Ponce y Roca en Málaga: Están y se les espera

En la última corrida a pie de la Feria de Málaga por fin se abrió la Puerta Grande Manolo Segura. Tras cinco festejos mayores y una novillada, por fin alguien hacía méritos para salir triunfal en La Malagueta. Hasta ahora, se habían visto faenas importantes, algunas muy importantes como las de un día antes de Fortes, pero había faltado la rúbrica fundamental con los aceros. Ayer no sólo un torero alcanzó la gloria, fueron dos los elegidos. Uno que llega y otro que se queda. La pujanza de Roca Rey, aire fresco en el escalafón, respondió a las expectativas creadas y lo dio todo para la afición de Málaga. De Enrique Ponce en La Malagueta ya quedan pocos adjetivos positivos por emplear, y presentó seria candidatura para proclamarse por séptima vez el triunfador del ciclo. Marcando distancias.

Tres años le ha costado a Roca Rey conquistar la plaza de toros de La Malagueta. En su primer año de alternativa cobró con sangre sus ansias de triunfo, y el pasado no hubo trascendencia en sus actuaciones. A la tercera fue la vencida, y ayer por fin lo conseguía. Con el público muy a su favor, quedó claro que actualmente es el torero que más gente lleva a la plaza, y faltó poco para que se colgara el no hay billetes. Con todo, la imagen del coso del Paseo de Réding era espléndida. La Malagueta estaba guapa como nunca.

El peruano se aseguró la salida en volandas en su primer envite, ante un encastado burel de Juan Pedro Domecq con el que se mostró brusquito con el capote. Ya ahí se comprobó que el personal estaba muy predispuesto con él. Se ovacionó al picador por no hacer su trabajo, simulando la suerte de varas y quiso tener un acercamiento a los pitones en un quite por chicuelinas sin trascendencia. Impactante fue el comienzo de faena pasándose al toro muy cerca en cinco estatuarios en los que asustó; aprovechando la transmisión de su oponente. Subió enteros al bajarle mucho la mano en redondo, y los tendidos rugieron con el de pecho. Ciertamente fue una faena emocionante, aunque enturbiada por enganchones y sin cogerle la velocidad que le pedía. Tras enroscarse con él al natural, se confirmaba que era una labor más vistosa que rotunda en la que estuvo variado y valiente. Las manoletinas de frente así lo atestiguaron. Se le pidieron las dos orejas que el esta vez generoso palco concedió. Con media estocada caída que provocó un feo derrame no se pueden sacar los dos pañuelos en una plaza de primera.

En el que cerraba plaza quería más, y se vivió un bonito duelo en quites con Ponce. Las chicuelinas del maestro fueron contestadas con caleserinas y tafalleras en uno de esos momentos de competencia que tan de menos se echan. Tras brindar a Victoria Federica Marichalar y Borbón, quiso impactar. Los trincherazos iniciales le rozaron la taleguilla, y a partir de ahí plantó las zapatillas en una faena de quietud en la que el animal le marcó su deseo de huir. La afición agradeció su personalidad y se entusiasmó con el arrimón final, en el que ofreció circulares entre el júbilo colectivo. No fue una actuación rotunda, pero sí de las que dejan claro que Roca Rey ya no es una promesa, sino una realidad que ha llegado para quedarse.

Veintiocho años después de haber tomado la alternativa, ahí sigue Enrique Ponce, que vivió un nuevo idilio con La Malagueta. Y van ya tantos? Una oreja había paseado del primero de su lote. En realidad fue el tercero que saltó al ruedo, ya que el que le correspondía de la ganadería titular volvió a los corrales y el primer sobrero de La Palmosilla tuvo que ser apuntillado tras derrumbarse. No hizo buenas cosas el bis del mismo hierro de salida. Sorprendía que brindara al público. ¿Qué le habría visto el valenciano? En medio de la mansedumbre, había un espejismo de nobleza, por lo que inició los muletazos por alto y siguió ligando a media altura. En esa técnica es insuperable, y con la franela retrasada fue ayudándole a embestir a pesar de que nunca bajó la cara, consiguiendo mantenerlo en el canasto. Los torerísimos naturales de frente para concluir con circulares invertidos pusieron la guinda.

Pero lo bueno aún estaba por venir con el noble cuarto. Fue un buen toro, para nada excepcional. Le gustó ya con el capote, abriendo mucho el compás, y en la faena desde el principio no le obligó y poco a poco fue bajándole la mano. Su mejor pitón fue el derecho, ya que por el izquierdo se quedaba corto y le obligaba a perderle pasos. Después de haberse inventado tres faenas en esta feria, por fin tenía material real. Noble pero sin casta, que quede claro.

Templado, le sacó naturales de uno en uno, y en su vuelta a la diestra el de Chiva estuvo elegante al flexionar las rodillas, siendo lo mejor los pases de pecho. Fue un conjunto de maestría, en el que supo llenar los tiempos muertos. Incontestables las dos orejas tras una buena estocada, pero totalmente improcedente la vuelta al ruedo concedida después de que alguno, sin ningún criterio justificable, solicitara un indulto absurdo a todas luces.

No estuvo bien José María Manzanares en su primero, un juampedro flojito que se derrumbó en los primeros tercios y al que comenzó el trasteo por alto expulsando los muletazos. Fue una faena sin ángel ninguno, en la que incluso se mostró desconfiado por instantes. El conjunto fue vulgar, algo que no se puede consentir a un matador con su elegancia natural.

En el otro no quiso ser un convidado de piedra, pero se quedó a medias. Fue un toro manejable, también sin clase, con el que brindó un saludo con cuatro buenas verónicas y la revolera. Sin apreturas, al menos estuvo más estético y fue creciendo en el toreo fundamental. Dejó detalles como una trincherilla de remate o un bonito cambio de manos.
Eléctrico, no terminó de templar las embestidas y quiso jugarse todo citando a matar recibiendo. Entró media espada, quedando todo en una ovación.

@danielherrerach

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