Tauromaquia. Alcalino.Dinastías toreras de México: los Huerta y una mención al maestro Pepe Cáceres

Cuando uno habla de los Huerta toreros, la referencia a Tetela de Ocampo es inevitable.

Pues de aquel solar de la Sierra Norte de Puebla salió un joven de piel oscura y pelo algo crespo, atraído por el imán de la capital del país, donde un hermano mayor suyo había echado a andar un modesto negocio de venta de alimentos y requería de una manita porque ya no se daba abasto. Aquel joven, José Huerta Rivera, había nacido el 24 de enero de 1934 y contaba con unos 18 años cuando emprendió el viaje que lo llevaría al DF y le revelaría un mundo desconocido. Y, dentro de éste, la luz de un espectáculo insospechado que de inmediato lo sedujo, cuando uno de sus nuevos amigos lo invitó cierta tarde de
domingo a conocer la Plaza México y lo que era una corrida de toros.

Impulsado por la necesidad de aprender a torear, José indagó, buscó y encontró un maestro a la medida en Heriberto García, que había sido figura un cuarto de siglo atrás y enseñaba a algunos muchachos –su propio hijo entre ellos—los secretos del arte de Cúchares. Hombre de decisiones terminantes, José Huerta se propuso seguir los pasos de aquel señor de pelo blanco que tanto sabía de toros, y con cuyo recio carácter se identificaba. Y el viejo Heriberto supo interpretar la voluntad del aspirante y le consiguió sus primeras novilladas, en una de las cuales, en Cuernavaca, recibiría su bautizo de sangre.

Prueba de fuego ésta, de la que pocos principiantes salen airosos, pero que al poblano le sirvió de acicate. Muy pronto, su nombre empezó a sonarles a los taurinos, y a la afición en general cuando al presentarse en la México (16.05.54) cuajó a “Trapero”, el cierraplaza de Juan Aguirre, y le cortó la oreja. Por dominio, serenidad y estructura era ésa una faena impropia de un primerizo, y no tardaría Joselito Huerta –como se le anunció—en compartir cartel con “El Loco” Ramírez, efímera sensación de aquella temporada, cuya inconsistencia iba a llevarlo directamente al ostracismo, vía el mayor
fracaso jamás conocido por nadie en su tarde de confirmación de alternativa, pues Amado Ramírez batió todas las marcas al dejarse vivos a nada menos que tres toros ese día.

Huerta, el otro triunfador del verano del 54, había decidido ya marchar a la conquista de los públicos españoles. Y tuvo la suerte de que, nada más verlo con unas becerras, Juan Belmonte le abriera las puertas de su finca, y un sobrino del inmortal trianero –Alberto Alonso Belmonte—se convirtiera en su apoderado. Fiel a su concepto de quedarse quieto y confiar en su buen juego de brazos, Huerta fue herido en otro par de ocasiones, pero sus reiterados triunfos en Sevilla lo llevaron a una alternativa triunfal en la propia Maestranza: fue el día de San Miguel de 1955, con “Servilleto” de Felipe Bartolomé y Antonio Bienvenida de padrino. El toricantano le cortó su primera oreja.

Otra cobraría del astado de su confirmación en la México, “Limonero” de La Punta (25.12.55), como preámbulo de una seguidilla de éxitos que lo encumbraron como triunfador de su primera temporada grande. Y harían de él uno de los tres únicos matadores que han cortado rabo en la México en tres tardes seguidas: a “Talismán” de Piedras Negras (22.01.56), “Motorista” de La Laguna (05.02.56) y, tres años después –porque Alfonso Gaona se negó a contar con él en ese lapso—a “Recaudero”, asimismo de La Laguna (22.02.59). Tres domingos después, “Lanzador” de Coaxamalucan lo hería de gravedad.

La voluntad de ser y comportarse como torero auténtica tiene un alto precio: empezaba la saga del León de Tetela.

Ésta se prologó por otros tres lustros, yendo siempre a más y sin que le importara a Huerta la rutinaria sangría que, pese a su decantada maestría, el compromiso consigo mismo exigía. A cambio de veinte cornadas –la peor de todas la de “Pablito” de Reyes Huerta, en El Toreo (30.11.68)-- , supo mantener enhiesta su bandera como la figura del toreo mexicano más importante y constante de su tiempo. Aun alcanzó a alternar mano a mano con Manolo Martínez en 27 ocasiones, entre ellas la del 15 de noviembre de 1970, en Guadalajara, en que Huerta cobró los máximos apéndices de sus tres ejemplares de
Torrecilla. Nada extraño en quien posee la marca de ocho rabos en la Plaza México a lo largo de su fecunda trayectoria, empatado con Eloy Cavazos –aunque éste en casi el doble de oportunidades—y solamente por debajo de los diez sumados por Manuel Martínez Ancira.

El último de los ocho, un tanto simbólico, se lo cortó al toro de su despedida definitiva, porque José, serio hasta en eso, nunca tuvo devaneos de retorno después de aquel 28 de enero de 1973 en que sus pequeños hijos le quitaron el añadido.

En España, Joselito Huerta, torero de muleta y corazón bien templados, había dejado también huella profunda, pues supo comportarse como figura y cortar apéndices en las tres plazas señeras de la península: Madrid, Sevilla y Bilbao, a cambio de sendas cornadas en Las Ventas y Vista Alegre. Sin hablar de su postrer faenón, vestido de charro y por naturales, a un utrero cuajado y bravísimo de Juan Pedro Domecq en el festival a beneficio de El Soro celebrado en la primera plaza del mundo en marzo de 1997. Previamente, como entrenamiento, había matado un toro en la ganadería de Paco Camino, con quien
tuviera, en 1962, un ríspido encontronazo en El Toreo de Cuatro Caminos.

Joselito Huerta murió en la ciudad de México el 12 de julio de 2001 por una insuficiencia hepática, producto de una transfusión con sangre contaminada, luego de alguno de sus múltiples percances. Entre ellos, el aneurisma que en 1971 le operaron en Suiza.

Víctor Huerta Rivera (Tetela 1936-DF 2010). Dos años menor que José, Víctor Huerta encaminó sus pasos hacia la tauromaquia siguiendo el ejemplo de su hermano. Sin la reciedumbre de carácter ni la acusada personalidad del León de Tetela, fue un excelente muletero, que dio más juego de novillero que de matador, alternativa tomada en Tijuana de manos de Juan Silveti delante del magnífico torero colombiano Pepe Cáceres (14.05.61), luego de obtener en buena lid la Oreja de Plata del año anterior, en la Plaza México en cerrada competencia con Antonio campos “El Imposible”, otro poblano.

Una cornada a destiempo en el mismo coso fronterizo supuso para Víctor un obstáculo a la larga insalvable, luego de su auspiciosa confirmación de alternativa en Insurgentes,donde compartió el triunfo con su padrino Manuel Capetillo y con Paco Camino: los toros eran de Valparaíso, y el de la ceremonia, “Rinconero”, muy encastado, lo mandó conmocionado a la enfermería, de donde volvería para desorejar al cierraplaza “Remolino” (17.02.63). Pero a la Plaza México no volvió más.

En 1962 toreó algunas corridas en el sur de España, sin llegar a confirmar la alternativa.

Alberto Huerta Díaz de León (DF, 18.08.1977) Hijo de Víctor Huerta y, por tanto, sobrino de José, ha sido el tercer matador de la dinastía. De estatura corta y excelente entendimiento de los astados, al presentarse en México, durante la serie novilleril de 1996, llamó la atención por una maestría precoz, asistida por un valor del mejor cuño. De estilo adusto –más en la línea de José que en la de su padre—cuajó varias faenas magníficas, invariablemente estropeadas por su deficiente uso de los aceros. La siguiente temporada chica fue la de la eclosión de El Juli y la revelación de Jerónimo, por lo que sus
oportunidades disminuyeron sensiblemente.

Fue hasta el 8 de enero de 2000 que tomó la alternativa en la plaza El Relicario, de la capital de Puebla, tierra de sus mayores, con el toro “Conquián” de Javier Garfias, bajo el padrinazgo de Jorge Gutiérrez y con El Juli de testigo (toro que, por cierto, se rompió un pitón por la cepa contra un burladero mientras se verificaba la ceremonia de cesión de trastos). En la México se la confirmó Mariano Ramos con “Don Fede” de Rancho Seco (28.12.2003), cuando ya su nivel estaba definido entre los diestros de segunda fila, pues conservaba las buenas maneras pero no el ímpetu de sus primeros tiempos novilleriles.

Luego de un prolongado alejamiento de los ruedos para atender negocios particulares, volvió a ser noticia cuando un toro de Rafael Mendoza al que recibía a portagayola le causó una gravísima cornada en la espalda, de 40 centímetros de extensión y que le lesionó cuatro vértebras lumbares (04.04.2016).

Aconteció en la tamaulipeca y fronteriza Reynosa, en corrida encabezado por Pablo Hermoso de Mendoza, y probablemente ha marcado el punto final de la pundonorosa trayectoria de este buen torero de dinastía.

Colofón. Algunos miembros más de la familia Huerta –como Omar, hijo de Joselito, y Víctor, primogénito del matador del mismo nombre-- han vestido el terno en calidad de aspirantes, pero sin pasar nunca de ahí, pues con buen sentido decidieron abandonar la idea de seguir la huella de sus ilustres antecesores, persuadidos a tiempo de que su camino en la vida estaba en otras actividades.

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