillo que veía en las líneas de Alameda un reflejo de pensamiento y sentimiento, pues nada más grato que leer a alguien que no oculta la verdad.

De perfil bohemio, el de acta española y encaste mexicano reflejó en sus obras literarias todas esas cualidades de las que el mundo habló, siendo El hilo del toreo su obra maestra, del que el propio Alameda dijo: “a fuerza de lidiar durante años con el tema de la historia del toreo, pieza por pieza, me di cuenta de que casi todos los intentos de concatenarlas resultaban en el fondo repeticiones de los mismos lugares comunes, historias muertas. De esa convicción nació este libro”, refirió.

Además, Alameda plasmó su vasto conocimiento de la historia de la tauromaquia en diversas obras literarias, entre las que destacan Disposición a la Muerte, El Toreo, Arte Católico, Los Heterodoxos del Toreo, Crónica de Sangre, Seguro Azar del Toreo, La Pantorrilla de Florinda y Origen Bélico del Toreo.

En el libro Hombres de Casta, escrito por Rafael Morales Alcocer, Pepe Alameda concedió el 19 de febrero de 1961 una entrevista al autor en la que a pregunta expresa de qué se le facilitaba más, si la crónica televisiva o escrita, contestó: “no sé que se me facilite más, si escribir o hablar. Yo hago únicamente lo que puedo. Lo que sí procuro es no hablar tan atildado como si escribiera, ni escribir tan desaliñado como si hablara”.

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