Primer brindis a Ignacio, el hijo pequeño del maestro Rincòn

Un brindis es siempre un momento grato y envidiable en la vida de un aficionado.......Quienes hemos vivido ese momento es maravilloso...Còmo lo serà para un niño, hijo de un matador de toros que en su corta edad pasa muchas horas en el campo con el padre entre vacas, toros y novillos..

Pues cuenta Natalia, la progenitor del agraciado : Primer brindis de su vida. El maestro Eloy Cavazos brinda un toro a mi pequeño.Prometido, no llevar la camiseta del Club Deportivo de Guadalajara ( México) para el próximo año.....

El buen suceso ocurriò en en la finca El Torreòn en Extremadura donde se levantan los toros del maestro bogotano.....En un tentadero participaban entre otros Guerrita, Viloria y otros toreros.......

ELOY CAVAZOS, TODO UN REFERENTE DEL TOREO MEXICANO

En 50 años como matador hay infinidad de anécdotas. Pocos las pueden contar con una soltura cándida y honesta como Eloy Cavazos (Guadalupe, Nuevo León, 1949), una de las grandes figuras del toreo mexicano.

Cavazos acaba de cumplir sus bodas de oro con el toreo, “y me gustaría volver a salir al ruedo”, manifiesta. Entonces, en flash back aparecen imágenes en sepia, como de fotografías arrugadas con varios detalles que lo han ido engrandeciendo en su oficio, como en la vida.

Es el niño Eloy, el quinto de una familia humilde de la Villa de Guadalupe, en Nuevo León. Su madre, Enriqueta Ramírez, hace tamales y trabaja en una carnicería. Su padre, Héctor Cavazos, es vigía de la plaza de Guadalupe y, sin querer, le abre la puerta al mundo taurino.

“Lo que quería era comprarle una casa a mi mamá. Nosotros pagábamos renta y yo veía que los toreros traían dinero, llegaban en camionetas, vestían bien. La verdad es que me hice torero por hambre.”

Y asomó la cabeza muy chiquito. A los dos años, dando apenas unos pasitos, se ponía cerca de las vaquillas, de los novillos y los toreros. Olía a que el futuro le deparaba esa vida. A los cinco empieza a dar sus primeros muletazos.

“Boleaba, vendía chicles y ayudaba en la limpieza de la plaza. Daba a 20 centavos el trapazo, pero para que el día de la corrida más de diez se bolearan, estaba duro. Una vez, de chiquito, me dejaron dar muletazos de exhibición. A la gente le daba curiosidad y me aventaron monedas. Esa noche le entregué a mi mamá 50 pesos en monedas de 20 y 50 centavos. Sabía que debía ser torero”, recuerda.

Cavazos, desde Monterrey, en donde tiene de vecinos a sus familiares y amigos, dice que es un torero más, pero la historia le atribuye pasajes ideales de una figura taurina, que después de dos años como novillero, apuntó a una trayectoria alta, triunfando en Sudamérica y en las grandes plazas como la Monumental de México y Las Ventas, en Madrid. También actuó en Barcelona y Francia.

Pero antes de citar ese punto, basta recordar sus inicios. Un día llegaron los niños taurinos de Aguascalientes. Uno de ellos, Changuita, le dio la oportunidad de aventarse con un novillo “y tuve miedo. Ahí se hubiera acabado todo, pero resulta que a los 15 años pedí la oportunidad de ser novillero y me fue muy bien, orejas y rabo, de ahí pa’ delante.”

Rafael Báez es su apoderado y lo lleva con tiento. Le aleja a las muchachas y las distracciones. Cavazos, a los 17 años, se vuelve matador de toros, pero desde tiempo atrás lleva la maestría y la mano de varios matadores que le fueron enseñando naturalmente.

Categoria: