TAUROMAQUIA. Alcalino.- Muerte sin fin ( La visión del maestro mexicano sobre Fandiño )

Iván Fandiño no hacía el toreo bonito, se concretaba a torear de verdad. Ni susurraba suaves romances con toritos de azúcar ni se las daba de esteta magistral a cabeza pasada.

A lo largo de estos años, Iván Fandiño se limitó a honrar la profesión de torero allí donde o llamaran. Como era un alternante de perfil indómito, las figuras procuraron mantenerlo apartado del circuito mayor: si tan valiente es, que se avenga a lidiar toros enterizos, a refugiarse en carteles peleones. Esto ha sido siempre así, dirán los publicronistas

custodios del proteccionismo, que en ese sentido el toreo tiene una historia larga y muchas colas que pisar. Y mucho riesgo latente, en los despachos y en la arena.

El precio de la independencia. Recuerdo que hace unos años, en Arles, le dieron a Iván el trofeo de la feria. Había podido telever las cuatro corridas y escribí lo siguiente, bajo el subtítulo Fandiño, premio del jurado: “Una lección de profunda sensibilidad y saber taurino iba a darla el jurado encargado de dilucidar lo mejor del ciclo, pues eligió como triunfador a Iván Fandiño, que solamente había recibido una oreja la misma tarde en que el carismático Padilla acababa de pasear dos por una obra de calidad notoriamente inferior a la templada, torerísima faena del de Orduña al berrendo de Torrestrella lidiado

en quinto turno. Con tal decisión, el jurado arlesiano evidenció que sobran sumadoras cuando de calibrar méritos artísticos se trata. Alguien podrá argumentar en favor de la redonda actuación de Castella el día de su mano a mano con Juan Bautista, pero hay que reconocerles a los solones galos la sutileza de saber interpretar los escollos interpuestos a Fandiño por el empresariado español, empeñado en reservarle las fechas y los encierros menos apetecibles de sus ferias para hacerle pagar así el pecado de su independencia administrativa: no te vienes con nosotros, pues confórmate con las sobras.” (La Jornada de Oriente, 8 de abril de 2013).

bviamente, las cursivas no están en el original, pero sirven en esta hora pesarosa para ilustrar la lucha del torero de Orduña contra el sistema y sus sórdidos blindajes, así como su entereza para mantenerse en liza a pesar de los pesares, y su insobornable fidelidad a Néstor García, el hombre que supo valorar los esfuerzos de un joven pelotari vasco por hacerse torero, y el único que lo impulsó y lo tomó en serio. El camino de Iván sería similar al de tantos toreros sin más apoyos que una vocación a prueba de bombas, mucha fe en sí mismos y un espíritu inquebrantable. Fundamentado todo en el valor que hace falta para seguir yendo a la cara del toro-toro sin rechistar. Todavía recuerdo el faenón que le cuajó en Madrid al encastadísimo Parladé que lo hirió de gravedad al tratar de asegurar la estocada, entrando a volapié con ejemplar rectitud, pese a lo cual le negaron la segunda oreja. Y me preguntó, ¿le sirvió de algo tan enorme faena y ese gesto de matador auténtico, faena y estocada designadas por varios jurados como lo mejor del San Isidro 2013? Si para algo sirvió sería para que la élite procurara poner tierra de por medio entre sus estancos privilegiados y el incómodo espada vizcaíno. Allí estaba Francia para hacerle justicia, dirían, con una organización más atenta a los méritos de cada cual, pero también con su firme apego al reglamento, particularmente en cuando al ganado que allí se lidia.

Aire-sur-l´Adour. Este cantón de Aquitania, región de Las Landas, al sur de Francia, pertenece al distrito de Mont de Marsan y solamente cuenta con seis mil habitantes. Su plaza de toros, llena solamente a medias el infausto sábado 17, tiene cupo para 4250 espectadores. Y anualmente, celebra dos o tres corridas, por mayo y junio.

En Francia existen 59 municipios oficialmente autorizados para celebrar festejos taurinos, autorización basada en la tradición y reconocida y protegida por el gobierno nacional. La plaza de Nimes, que ocupa la estructura de un antiguo coliseo romano, acondicionado para funcionar como coso taurino, es la más importante del país y la única que confirma alternativas, situación que la hermana con Las Ventas de Madrid, la Plaza México, la de Acho en Lima y, hasta hace poco, la Santamaría de Bogotá y la de Iñaquito en Quito, éstas dos últimas abocadas a desaparecer a la luz de recientes legislaciones taurofóbicas.

La de Aire-sur- l´Adour está encuadrada en la tercera categoría, y por lo tanto se rige por un reglamento más benigno que las de primera y segunda. Pero la autoridad local, como en el resto del país galo, no hace ninguna concesión por debajo de dicho reglamento, lo que asegura para sus corridas la garantía de toros íntegros, y una celebración rigurosamente vigilada en todos los aspectos que el reglamento previene. A saber, eso sí, si su equipamiento sanitario estaría a la altura, sospecha derivada de este lamentable caso.

Baltasar Ibán. La ganadería madrileña, en auge durante el último tercio del siglo pasado, dejó de ser solicitada por las figuras debido a la reconocida casta de sus toros –uno de ellos, modélico en todo sentido, fue el célebre “Bastonito”, que le reportó uno de sus triunfos más sonados pero también más caros a César Rincón, en la plaza de Madrid (07.06.94)-- . La última oreja cortada allí mismo por el León de Tetela Joselito Huerta fue precisamente de un ejemplar de Baltasar Ibán Valdés (20.05.65), misma procedencia de “Santanero”, con el que confirmó su alternativa Manolo Martínez ante la cátedra madrileña, apadrinado por El Viti y con Palomo Linares como testigo (22.05.70).

Por cierto, Iván Fandiño nunca llegó a confirmar en la México, donde al parecer sólo tenían cabida los recomendados por cierto influyente divo. Había tomado la alternativa en Bilbao el 25 de agosto de 2004 de manos de El Juli y con Salvador Vega como testigo; toro

“Afrodisíaco”, de El Ventorrillo y de pelo castaño, como el último que mataría.

La corrida trágica. Vestido de canela y oro, Iván Fandiño Barros (Orduña, Vizcaya, 29.09.1980-Mont de Marsan, 17.06.2017) fue primer espada del cartel y le cortó la oreja al último toro de su vida, un colorado de Baltasar Ibán bajo y ligero, cuyo buen estilo, no exento de cierto picante, permitió que Fandiño se explayara en una faena seguida con entusiasmo y que, bien coronada con la espada, le permitió al torero vasco pasear el apéndice en triunfo. No llegaría a lidiar al segundo de su lote.

El francés Thomas Dufau, de celeste y oro y muy poco placeado, derrochó voluntad ante tres encastados adversarios. Le tocó lidiar al berrendo cuarto, segundo de Iván Fandiño, herido al hacer un quite por chicuelinas al tercero de la tarde.

Éste, llamado “Provechito“, negro meano, hirió también, levemente, al banderillero Pedro Vicente Roldán; en su turno de quites, Fandiño muy quieto, trazó una chicuelina por el pitón derecho, pero el toro se le metió debajo en la segunda y lo derribó, aparentemente sin hacer por él en el suelo… mas en su confusión para hacerle el quite, los subalternos no consiguieron alejar al bicho y éste volvió sobre la presa, hundiendo su cuerno derecho en el costado del mismo lado del torero y levantándolo al pasar. Llevaba el orduñés una profunda herida, que según el médico que lo atendió en el hospital donde murió “le

reventó el hígado y la vena cava… era imposible hacer nada por salvarlo”.

Juan del Álamo, de teja y oro, estuvo tranquilo y torero con ese bicho, que no fue fácil, y aprovechó la buena condición del sexto para cortarle la oreja. Confiesa que nadie, en la plaza, tuvo conciencia de la gravedad del percance, ni mucho menos esperaba un desenlace fatal, por lo que la corrida prosiguió sin alteraciones, mientras Iván Fandiño era trasladado en ambulancia a Mont de Marsan, capital del distrito. Por cierto que Del Álamo es otro torero que se mueve al margen de las grandes casas empresariales, por lo que tampoco ha conseguido romper el cerco a que se ven sometidos los independientes. Como

matador ha cortado ya nueve orejas en Madrid, sin que la puerta grande que por fin abrió el pasado 25 de mayo le haya valido para entrar en el cartel del propio sábado 17 en Las Ventas, reservado, según se decía, a quien hubiese triunfado en San Isidro.

Fe de erratas.

Recibo atento recado desde Aguascalientes. Lo remite Xavier González Fisher, aclarándome que las corridas toreadas por “Cañitas” en Las Ventas fueron 14 y no las 13 que señalaba esta columna el pasado lunes 12. Menciona también las 13 de “El Zotoluco”, que yo omití. Y, lo mejor de todo, me remite una precisa relación de cada una de las corridas toreadas en Madrid por los cuatro mexicanos que más veces han partido plaza en el coso venteño: Carlos Vera “Cañitas” (14), Eulalio López (13), Miguel Espinosa y Joselito Adame (12) y Curro Rivera (10). Regalo inestimable que, francamente, me tienta a

cometer nuevos yerros en el futuro, con tal de continuar recibiendo obsequios así de valiosos de tan estimado amigo. Toda una autoridad Xavier en materia de documentación taurina cuidada al detalle.

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