TAUROMAQUIA. Alcalino.- Dinastías taurinas de México: los Armilla

El 3 de mayo de 1911, Fermín Espinosa Saucedo, maestro incomparable, vio la luz primera en la ciudad de Saltillo, capital del estado de Coahuila. Su padre, Fermín Espinosa Orozco, zacatecano de nacimiento, era un modesto banderillero que se ganaba la vida como zapatero remendón mientras permanecía a la expectativa para alistarse como subalterno libre en alguna plaza norteña. Y es que, en este país, el norte siempre fue muy taurino.

Reza una anécdota familiar que Juan Silveti, quien apreciaba el valor y la habilidad del primer Armilla para llegarles con capote y banderillas a toros resabiados, un día, de visita en casa de los Espinosa, le regaló un peso de plata a Fermincito, el hijo menor, tras sorprenderlo toreando con otros chicos en el patio de la vecindad donde residían. Desde Saltillo, los Espinosa Saucedo no tardarían en trasladar su domicilio a San Luis Potosí, y al poco tiempo, con la lucha revolucionaria encima, a una modesta vivienda de la calle Campo Florido, en la capital del país, dispuesto don Fermín a seguir de cerca la carrera de Juan, el primogénito, ya novillero puntero. Para entonces, primeros años 20, el fundador de la dinastía estaba retirado de la dura brega con moruchos y marrajos que durante tantos años le sirvió para procurarle el sustento a su numerosa prole.

Juan Espinosa “Armillita” (1905-1964). La de Juan, torero habilidoso pero carente de personalidad, fue la última alternativa que otorgó Rodolfo Gaona (Plaza El Toreo, 30.11.24). En Madrid se la confirmó Torquito (20.09.25) y siempre fue reconocido como un banderillero fuera de serie, a cambio de decir muy poco con muleta y espada. DE modo que, al escasear los contratos, fue ese papel subalterno el que eligió –o terminó por elegirlo--, para formar collera con su hermano Zenaido en la cuadrilla de Fermín. Como apoderado de éste, el desempeño de Juan dejó bastante que desear, pero como peón de brega era un reloj de precisión. Y un coloso irrepetible del segundo tercio.

Retirado ya Fermín, el cornadón de “Cañí”, de Rancho Seco (Plaza México, 28.12.52) terminó definitivamente con su carrera. Esa tarde actuaba a las órdenes de Luis Miguel Dominguín.

Zenaido Espinosa Saucedo. Fue siempre banderillero de Fermín y, en un plano más discreto que el de Juan, constituyó con éste y un tercero –que primero fue Rolleri y más tarde Pascualet—la mejor cuadrilla mexicana de todos los tiempos, magistralmente dirigida por el Maestro de Saltillo. El capote de Zenaido, que encontraba toro en todos los terrenos, fue legendario. Se despidió la misma tarde que el coloso de Saltillo (03.04.49).

Fermín Espinosa “Armillita Chico” (1911-1978). En España le llamaron el Joselito Mexicano, y su infinita capacidad torera, envuelta en elegante naturalidad, supo conquistar las principales plazas del orbe, empezando por la muy competente afición de la capital mexicana, ante la cual se presentó como becerrista a los 13 años. Allí mismo lo doctoró Antonio Posada un par de años después (17.10.27, con “Maromero” de San Diego de los Padres). Al confirmarlo Chicuelo en Madrid (10.05.28, con “Gaditano” de Murube), cortó la oreja del sexto y fue paseado en hombros. A los largo de ocho años y 27 corridas cortaría diez apéndices en la capital de España, y en 1936 fue el blanco principal de la discordia conocida como boicot del miedo –denominación debida a Juan Belmonte--, que significó la expulsión de España de los diestros mexicanos por sus pares españoles, en vergonzosa confesión de impotencia artística. Antes, Fermín había cortado en Barcelona, donde toreó 35 tardes, las cuatro patas a un toro de Justo Puente, el célebre “Clavelito” (29.07.34). Y tanto en Bilbao como en Valencia y los principales cosos hispanos, sus repetidas apoteosis le valieron reconocimiento y trato de primerísima figura. Cuando, resuelto el pleito, volvió a pisar arenas ibéricas, tuvo la satisfacción de cortar un rabo en Sevilla, por su faenón a complicado astado de Manuel González que había brindado a Juan Belmonte (03.06.45).

En México, su ejecutoria es incomparable. Sólo en plazas de la capital toreó 157 veces como matador y cortó 42 rabos. Nombres como “Mexicano”, “Azabache”, “Violetero”, “Barrendero”, “Bordador”, “Zagalejo”, “Cantarito”, “Arpista”, “Tapabocas”, “Jumao”, “Embutido”, “Chocolate”, “Clarinero”, “Pituso” evocan otras tantas faenas inmortales del Maestro. De “Pardito” de San Mateo –mano a mano con Garza, su más enconando rival-- paseó la única pata cortada en la capital (20.12.36) y a “Nacarillo” de Piedras Negras –alternando con Manolete-- le hizo, por naturales, una de las mejores faenas jamás vistas en la Plaza México (15.12.46). Ganó tres Orejas de Oro y una Rosa Guadalupana. Y en España, donde no existía la costumbre de asociar al torero triunfador el nombre del toro, se recuerdan aún sus faenas a “Centello” de Aleas en Madrid (06.06.32) o “Mocito” y “Arrempuja”, de Juan Pedro Domecq, en Bilbao (21.08.35). Es, además, el único matador que se ha encerrado con seis toros en Madrid, México, Lima y Caracas, las cuatro capitales del toreo en su época. Lo hizo por última vez para despedirse en la Plaza México con astados de La Punta (03.04.49), aunque en 1954, empujado por problemas económicos, tuvo una desafortunada y fugaz reaparición.

Sus reiteradas y concluyentes demostraciones de grandeza, extendidas a lo largo de 25 años y varias generaciones de toreros –que van de Chicuelo a Manolete, en España, y de su hermano Juan y Pepe Ortiz a los Tres Mosqueteros, en México-- hicieron que en los dos continentes esté considerado como uno de los mayores toreros de todas las épocas.

Manuel Espinosa Acuña “Armilla” (1939-2016). Primogénito del primer matrimonio de Fermín, nació en Lisboa por mero azar e inauguraría la costumbre, que hoy es casi ley, de viajar desde México a España para iniciar allá su andadura novilleril; Manolo extendió luego la suya a plazas de los estados y a las sudamericanas de Lima y Bogotá, sin tocar la México sino para confirmar, de manos de Manuel Capetillo y con el toro “Pichoncito” de Santacilia (19.12.65), la alternativa que el 20 de noviembre anterior le había conferido, en San Luis Potosí, Joselito Huerta.

Manolo Armilla dejaría el recuerdo de una mano izquierda de pulseo finísimo, que brilló, y mucho, durante el corto tiempo de aquella temporada de 1969 en que cuajó varios toros en la Plaza México antes de desaparecer de los carteles, arrastrado por una lesión crónica en el hombro que le dificultaba sobremanera la suerte de matar. Cuando se despidió definitivamente (Plaza México, 23.02.92), llevaba varios lustros prácticamente inactivo.

Fue Manolo, arquitecto de profesión y ganadero por afición, un torero serio y con arte, dignísimo sucesor de la mayor figura mexicana de la historia.

José Manuel Espinosa (1954-2016). Nieto de Zenaido y, por tanto, sobrino nieto de Juan y Fermín, hizo una breve y decorosa incursión novilleril en los primeros años 70, antes de dedicarse a labores de apoderamiento, especialmente al lado de su primo Miguel Espinosa Menéndez, aunque llevó también al Zotoluco y a otros diestros mexicanos.

Fermín Espinoza Menéndez (1956). Nacido en Aguascalientes y criado en la hacienda Chichimeco, de su padre, se afirma que el maestro Fermín lo consideraba el de más calidad entre sus hijos toreros. La realidad es que, tras algunas actuaciones afortunadas en la temporada chica de 1974 nunca dio el estirón, salvo para su consabida faena anual durante la feria sanmarqueña de su ciudad natal. Tomó la alternativa de manos de Manolo Martínez, testigo Eloy Cavazos, en la inauguración de la Monumental de Aguascalientes (23.11.74), y dijo adiós a la profesión durante la feria de San Marcos de 2003. Buen torero, pecó de frío y conformista a través de una larga aunque poco visible trayectoria.

Es padre del actual matador Fermín Espinosa Díaz de León, el cuarto Fermín de la dinastía.

Miguel Espinosa Menéndez (1958). Con una enorme facilidad para manejar los engaños y entender a los toros, tuvo un arranque promisorio, paulatinamente disuelto en su permanente tibieza. Como Manolo, se hizo novillero en España y sólo volvió al país para ser alternativado por Manolo Martínez en la Santa María queretana con “Arlequín” de Javier Garfias –26.11.77, testigos Cavazos y Manzanares padre--; lo confirmó en la México Mariano Ramos con “Jarabe” de Jaral de Peñas –18.02.79, testigo El Niño de la Capea--, y Manolo Vázquez en Madrid con “Piconero” de Gabriel Rojas, testigo Manzanares padre (25.05.83).

De su primera temporada capitalina es la angustiosa faena a “Arte Puro” de Torrecilla, un manso con muchísimo sentido al que cuajó a fuerza de aguante y mando (11.03.79), pero en vez de seguir por esa ruta eligió la comodidad y la mandanga. Por su concepción clásica del arte, revestida de enorme finura y temple, pudo ser un mandón, pero se conformó con destellear fugazmente y con algunas notables faenas al natural. Ninguna en España, pese a que tuvo continua presencia en San Isidro –toreó hasta 11 tardes, y en 1995 una banderilla casi lo degüella--; en 1997, en Linares, figuró en el cartel conmemorativo de los 50 años de la tragedia de Manolete. Luego de decir adiós en su natal Aguascalientes (01.05.2005), ofrecería una imagen grotesca al confirmarle la alternativa a Cayetano, el hijo mayor de Paquirri, (06.12.09) en una única corrida de reaparición.

Flaquezas del ánimo aparte, su defecto principal estuvo en la marcada tendencia a irse del toro antes del remate de las suertes. Y en una notoria dificultad para dar arquitectura y cuerpo a sus faenas, inclinándose por el cultivo del detalle sobre la solidez del conjunto.

Fermín Espinosa Díaz de León. Como tantos aspirantes a toreros del México de hoy, el hijo de Fermín Espinosa Menéndez se trasladó a España para dar allá sus primeros pasos como torero, siguiendo la estela de sus tíos Manolo y Miguel, e imitando a los numerosos paisanos adolescentes que en la actualidad lo hacen.

Debutó sin caballos en Nombela (25.07.2012), y con picadores en Valencia (23.07.13), habiendo sufrido en San Sebastián de los Reyes una fuerte cornada (01.09.13). De vuelta al país, toreó algunas novilladas con variada fortuna, bagaje insuficiente para pensar en la alternativa, que sin embargo tomó en Pachuca de manos de Alejandro Talavante con El Payo como testigo, toros de Montecristo (01.11.2014). En su confirmación capitalina le cortó la oreja al de la ceremonia, “Pata Negra”, de Bernaldo de Quirós, apuntando finas maneras aunque también una notoria frialdad.

En la actualidad, su carrera pasa por un impasse que se está prolongando demasiado; ha recibió numerosas oportunidades en la México sin aprovechar ninguna y llegando a impacientar a la gente por su falta de expresividad, calor y ceñimiento.

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