TAUROMAQUIA. Alcalino.- Adame: oreja a sangre y fuego

El sábado, en Las Ventas, se dio suelta el peor encierro de la isidrada. Era de El Torero, una ganadería con más pasado que futuro, y tenía aspecto de saldo. Los madrileños, naturalmente, no tragaron. Y la tarde transcurrió entre protestas, ya provocadas por la esmirriada presentación de algunas reses, ya por la invalidez de otras. Y los toreros pagaron el pato. Ginés Marín, que en su confirmación había abierto la única puerta grande del ciclo –hasta ahora--, fue el principal pagano, porque le correspondieron dos bichejos que se caían solos y no tenían un pase. A Francisco José Espada, que confirmó su doctorado de manos de Joselito Adame y estuvo más valiente que expresivo, el abreplaza lo cogió de lleno al entrar a matar y le produjo una conmoción profunda. De modo que el mexicano tuvo que apechugar con el sexto, luego de despachar un lote sin posibilidades –impresentable y protestadísimo uno y embistiendo a oleadas descompuestas antes de rajarse el otro--. Ya la tarde se le iba en blanco cuando los clarines anunciaron la salida del cierraplaza. Otro toro sin gracia, si bien corpulento y con buenas defensas, dentro de lo destartalado de su construcción. Se llamaba “Omani”, pesó 548 kilos y su comportamiento en los dos primeros tercios no fue nada esperanzador. De más está decir que, a estas alturas, la gente estaba como agua para chocolate.

Sobre cómo levantar una tarde perdida. Pero el hidrocálido lo brindó al público, se plantó en el tercio y citó para torear por ayudados altos. Cuatro, sin mover las plantas, y un garboso desdén. Al menos, “Omani” repitió sobre la tela, sin ninguna clase, eso sí, y con tendencia a arrollar para salir distraído luego. José, ya en los medios, le buscó las vueltas por el pitón izquierdo a un animal que ligaba un par de embestidas y la tercera la dejaba a medias, deteniéndose al llegar al torero, incluso para apuntarle con el pitón la taleguilla azul pavo y oro; pero Adame aguantaba estoico y consumaba el pase, y se las arreglaba para dar forma a las tandas. Fueron varias en esa tesitura, poniendo el diestro la emoción que negaba la ya mortecina embestida; hubo, incluso, bellos naturales citando de frente. “Esta faena, en otro contexto, en una tarde menos a la contra, habría sido más valorada”, señaló la reseña en vivo de Mundotoro. Mas el caso es que ese público malhumorado y aburrido terminó por meterse en la faena. El secreto de Joselito Adame estuvo en la inteligencia del planteamiento y en la decisión con que se plantó en la arena; en una de las bernadinas finales, “Omani” lo arrolló y casi lo coge, despidiendo de fuerte derrote la muleta, que Joselito atrapó en el aire para volver al toro y consumar la interrumpida serie. Pero calculando que, a pesar de tanta y tan lúcida entrega, la oreja que buscaba no era segura todavía, cuadró al de El Torero en el tercio, con los terrenos cambiados, arrojó la muleta a la arena, como hiciera Lorenzo Garza una tarde memorable de 1934 en la vieja plaza de la carretera de Aragón, y, a cuerpo limpio, se volcó sobre el morrillo y enterró la espada en la mismísima cruz, al tiempo que salía prendido y “Omani” lo buscaba con saña en el piso, por el cual rodaron ambos, pues la estocada resultó fulminante. Como la petición del apéndice, que José paseó en torno al anillo, saboreando un triunfo con el nadie contaba hacía apenas diez minutos.

El torero de Aguascalientes cobró así su quinta oreja en Las Ventas. En la enfermería se le apreciaron escoriaciones en el cuero cabelludo y golpes diversos. Pero había valido la pena jugarse el todo por el todo con aquella insólita manera de revestir de emoción la suerte suprema. Y está listo para repetir en 8 de junio, con una corrida de Alcurrucén que promete bastante más que la infame moruchada de El Torero.

Ginés la borda. Sabíamos que Ginés Marín era un torero de excelente corte y cabeza despejada, pero no sospechábamos que, en la tarde misma de su confirmación en Madrid, fuese a abrir la puerta grande con una faena modélica. Se la hizo al sexto, un toro de Alcurrucén fino, con mucha clase y transmisión y razonablemente encornado. Y la cuajó en un solo terreno –cerca de los medios--, entregándose al placer de torear y corriéndole la mano con gusto y gallardía por ambos pitones. No ha sido “Barberillo” el toro más bravo de la feria, pero si el más pastueño y humillador. Y Madrid se dejó embriagar por la solera fina del jerezano, sobre todo a partir del redondo, soberbio, dormido natural con el que epilogó, tras el cambio de mano, una hermosa serie derechista. Allí el público se desbordó, la faena se fue para arriba y, tras una gran estocada, el presidente tuvo que conceder la segunda oreja, que le abría a Ginés la puerta grande de Madrid.

Esa tarde del jueves 25, El Juli cortó la oreja de su primero y pudo desorejar también al cuarto, pero falló con la espada. Había dado un par de cursos de suficiencia torera, aunque algo acelerado a ratos. Y fue padrino doble, porque también Álvaro Lorenzo confirmó, muy dignamente, su alternativa de matador.

Sebastián y “Hebrea”. El 27 salió un toro de Jandilla, arrogante y fiero, con una señora percha, un galope precioso y una clase descomunal, que probablemente será el toro de la feria. Se llamó “Hebrea”, pesaba 527 kilos, le tocó a Sebastián Castella y, a su muerte, presidencia ordenó que le dieran las mulillas la vuelta al ruedo. El mayor elogio que se puede hacer al francés es que estuvo a la altura del toro. Y eso que “Hebrea” se comía la muleta con el mismo celo formidable que ya había mostrado con los caballos. Pero Castella supo mandar sobre la encastada embestida, y aprovecharla para ligar mucho el toreo, por ambos pitones, hasta redondear un faenón. Al mismo gran nivel toro y torero. Pero la media estocada cayó trasera y el de Jandilla tardó casi cinco minutos en doblar –sonó mientras un aviso--, y con ello se esfumó la segunda oreja. Sebastián pudo cortársela al otro de su lote, porque siendo bueno el de El Torero, superior fue la labor del galo, traicionado de nuevo por su espada. Tan estupenda había sido la faena que, tras dos avisos, lo llamaron a saludar.
Cuando manda el 7. Hubo otra corrida sobresaliente y fue la de Núñez del Cuvillo. ¿Qué malos mengues estorbaron el triunfo ese miércoles 24? Los que mueven a la gente del tendido 7, con sus manías hacia ciertas divisas y la necedad de palmear socarronamente supuestos pecados de colocación a los diestros. Lo primero lo sufrió Juan Bautista, que tuvo un lote magnífico que al 7 se le ocurrió que no valía. Es verdad que soseaban un poco, tanto el salinero primero como el estupendo cuarto, “Relatero”, toro que tomó sin remilgos no menos de 40 muletazos en los que el francés mantuvo siempre su bien cuadrada muleta a la justa distancia de los pitones, recreándose a gusto en las suertes y en los remates. Pero no le valió ni siquiera la estocada recibiendo para pasar de una ovacionada salida al tercio. Y tampoco fue la tarde de Roca Rey, que se arrimó como de costumbre en quites muy variados y muy poco apreciados; como tampoco lo fue su torera faena al tercero, que tenía jiribilla y pitones para dar y prestar. El sexto se inutilizó del tren trasero y no hubo más.

Sólo con sangre. De Talavante, Madrid espera siempre lo máximo. Lo malo es que, esta vez, el 7 decidió que todo lo que hiciese sería poco. Y que había que dejar sin premio la enorme faena al jabonero “Tristón”, toro encastadísimo de Cuvillo, tan bravo como listo, al que Alejandro sometió con incisivo poder y toreó por nota sobre ambos pitones, en faena tan torera como emocionante y de estética impecable. Un pinchazo arriba fue pretexto para negarle hasta la vuelta al ruedo. Y por ahí iban las cosas cuando el quinto, “Nenito” –que llegó muy entero y bronco al tercio final— empitonó al extremeño en uno de tantos viajes ríspidos y vencidos y le pegó una cornada en la cara interna del muslo derecho. Sólo entonces la plaza reaccionó y se impuso a los torpes designios del 7. Para ello, tuvo Alejandro que volver al toro –lo hizo sin ningún aspaviento--, enredárselo en la cintura en derechazos o naturales de alarido –lo de menos era la limpieza con semejante huracán astado, que además había olido ya la sangre—y meterle la espada entregando pecho y muslos en la suerte de recibir; aun así, la tardanza de “Nenito” para doblar fue motivo para negarle la segunda oreja. Con la otra, Talavante saludó y se retiró digna y pausadamente a la enfermería. Llevaba un limpio cate de 20 centímetros en el muslo.

Este martes, Teo Valadez. El novillero hidrocálido es nuestro otro representante de este año en San Isidro. Está anunciado para torear el 30 de mayo, con Diego Carretero y el francés Andy Younes utreros de Montealto. Hace tres domingos tuvo una afortunada presentación en Sevilla, con vuelta al ruedo en sus dos toros. Se le vio allí muy puesto, toreando con gusto y apostura. Ojalá tenga suerte y pueda seguir la senda triunfal marcada el sábado por su paisano Joselito Adame.

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