TAUROMAQUIA. Alcalino.- Septiembre sangriento y octubre triunfal

Paradojas de la vida: precisamente cuando más se fustiga a los toreros, tildados de bárbaros, asesinos y cobardes en la infamia de redes sociales y en manifestaciones callejeras de animalistas fanáticos y progres exhibicionistas, más dura se ha tornado dentro del ruedo la profesión taurina, y más claramente se evidencia el riesgo que encierra la práctica de este arte sin parangón con ningún otro, al grado de no poderse concebir sino como resultado de un llamado vocacional irresistible para sus cultores e incomprensible para los profanos, incluso si somos aficionados. Faltar al respeto a un hombre que, acuciado por la irrefrenable voluntad de ser él mismo y justificar su lugar en el mundo decide vestirse de torero y enfrentar las astas, la fuerza y el instinto agresivo de un animal capaz de matar es de una irresponsabilidad inaudita, al tiempo que revela una falta de humanidad que, consciente o no, resulta indefendible. Y que sólo se entiende como demostración de ignorancia e insensibilidad extremas.

Muchas cornadas. Las consideraciones anteriores cobraron dolorosa vigencia a lo largo del mes de septiembre, caracterizado por la crecida suma de festejos que tienen lugar a lo largo y ancho de la geografía española. Hasta veinte percances se registraron, algunos tan graves como los sufridos por el espada francés Thomas Joubert (Bayona, día 1, con rotura de la femoral izquierda y pérdida de 300 c.c. de sangre, corrida en la que Sergio Flores, luego de despachar al astifino burel de Robert Margé causante del drama, desorejó al suyo, en festejo de seis matadores en que también triunfó el peruano Joaquín Galdós), el banderillero Vicente Varela en Villacarrillo por un pablorromero de Partido de Resina (fue el 15 y le afectó tanto al femoral como la safena) o, la víspera, en Albacete, el infortunado Paco Ureña, al que un intempestivo derrote cuando veroniqueaba a su segundo de Alcurrucén le produjo una cornada en el ojo izquierdo y hematoma enorme en el párpado: es poco probable que recupere la visión, por más que el lorquino se mantuviera en la brecha hasta dar muerte a su heridor, estoicismo solamente comprensible en un torero.

También fue tremenda la cornada de dos trayectorias –de 30 y 40 centímetros, en el muslo derecho-- infligida en Nimes por un utrero de Piedras Rojas al novillero hidrocálido Diego San Román, truncándole su triunfal temporada europea. Y tampoco salió indemne de la dura sangría septembrina otro mexicano, el rejoneador Emiliano Gamero, cuyo percance del día 13 en Los Yébenes le produjo una gonalgia en la rodilla derecha con derrame intraarticular, aunque el hombre combatiese el agudo dolor reapareciendo a los pocos días. Y como los franceses no se andan con chiquitas a la hora de exigir toros auténticos y éstos siempre tendrán con qué dar, al día siguiente del cornadón de Thomas Joubert en Bayona, en la segunda de la misma feria, caía el esforzado valenciano Román con una herida en el gemelo –trayectorias de 35, 25 y 15 cm.—causada por un ejemplar de La Quinta. No lejos de allí, en Nimes, el 16, pagaba su tributo de sangre Pepe Moral, que con un pitonazo que le evisceró la bolsa escrotal y le rasgó la ingle tuvo las agallas de permanecer en el ruedo hasta cortarle la oreja al Victorino causante de la seria lesión.

Y hablando de coletas nacidos en Francia, todo un Juan Bautista, que a las puertas del retiro no había sido herido nunca por un toro, perdió la invulnerabilidad durante la feria de Logroño, el martes 18, por culpa
de un revoltoso astado de Victorino Martín, si bien la cornada, en el muslo derecho, no revistió mayor gravedad. En cambio su paisano, el novillero Maxime Solera tuvo menos suerte cuando el sexto novillo de Hoyo de la Gitana lo volteó cuando lo veroniqueaba en el coso francés de Bourjan-sur-Libron rompiéndole el menisco de la rodilla izquierda, una lesión de las que exigen prolongada convalecencia.

Y ya ven ustedes lo sobresaltado que resultó el inicio de la madrileña Feria de Otoño: en el festejo de apertura (viernes 28), el sobrero de Mayalde “Estafador” le pegó a Fortes una paliza terrible, con saldo de fractura de peroné y luxación de tobillo, aunque lo cogió como para matarlo. Al día siguiente reaparecía allí mismo el novillero Francisco de Manuel, todavía con los puntos de su cornada en el glúteo del día 13 en Fuenlabrada. Y no hizo mal papel, aunque sin llegar al triunfo de puerta grande que al día siguiente, en el propio ruedo de Las Ventas, alcanzaba Emilio de Justo, que a similitud del novillero hispanovenezolano había toreado con una herida abierta –causada en Mont-de-Marsan por otro Victorino, tercer heridor del mismo hierro en apenas seis días, con Juan bautista y Pepe Moral como las otras dos víctimas de astados de la misma casa de procedencia Albaserrada--. Hacía apenas una semana de esa cornada de dos trayectorias que además le afectó el nervio ciático. Y al tiempo que De Justo trasponía en hombros la Puerta de Madrid, en la enfermería venteña era asistido su alternante Ginés Marín de una cornada en la región maxilar, causada por el sexto de Puerto de San Lorenzo, “Cartuchero” de nombre y de aviesa condición.

Por cerrar este recuento nada grato agregaré, a modo de resumen, que durante el recién ido septiembre, cayeron en cosos europeos ocho matadores, ocho novilleros, tres subalternos de a pie y un rejoneador. Sin contar las obligadas volteretas y palizas que trae consigo la osadía de plantarle cara a un toro de lidia, máxime si cumple con todos los requisitos de edad e integridad, como usualmente ocurre por aquellas tierras gracias al rigor con que las autoridades acostumbran aplicar el reglamento. Y sólo como una evidencia más de que el peligro siempre estará presente en el toreo, añado el percance registrado, ya en octubre –este viernes 5--, al abrirse la feria de Zaragoza, por el novillero Alejandro Mora, un cornadón de cinco trayectorias que le rompe la safena interna y dio quehacer al equipo del doctor Valcarrere. Herida fue causada por un utrero de Los Maños.

También en México. Lo anterior no significa que quienes se visten de luces en nuestro país se encuentren a salvo. Lo comprobó el novillero potosino Joselito Sainz, discípulo de Manolo Mejía, cuando el sábado 9 toreaba, en ropa de calle, un sobrero de La Antigua en la placita de Arroyo: en determinado momento, un parpadeo desvió al astado de la ruta que le marcaba su zurda y el hachazo en grave herida de 20 centímetros que contundió la femoral y la safena y le produjo profusa hemorragia. Y el último domingo de septiembre, en la Monumental de Insurgentes, al joven novillero yucateco André Lagravere “El Galo”, en mitad de una dosantina, un certero derrote de “Fundador”, el utrero enterizo y fuerte de Monte Caldera que abría plaza, se tradujo en seria cornada de dos trayectorias, con desgarro del esfínter anal y trayectorias de 15 y 20 centímetros.

Ese último día de septiembre resultó triplemente sangriento en cosos mexicanos: en el Nuevo Progreso de Guadalajara, un cárdeno bravo y astifino de San Martín se llevó por delante Paco Martínez y le horadó el muslo derecho (cornada limpia de 20 cm.). Y en Morelia, un tercer novillero, Isaac Chacón, recibía una cornada de tres trayectorias en la ingle izquierda. Como para que se diga que los astados nacionales –desde luego no todos-- carecen de fuerza y pitones con qué abrir dolorosas brechas en las anatomías de los toreros, esa extraña raza de anacrónicos soñadores.

Nada de nada, El viernes, en el tercer festejo mayor de la Feria de Otoño, Adolfo Martín no envió a Las Ventas ningún émulo de “Chaparrito”, su astado ganador del trofeo correspondiente al San Isidro de este año. Seis torotes resabiosos, geniudos y probones frustraron los buenos deseos de Talavante, Álvaro Lorenzo y Luis David Adame, quien contendió con uno de los morlacos más grandes y armados de la temporada madrileña y para colmo manejó un juego de espadas sin temple ni filo, lo que le costó escuchar un aviso. Pero al menos nunca se arrugó.

Dos Diegos en hombros. La encerrona de Diego Ventura en la propia feria de Otoño se saldó el sábado con nueva puerta grande del lusohispano, que tuvo en el bravísimo cierraplaza de María Guiomar de Moura el colaborador ideal que no había encontrado en los cinco anteriores, por más que cobrara meritoria oreja del quinto –de Miura--. Pero con ese sexto estuvo desbordante en una cara exhibición de rejoneo de alta escuela, premiada con las orejas del burel y su salida en hombros número 16 del coso de Las Ventas.

Y a ver qué dicen los ninguneadores y ciegos empresarios de allá y de aquí de la puerta grande de Diego Urdiales y sus tres orejas de ayer allí mismo, en premio a un derroche inolvidable de toreo clásico –lo del cuarto fue un auténtico faenón--, mientras Octavio Chacón cobraba un apéndice y resultaba ileso tras feísima cogida, y David Mora fracasaba con el mejor ejemplar del buen encierro de Fuente Ymbro.

Categoria: