Roca, mandòn del toreo, se afianza en Valladolid

A fines del siglo XIX un exótico Ponciano Díaz llega tocado con un mostacho y sombrero charro a la España que ha perdido las últimas colonias en Cuba y Filipinas y sin saberlo inaugura un viaje de ida y vuelta en el toreo que se prolonga hasta Roca Rey que hoy en Valladolid tierra cervantina ha vuelto a sentar reales con un toreo inteligente, exquisito, de mano baja, de valor, de imaginación , y sutilezas con esas lisuras que proclamaba su ilustra paisana Chabuca.

Bien lo dijo El Juli : Roca lo tiene todo para mandar y a fe que ha sido comandante con mando en plaza esta bella tarde de toros en VALLADOLID . El primero, el melocotón, que metìa la cara y el torero sembrado desde que “ se echò” como era preceptivo antes el capote a la espalda y luego vinieron 5 gaoneras escalofriantes hasta las ajustadas bernadinas con cambios en el viaje que electrizaron a la plaza que se puso en pie para ovacionarle. Maneja los trastos con una flexible muñeca, cuando es preciso bajar la mano y arrastrar la muleta lo hace. Muletazos largos, templados y abrochados esos forzados de pecho a la hombrera contraria. Cuajò al toro con una estocada a ley y cayeron los dos pañuelos para los dos apéndices.

Su segundo que hizo quinto, mansòn, se fue a tablas y no incordiò al toro llevándolo a donde no querìa. El limeño le dio la lidia en el terreno adecuado dejándole la muleta muerta, siempre tapadito para que no se marchara de su jurisdicción. Que siempre viera muleta. Con el capote en esas improvisaciones que hacen grande al toreo, se puso de hinojos y dio dos verónicas que le resultaron pulcras. El toro era de esos mansos que pegan arreones como el que vivió uno de sus banderilleros al final teniendo que coger el hombre de plata y nunca mejor dicho las de vialladiego. Inteligente estuvo Roca con ese toro que cerrò la corrida pues donde lo lleva màs adentro de la segunda raya todo se hubiera venido abajo. Estocada, descabello y otra oreja. Fueron tres y en hombros.

El Juli abrió con un toro precioso de hechuras que protestaba por el izquierdo, lo metió con esa depurada técnica en vereda y terminò sacándole varios naturales. Pero la faena por las condiciones del toro no despertó emociones.

Advertì en el cuarto la frialdad de la plaza con el madrileño con un toro a menos que había empujado en el caballo pero luego pasaba en los engaños cancinamente, rajado. Laborioso el torero, pinchò y lo obligaron a saludar desde el tercio.

El primero de Manzanares protestado por falta de trapio- Toro noble. La gente no tomò en cuenta el trasteo. Saliò a saludar y al toro le reprobaron con pitos en el arrastre.

El quinto, un manso encastado se dejò mucho y Manzanares sacò a relucir esa faceta de torero elegante, de bellas formas de trazo largo, de despaciosidad, de temple, de hermosura en la lidia. Curiosamente, el toro escarbaba repetidamente pero cuando iba a la muleta lo hacía metiendo el morro abajo y las embestidas resultaban emocionantes. Sonò “Cielo Andaluz” su pasodoble preferido. Fue una maravilla verle pulsear la muleta, dar esas “ largas parrafadas” con la muleta en una ejecución de estètica impresionante. Lo matò recibiendo y el premio de las dos orejas.

El jefe de comunicación de la Federaciòn Taurina de Valladolid, Jesùs Lòpez Garañeda me explica que eta corrida de Domingo Hernandez tiene origen en Tordesillas y buscando en la historia hay rastros de Lamamie de Clairac, Gamero Civico y Parladè. Don Domingo nos dejó este año.

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