Molés, un año más en la tierra del toro, la de César Rincón: Colombia

( En la foto Manuel Molés con el inolvidable Antoñete )

En "Aplausos" que dirige el maestro José Luis Benlloch, Manuel Molés hace una referencia a la inminente temporada colombiana, a César Rincón , a las nuevas promesas americanas y a su indeclinable amor a nuestro país , y no solo en lo taurino , de cara a la inminente temporada a la que no falta desde 1991 el año mágico del bogotano Julio César Rincón Ramirez....Y ha hecho equipo con un imprescindible, Ramón Ospina que nos dejó, con un hombre de radio de los de madera pura,Eduardo Rueda Santos, con el sabio Antonio Chenel , con Iván Parra, que labora en la cadena colega RCN y quien esto escribe, en compañía del médico Arias, de Julián y , cómo no, del infatigable Oscar Rentería nuestro jefe taurino en Caracol radio durante tantas faenas radiales ...

Dice Manolo :

Como nunca he sido muy vago en esta profesión de informar, lo habitual es dedicarse nueve meses a lo largo de muchos años a la actividad taurina en España y en Francia. Nueve meses de radio, de televisión, de periódico o revista, de tertulias y de conferencias, que un año llegaron a las ciento veinte. Esa intensidad tenía su cara oculta en los inviernos que aprovechaba para conocer el mundo más allá del “planeta de los toros”. Lo de América me llamaba regular. Incluso dije no en los últimos años de los ochenta y el inicio de los noventa. Pero todo cambió en 1991. El año que Rincón reventó Madrid con cuatro puertas grandes que todavía nadie ha superado. Cuatro salidas a hombros en una temporada en Las Ventas. Bestial. Y además César, cosas del destino, tenía parte de su tauromaquia, las distancias, el conocimiento del toro y más, del maestro Chenel. Porque Antonio fue su padrino de alternativa en Bogotá. Con un testigo de lujo: José María Manzanares.

Y ese año acepté ir a Colombia. Un país que sumaba contrastes tremendos. El país es un paraíso pero la guerrilla y el narco ponían el infierno. Y me fui a Colombia con Caracol Radio. Y durante varios años ocupaba diciembre, enero y parte de febrero con una programación diaria que llegó a tener diez horas en directo. Me enamoré de aquel país convulso pero que encontró en Rincón un grito para que todo el mundo supiera que había algo más que guerrilla y narco. El grito era “César, César” y “Colombia, Colombia”. Un torero enseñaba al mundo la cara limpia de un país de gente muy española, con nuestras virtudes y nuestros defectos. La diferencia es que ellos multiplicaban por mucho lo primero, a malas, y lo segundo, a buenas.

No he fallado nunca a Colombia. Menos un año que me vetaron por un viejo ganadero heredero malo de los virreyes hispanos al que no le gustaba que le dijera las verdades de su caciquismo y de su descastada ganadería. Cuando volví me pidió perdón y yo a cambio fui a desearle lo mejor cuando le llegó la enfermedad. Pero los años de Rincón, la gran ganadería de Guachicono (puro don Álvaro), los samueles de Fuentelapeña, los santacolomas de Ernesto Gutiérrez, los antiguos del Conde de la Corte de Achury Viejo. Años de esplendor en Cali, en Manizales, en Medellín, en Bogotá y en diez plazas más que se han ido apagando. Y ahora me costaría mucho trabajo faltar un año en Colombia. Y encima ya no hay narcos ni guerrilla. Ahora sólo queda el paraíso, la afición y nunca la felicidad completa: los políticos que se la cogen con papel de fumar y que dan mucho por el saco con el tema del falso animalismo.

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