A toro pasado: qué nos dejó la Feria del Señor de los Milagros

Pablo Gómez de Barbieri me envía sus reflexiones sobre lo que deja Acho 2017 y los resume perfectamente :

Roca Rey y Galdós, lo mejor ● Dos peruanos en la cumbre ● Nunca había sucedido antes en Acho ● Un futuro prometedor.

Hubo cosas positivas y varias, muchas, muy mejorables. Lo más importante fue comprobar que el Perú cuenta –nunca había sucedido antes− con una figura que se consolidará como torero que marcará una época y un diestro de gran proyección, de quien se esperan grandes logros en 2018. Roca Rey, Galdós; Galdós, Roca Rey; ordenelos como prefiera o como su gusto lo indique; ambos nos darán enormes satisfacciones.

LOS TOROS

Sin toros no hay tauromaquia; es evidente, pero vale la pena repetirlo.

La empresa tuvo el mérito de importar toros españoles. Pero su esfuerzo y lo que brillantemente hizo con la mano, lo borró con el codo. Salvo los de Ventana del Puerto (torpemente lidiados anunciándolos como Puerto de San Lorenzo), que tuvieron presencia aceptable, lo de Daniel Ruiz y lo de Matilla –García Jiménez y Peña de Francia− fue, en su mayor parte, por su escaso trapío, impresentable para Acho.

Esperemos que el ganado que les ha sobrado, los novillos de La Ventana y lo de Sánchez Arjona que han importado y que permanecerán en Paiján un año, estén bien presentados en 2018.

Los nacionales de El Olivar y La Viña tuvieron presencia. Lo mismo, los de Santa Rosa, salvo algunos sin cara. Pero todos con raza muy justita; algo para afinar en su selección; no es lo mismo lidiar utreros adelantados en provincias que cuatreños en el enorme ruedo de Acho.

LOS TRIUNFADORES

Nunca había sucedido antes. Lo mejor lo hicieron dos peruanos. Andrés Roca Rey y Joaquín Galdós.

La entrega, personalidad y poderío de Andrés se transforma en carisma y ello despierta el cariño del público. En la primera de abono falló con los aceros y perdió merecidos trofeos. Pero en la última, su faena emocionó desde que se abrió de capa, hasta la estocada. Sometió y rompió al toro con muletazos templados de mano muy baja, aunque algo acelerados. Triunfo apoteósico.

La emoción y el poderío que aportó Andrés Roca Rey en la quinta corrida hizo que el público lo aclamase a lo largo de sus faenas y al salir en hombros.

Joaquín cuajó dos faenas profundas, enormes, en la primera corrida. Su arte y sentimiento; los lances y muletazos hondos que cuajó, emocionaron y sorprendieron a muchos que no reconocían su clase. Cortó tres merecidas orejas, que debieron ser cuatro, de haber tenido sensibilidad la presidencia.

Lo siguiente, en calidad, lo hizo Manzanares. Reapareció tras tres meses convaleciente. Entregado e inspirado, hizo una gran faena; temple, reducción de la velocidad natural de toro y gotas de arte; la pena fue que el toro de Matilla –su apoderado− no tuviese trapío, lo que hubiera enaltecido aquello.

Manzanares cuajó una gran faena a un toro de escaso trapío.

EL RESTO

Ponce lidió lo de Daniel Ruiz, sin trapío ni bravura, lo que desmereció por completo su faena.

Castella, valiente y técnico, pero acelerado; obtuvo dos orejas excesivas.

El venezolano Colombo tomó la alternativa. No es torero de exquisiteces, sino de relumbrón. Torea bien de capa, banderillea, muletea con poder y técnica y mata bien. Nadie tiene bola de cristal, pero en sus comienzos gustará al gran público; el tiempo dirá si los aficionados lo aceptarán.

Fernando Roca Rey hizo un esfuerzo notable; su buena actuación sorprendió a los que habían ido a abuchearlo; no hay peor enemigo de un peruano que otro peruano.

Paco Ureña dejó detalles de su buen toreo, de rostro trágico; se equivocó al lidiar su mejor toro.

Manuel Escribano, bastante oropel, pero poco oro de ley.

Juan del Álamo cortó una oreja, pero su faena se difumina en la memoria.

José Garrido cuajó una buena faena, pero con poca cabeza, perdió el triunfo por escuchar a unos indocumentados; inaceptable en quien aspira a lo que él.

Ginés Marín –un tanto frío− no tuvo un buen lote; dejó destellos de su buen toreo.

El mexicano Joselito Adame estuvo bien, pero a pesar del cariño que se le tiene, pocos recordarán qué hizo.

Vea, bajo estas líneas, los videos de las mejores faenas de la feria.

LA EMPRESA DE ACHO

Casa Toreros Consorcio Perú

El resultado de esta feria y de las siguientes depende de su gestión.

Soportan severas condiciones: 10% de impuesto municipal; un millón de soles fijos y el 11% de sus ingresos netos a la Sociedad de Beneficencia de Lima. Tras el 18% de IGV, reciben solo el 65% de lo recaudado. Si no renegocian, las entradas seguirán costando demasiado.

Tratan de hacer lo mejor, pero a la distancia, es difícil. La presencia eventual en el Perú de los socios mexicanos mayoritarios, no parece suficiente para semejante renegociación y para gestionar una plaza con tan complicadas condiciones.

Deberían engreír a los abonados. Les ofrecieron tres tentaderos públicos, con Andrés y Joaquín, pero solo hubo una “clase práctica”, sin vacas aparentes.

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