Un encuentro con Dàmaso Gonzalez

Foto : Dàmaso Gonzalez flanqueado Curro Rivera y Paquirri .

Nos atiende el maestro a la entrevista dando un paseíto con Feli, su mujer, por la finca Los Prados. Va andando desde la placita de tientas hasta su casa. Esa misma mañana, la de ayer, han tentado allí más de una docena de novilleros de Albacete cuatro vacas de retienta que han salido buenas. También iba caminando con Feli la tarde del pasado 18 de febrero. También habían tentado en la finca pero no cuatro vacas sino un toro, el que de cerca le miraba en aquella tarde ya adelantada tras perder pie y el conocimiento el torero de Albacete.

Por: Vicente Casas / Mediaveronica.com

“Ya llevo un par de días mejor, caminando poco a poco. Me duele la espalda y el pecho pero voy mejor. La fractura de costillas es muy dolorosa y aunque me ha pasado otras veces… no sé, debe ser que era más joven“, dice con media sonrisa el maestro, Rey del Temple. “Lo estoy pasando mal”, remata. Está fuera de peligro, lo grave ya ha pasado. Pero los que sabemos de la tenacidad y poca sensiblería del torero detectamos en sus palabras dolor. Está atravesando días muy complicados.

No es torero de guiños sino de gestos. Y gestas. Dámaso toma a diario una buena dosis de calmantes porque sin ellos el dolor no se podría soportar. “Creo que es la primera vez que he estado en la UCI. Las cornadas, por fuertes que sean, se solucionan con una buena operación. Al día siguiente tienes como un gran peso en la zona de la cornada pero no sufres tanto dolor. En pocos días te quitan los puntos y te recuperas pero las fracturas de hueso en esta zona son algo muy doloroso”, recalca Dámaso.

Las noticias en el sábado del accidente, ya por la noche, brotaban con alto grado de alerta. Un día de campo tranquilito acabó de mala manera. “Estuve todo el día haciendo cosas en la finca. Estaba cansado cuando llegó la tarde. Pensé en sacar al toro que habíamos tentado por la mañana, que estaba apartado con un buey en una de las corraletas. Parecía que estaba un poco mareado y al atravesar un muro perdí pie, no me acuerdo de mucho más”. Dámaso perdió también el conocimiento del fuerte golpe, que le produjo la fractura de cuatro costillas y una extensa brecha en la cabeza.

Todo lo que ahora sigue nos lo refiere Dámaso según se lo han contado aunque lo dice con un cariño que bien parece que lo que narra lo hubiera visto él mismo. “Mi mujer, al ver que no contestaba, subió a buscarme. Bajó por la pared contraria donde estaba el toro y entró por la puerta despacito. Vio cómo no me movía y me arropó. El toro estaba al lado pero no se arrancó, quizás porque no veía mucho dado que ya había poca luz. Feli pidió ayuda y llegó mi hija Marta con su marido, Miguel. Entre los tres me sacaron de la corraleta” bajo la atenta mirada del toro.

“Miguel (hijo de Palomo), a los días, me contó que pese a los malos momentos vividos no paraba de dar gracias a Dios puesto que el toro no se arrancó mientras los tres me sacaban de allí. El animal les miraba con fijeza pero no hizo por ellos”, dice el torero. Sobre si antes el toro le dio algún golpe a Dámaso hay dudas. “A los dos días me noté una dureza en una pierna y un gran moratón”. El noble toro, eso sí, no habría hecho abuso de poder y permitió que el salvamento se produjera sin incidentes.

Dámaso, que no es de frases lacrimógenas sino que es corazón puro, reconoce que lo que por él hicieron tanto su mujer como su hija y yerno es “el mejor quite que me han hecho en la vida”. Una situación verdaderamente límite: Dámaso se había jugado cientos de veces su integridad física pero no la de algún familiar, como así ocurrió hace unos días en la tarde del accidente. “Que mi mujer me arropara con el toro cerca es lo mejor que han hecho por mí en todos mis años de vida profesional”, afirma Dámaso emocionado.

Ya está mejor el torero aunque el mes y medio de rehabilitación hasta que consoliden las costillas no se lo quita nadie. “Me duelen estando de pie igual que acostado. La brecha de la cara no fue casi nada. Lo he pasado mal y me asusté cuando me dijeron que si no me ponían el tubo torácico para solucionar el colapso del pulmón duraría dos días. Pero hasta que no llegó Pascual González Masegosa no me lo pusieron”, refiere con otra sonrisa a media boca el matador. Aquí viene el capítulo de agradecimientos. Sigue así.

“Tengo que dar las gracias a todos mis paisanos y amigos. Ayer hablé ya con El Viti, con Pedrés… Mi teléfono ha estado apagado unos días y la verdad es que han sido muchas las muestras de cariño”, agradece el torero completamente desbordado. Y un recuerdo especial a los médicos, en especial a su amigo Masegosa “que siempre que le he llamado ha estado a mi lado con una profesionalidad increíble”.

Todo es poco por una persona de las que ya van quedando menos, estos buenos de verdad. Buenos “buenismos”, como decimos en Albacete. En el buen sentido de la palabra “buenismo”, claro.

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