Pablo Lozano y sus venerables 87 abriles

Tiene 87 años y el tiempo ha hecho muy poca mella en su figura. A Don Pablo Lozano, "La muleta de Castilla" le conocimos en Colombia cuando llegaron a administrar en esos años gloriosos "La Santamarìa". Màs tarde apoderò la llamada "Casa Lozano" al maestro Rincòn en esos fèrtiles años del torero bogotano. Don Pablo junto a Eduardo y Josè Luis ( Manolo es hermano pero va por libre ) conforman un tàndem inigualable junto a Pablito ( gran escultor, por cierto ) que lleva a Diego Ventura, Luisma con El Juli y otro verso suelto, Fernando que se fue a vivir a Mèxico donde naciò su madre.

Don Pablo es un conocedor del toro bravo como pocos ( quizás solo le iguale El Potra" aquel àguila , veedor de Pamplona,lamentablemente fallecido ) y un deleite oírle hablar de toros.

Vaya a don Pablo, a su familia , a su gente, nuestros deseos de muchos màs años entre nosotros......Y con salud.

Matador de toros español, naciò en Alameda de la Sagra (Toledo) el 29 de agosto de 1932. En el planeta de los toros es conocido por el sobrenombre de "La Muleta de Castilla". Es hermano de otro matador de toros, Manuel Lozano Martín, y padre del torero Fernando Lozano Pérez.

Nacido en el seno de una familia inmersa en el ambiente taurino, desde muy joven sintió el deseo de llegar a ser matador de reses bravas. Consiguió enfundarse el traje de luces, por vez primera en su vida, el día 26 de agosto de 1949, fecha en la que hizo el paseíllo vestido de torero en la pequeña plaza de Orgaz (Toledo). El 16 de septiembre de aquel mismo año hizo su debut en un festejo asistido por el concurso de los varilargueros, verificado en otro pequeño coso de su provincia, el de Mora de Toledo. A partir de entonces, su nombre empezó a sonar con fuerza entre los de los novilleros más destacados del momento, lo que le llevó a comparecer en la plaza Monumental de Las Ventas ante la primera afición del mundo, el día 1 de junio de 1950, para enfrentarse, en compañía de Pablo Lalanda y Jaime Malaver, con una novillada procedente de la ganadería de los herederos de María Montalvo.

Los numerosos contratos que le llovieron durante aquella su última campaña como novillero le permitieron afrontar su toma de alternativa a finales de la temporada siguiente. En efecto, el día 25 de septiembre de 1951 cruzó el redondel de la plaza de toros de Barcelona, acompañado por su padrino, el diestro madrileño Luis Miguel González Lucas ("Luis Miguel Dominguín"), que le cedió la lidia y muerte del toro Tirano; y flanqueado por los coletudos Manuel González Cabello y José María Martorell Navas, que comparecieron en calidad de testigos. Se lidiaron aquella tarde ocho toros: seis procedentes de las dehesas de don Samuel Flores, y dos marcados con el hierro de don Atanasio Fernández.

El día 18 de mayo de 1952 volvió a pisar la arena madrileña, ahora dispuesto a confirmar la validez de su título de doctor en tauromaquia. Venía, a la sazón, apadrinado por el espada madrileño -aunque nacido en Caracas- Antonio Mejías Jiménez ("Antonio Bienvenida"), quien, bajo la atenta mirada del estoqueador Francisco Muñoz y Herrero ("Paquito Muñoz"), que comparecía en calidad de testigo, le facultó para que diera lidia y muerte a estoque a un burel perteneciente a la vacada de don Ignacio José Vázquez.

Entre los éxitos que jalonan la andadura torera de Pablo Lozano Martín, es obligado destacar su actuación en Madrid el día 14 de julio de 1957, en la corrida a beneficio del Montepío de Toreros. Aquella tarde, anunciado en los carteles como único espada, "La Muleta de Castilla" se enfrentó con seis toros bravos de la divisa de Barcial, a los que muleteó y estoqueó de forma tan extraordinaria, que acabó siendo sacado a hombros por la Puerta Grande, después de haber cortado cuatro orejas.

Seis años después, en la plaza de toros de Andújar (Jaén), Pablo Lozano Martín volvió a enfrentarse en solitario con seis reses de lidia, esta vez criadas en las dehesas de don Juan Salas. Aunque sólo pudo cortar una oreja, y en el último toro de la tarde, recibió varias ovaciones que le obligaron a dar varias vueltas al ruedo. A partir de esta fecha comenzó su declive como matador de toros, profesión que abandonó para convertirse en apoderado de toreros y en empresario taurino.

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