Pablo Gómez de Barbieri y su severa mirada de la feria de Chota

Concluyó la Feria peruana de Chota.

Artísticamente fue satisfactoria; fundamentalmente porque dos toreros de primera línea −Castella y López Simón− sustituyeron a Andrés Roca Rey, que no pudo asistir por la cogida que sufrió el 22 de junio en Badajoz y que aún lo mantiene en reposo forzado; tampoco pudo torear en Zamora ni en Soria. Dos diestros que encabezan el escalafón lo sustituyeron, pero el trapío de muchos de los astados lidiados en Chota no guardaron relación con la categoría de los lidiadores que actuaron en la segunda feria del Perú. Dicen que Chota exige toros con trapío; eso sería en el pasado. Vea, abko estas líneas, las mejores faenas.

−PERO LA FIESTA ACABÓ.......

Los dueños de restaurantes y hoteles en Chota, dicen −apesadumbrados− que la feria taurina es importantísima para su economía; les permite soportar el escaso movimiento turístico a lo largo del año, sin tener que cerrar sus negocios.

En 2016, la feria representó, en conjunto para Chota, 13 millones de soles y este año, se incrementó hasta los 16 millones, como lo explicamos la semana pasada. Aquello lo causó la expectativa por ver a Roca Rey; hoy por hoy, el diestro más taquillero del mundo.

Sin embargo, si desde el inicio, Castella y López Simón hubiesen encabezado el cartel, no habría acudido tanta gente de todo el Perú a Chota, como lo hicieron también este año, para ver –específicamente− a Andrés. Habían pagado por adelantado pasajes, alojamiento y abonos; por ello, la gran mayoría decidió asistir, a pesar de su imprevista ausencia.

A la actual administración municipal de Chota le queda aún un año y medio por delante. Sabiendo que Andrés no firmará nunca más un contrato con ellos, si desearan salvar la feria y proteger la economía de su ciudad, la única opción que tendrían sería encargársela a un empresario privado. Dicho empresario podría también asumir la feria de Cutervo para reducir costos fijos, compartir toreros y para que no se repita, en esa segunda ciudad, un engaño surrealista como el que se produjo este año (la esperada “Feria del Ensueño de Cutervo”, con diestros de primera categoría, se transformó en la “del engaño”); daremos cumplida cuenta de ello, con detalles económicos, la próxima semana.

−LOS TOROS EN CHOTA

Paiján lidió dos corridas. Fueron disparejos; los hubo jóvenes y terciados, así como más cuajados. Varios dieron buen juego y algunos sobresalieron. No desarrollaron complicaciones, pero unos cuantos tuvieron poca fuerza.

Los de Roberto Puga tenían edad, pero un volumen y trapío insuficientes. Varios eran pobres de cara, pero otros tenían una cornamenta desarrollada que no correspondía con su anatomía. Quizá la explicación sea que son animales que, de pequeños, no comieron lo debido y se han quedado revejidos; aunque ahora se les alimentara, no cuajarían. Algunos dieron buen juego; casi todos carecieron de fuerza. Tras el escándalo que ese ganado ocasionó en Chota, en 2016 ¿cómo le volvieron a comprar este año? Inexplicable.

−LOS TOREROS

En la tercera corrida, con toros de Paiján, Castella redondeó una faena soberbia a su primero; burilada poco a poco, conforme la fue cuajando, se le vio disfrutar. El grueso del público chotano, ni se enteró de lo que sucedía en el ruedo; quizá porque no hubo rodillazos ni desplantes. Pinchó, pero quedó en el recuerdo de los que la apreciaron.

López Simón, en general, estuvo bien. Se le vio psicológicamente recuperado. Su quietud conquistó Chota.

El Fandi, con su habitual capacidad lidiadora, encandiló al público en banderillas.

Juan Carlos Cubas tuvo una de cal y otra de arena. A su primero, de Paiján, un buen jabonero que exigía mucha decisión y dejarle la muleta en la cara, no lo aprovechó. Pero a su segundo le cortó dos orejas; orejas de Chota.

El mexicano Macías, voluntarioso y punto.

Román tuvo un lote con poca fuerza; le puso voluntad y alegría.

Se concedieron muchas orejas; orejas de Chota. Varias premiaron faenas abrochadas con estocadas caídas.

LOS TOROS, SALVAVIDAS DE CHOTA

Ni turismo, ni ganadería lechera

Los tres mejores restaurantes de Chota: Roque, Anita y Clarita rebosaban de público a toda hora durante la feria.

Juan Carlos Benel, dueño de Anita, decía: “Goyo Santos se opuso a la minería en Cajamarca y dijo que viviríamos del turismo y de la ganadería lechera, pero lo cierto es que solo llegan turistas a Chota durante la feria taurina. A lo largo de la feria debo contar con doce meseras; el resto del año, me sobra solo con una, pues a Chota casi no llega gente. Si no fuera por la feria, muchos negocios cerrarían. Vivimos todo el año de lo que nos dejan los toros. Aprovechamos esos ingresos para pintar y dar mantenimiento. Si no hubieran corridas, tendríamos que irnos de aquí.”

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