Ureña pierde la visión del ojo izquierdo

Paco Ureña ha sido operado ‘bajo anestesia general y pasa las siguientes horas en observación’. ‘En el día de mañana, y tras las exploraciones pertinentes, emitirán un parte médico más conciso sobre la intervención, sobre el estado del globo ocular izquierdo del que ha sido intervenido así como de las secuelas y de los plazos de recuperación’.

Asimismo, ‘la familia y entorno del torero agradece la preocupación y el interés de compañeros, aficionados y profesionales del sector’, concluye el comunicado.

La verdad es de una dureza impactante : El torero lorquino perderá la visión total del ojo izquierdo debido a la rotura ocular del globo, que es uno de los accidentes más graves que pueden ocurrir.

Debido al destrozo del globo ocular, tanto en parte delantera como en la parte de atrás, se encuentran en la exploración con la pérdida del líquido intraocular, con ausencia de la del iris, del cristalino, de la mayor parte de la retina y con el nervio óptico destruido.

Con la destrucción del nervio óptico y de la retina, la funcionalidad del ojo es totalmente inviable. Las consecuencias de este grave destrozo serán la pérdida de visión binocular, que entre otras funciones, se encarga de medir las distancias.

El 14 de septiembre en Albacete un pitonazo le hirió, perdió momentáneamente la visión del ojo izquierdo y desde entonces ha sido sometido a varios chequeos y una intervención quirúrgica , la de hace unas horas en Oviedo.

Lo que ocurrió en Albacete :

Abatido y cabizbajo, y en medio de una emotiva ovación, Paco Ureña se marchó a la enfermería, tras acabar con el cuarto toro de la tarde. En el rostro, una huella de guerra. Su ojo izquierdo, amoratado e inflamado, completamente cerrado. Un terrible puñetazo en forma de pitonazo que le propinó ese ejemplar de Alcurrucén cuando lo recibía con el capote.

Se estiraba ya a la verónica el de Lorca cuando el astado, largo, alto y con 622 kilos de peso, se le metió por dentro y echó la cara arriba en un derrote seco que estremeció a la plaza. No tuvo Ureña más remedio que aguantar el siguiente capotazo, pero en cuanto el animal le dio un pequeño respiro, tiró el engaño y saltó al callejón, roto de dolor.

Fueron momentos de desconcierto. Mientras el presidente aguardaba a cambiar el tercio, su cuadrilla se hizo cargo del toro y un círculo de profesionales y curiosos se arremolinó alrededor del torero. Allí, cobijado y cubriéndose parte de la cara con una toalla, permaneció Ureña durante los primeros tercios, hasta que, armado con su muleta, volvió al ruedo.

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