TAUROMAQUIA. Alcalino.- Saldívar está de regreso

Con 28 años recién cumplidos (24.10.89), el hidrocálido Arturo Saldívar Romo fue uno de los alumnos más destacados que ha tenido Tauromagia. Como tal se manifestó durante su fugaz paso por la México, allá por septiembre de 2006, y no tardaría en convertirse en el primer novillero mexicano en ligar dos tardes consecutivas cortando oreja en Las Ventas, en junio y julio de 2009; obtuvo allí mismo un apéndice más, ya como matador de toros y en la isidrada de hace cuatro años (28.05.13, toro de El Ventorrillo). La alternativa se la había dado El Zotoluco en Guadalajara (30.10.10), y se la confirmó Morante en Madrid (15.05.11). Pero el verdadero despegue de Arturo tuvo como escenario la Plaza México.

Nadie le regaló nada, inclusive –cosas de la politiquería habitual-- más de una vez intentaron frenarlo. No era para menos, pues empezó por desorejar a “Peregrino”, de Teófilo, el toro de su confirmación (12.12.10), y en cuanto lo repitieron volvió a triunfar, con uno de San Isidro que le brindó a El Pana, en la última aparición del Brujo en el ruedo de Insurgentes (23.01.11). La siguiente campaña la abrió a todo tren, cortando nada menos que cuatro orejas y un rabo –el del obsequiado “Buen Mozo”, de San Isidro--, y poniendo a caldo a Ponce y Diego Silveti, que eran sus alternantes (06.11.11): demasiada desconsideración para con los favoritos de la empresa, que no volvió a anunciarlo en toda esa temporada.

Cuando lo pusieron de nuevo, ya bien entrada la de 2012-13, ¡zaz! otro par de apéndices a la buchaca (25.11.12). Y otro parón intempestivo, mientras sus jóvenes coetáneos seguían disfrutando de buenas oportunidades, no siempre bien aprovechadas. Con Barralva, divisa poco apetecida por los ases, inauguraría la temporada siguiente, y en tanto Talavante y Mauricio se iban en blanco, Arturo desorejó a “Don Pato”, el primero que le soltaron. Se afirmaba en su toreo un estoicismo nada común para aguantar todo tipo de embestidas, y un mando agarroso para gobernarlas de principio a fin, base de su llamativa ligazón, honda y dramática a la vez. Además, se iba deshaciendo de la manía de los tres o cuatro muletazos por tanda, un vicio adquirido durante sus largas estancias en España, donde toreó poco y malo, a tono con el curioso concepto de “reciprocidad” que dirijen las empresas peninsulares hacia nuestros toreros.

El bache. Ya estaba Saldívar en la cresta de la ola. Y con él sus colegas Joselito Adame y Diego Silveti, de modo que la empresa decidió encartelarlos en una terna enteramente mexicana, y con un corridón de Barralva, para que no se dijera. Esa tarde (01.12.13), la México albergó a casi 30 mil gentes, pero mientras Adame abría la puerta grande, para los otros dos pintaron bastos. No sólo eso, a partir de ahí, Arturo y Diego empezaron a dar tumbos, mientras Joselito continuaba encumbrándose.

Empero, algo de lo suyo conservaba Saldívar, y al año siguiente, en tres actuaciones capitalinas sumó cinco apéndices. Sólo que eran orejas de ésas que suscitan más divisiones que unanimidad, acorde con los usos actuales de la México y sus paródicas autoridades. Anuncio ya de la sequía que se avecinaba para el de Aguascalientes, pues a partir del 5 de febrero de 2015 no había vuelto a tocar pelo en Insurgentes.

Perdió el sitio y se le notaba como errátil, desmotivado. Y sin transmitir absolutamente nada, que es lo peor que le puede ocurrir a un torero de su corte.

El retorno. Pero el domingo anterior saltó a la arena insurgentina “Bienvenido”, de Jaral de Peñas, otro hierro con el que nunca verá usted anunciadas a las figuras de ultramar, salvo Talavante. Un ejemplar negro mulato astifino, largo, musculoso. Y que, más allá de la seria estampa, tuvo desde su salida un comportamiento de bravo. Arturo, parco con el capote –que el viento agitaba con violencia--, le midió el castigo en varas. Y, muy seguro, se plantó en los medios para hacer público brindis, y para desafiar enseguida a “Bienvenido”, fijo en el burladero de capotes. Ante la fuerte arrancada, el péndulo alcanzó máxima emoción. Y todavía más suscitaron las dos arrucinas --citando también de largo e igual de impólutas y ceñidas-- que añadió Arturo a ese prólogo torerísimo, rematado con cambio por delante, seguido de un largo, profundo y deletreado pase de pecho.

El viento arreciaba, pero “Bienvenido” se crecía y Saldívar, resuelto a todo, aguantaba las fuertes embestidas mientras ahondaba el toreo. Primero con la derecha. Y a continuación con la zurda, con más temple y más ajuste si cabe. El remate era siempre el de pecho izquierdista, largo como un tren. Y cuando el toro, luego de cuarenta viajes toreados a ley, buscó instintivamente los adentros, allí le endilgó el hidrocálido tres dosantinas sin la menor enmienda entre ellas, y todavía se lo pasó por la espalda en la capetillina, y ciñó media docena de bernadinas en un terreno inverosímil. Algún enganchón debido al viento no menoscaba el mérito de tan brava y meritoria faena. Tampoco el amorcillamiento del bicho, tras la estocada entera y alta pero un tanto tendida que, yéndose sobre el morrillo y casi a toma y daca, sepultó Arturo. Obligado a descabellar, acertó al segundo golpe. Sonó incluso un aviso, pero la oreja, solicitada con frenesí, no la protestó nadie. Quizá porque la faena fue de puerta grande.

Esa puerta que Arturo siguió persiguiendo con torera decisión ante el gazapón y desclasado quinto, que de “Rabioso” no tuvo nada. Empeño inútil, por más que, nuevamente, minimizara el castigo en varas e iniciara faena citando desde largo para torear en redondo con la derecha, sin probaturas ni nada. Pero “Rabioso” –indiferente, gazapón-- era el reverso total de “Bienvenido” y no hubo manera. Por lo demás, éste nuevo y recobrado Arturo Saldívar no perdonó quites ni dio un paso en falso en toda la tarde. Y claro que lo queremos ver de nuevo, seguros de que va a ratificar y aún mejorar la gran impresión causada. Por más que ese deseo de la afición choque con la necedad de anunciar los carteles en bloque, como en las ferias españolas y a contrapelo total de las tradicionales temporadas nuestras.

Revelación de Valadez. La segunda corrida trajo además la confirmación de Leo Valadez, también hidrocálido y también con aire de torero caro. Fue una lástima que pinchara tres veces a “Arrogante”, el de la ceremonia, que fue un bicharraco huidizo y al cabo rajado, que embestía a oleadas descompuestas y ante el cual se plantó el debutante con decisión de novillero y aplomo profesoral. Y, a querer o no, le ligó al manso un par de tandas con la zurda, de mano baja y temple irreprochable, que levantaron a la plaza entera. Y manejando las querencias como experto, a despecho del ventarrón. Su único error fue entrar a herir en terrenos naturales. Allí se diluyó la posibilidad de una oreja legítima. Luego, estaría igual de valeroso y solvente con un cierraplaza totalmente inexpresivo.

Quienes, en tarde polar, dejaron más frío aún al personal, fueron Hermoso de Mendoza –con el par de jícamas que en mala hora envió Bernaldo de Quirós—y un Cayetano a la vuelta de todo. Al encierro del Jaral, muy bien presentado y que acudió diez veces a los caballos, todo un récord a estas alturas, lo redime la encastada bravura de “Bienvenido”, premiado con arrastre lento. Porque sus hermanos dejaron bastante que desear.

Ojo con la Suprema. Ya el severo magistrado de la Suprema Corte de Justicia don José Fernando Franco González Salas se relamía de gusto, disfrutando de antemano con el informe abolicionista de las corridas que estaba preparando, cuando la causa que lo habría motivado –una denuncia interpuesta por Promociones y espectáculos Zapalinamé, SA de CV, contra la prohibición que desde 2015 opera en el estado de Coahuila, y que al elevarse al más alto tribunal del país iba a ser contrastada con la Constitución de la república—fue desistida por la misma instancia denunciante, seguramente informada a tiempo del cataclismo que podía suscitar. Así que, por ahora al menos, la amenaza de una votación de dicho laudo en la Segunda Sala de la Corte quedó suspendida.

Vale la pena, sin embargo, traer a cuentas un par de “razonamientos” del documento en preparación que no tienen desperdicio. Porque el honorable magistrado Franco González Salas tenía listas para hacer circular entre sus pares perlas de este calibre: “Es válida la supresión de las corridas de toros debido al interés general de la sociedad de que se respete el derecho humano a un medio ambiente sano, con relación a la protección y preservación de las especies animales”. Y como corolario: “Con ello se evitaría la transmisión de valores negativos a la sociedad mediante actos que contengan violencia y maltrato animal”.
Si bien vivimos en un país libre incluso para disparatar a las anchas de cada cual, la mezcla de ignorancia, presunción, estulticia y poder es capaz de las mayores barbaridades.

Categoria: