Manolete o el nacimiento del mito a 70 años de su muerte

Manolete hizo eterna la gloria de su nombre la tarde del 28 de agosto de 1947 en Linares y pasó de la grandeza, la controversia, las tardes de éxito, de enfervorizado clamor popular a la condición de mito....Tenía 30 años y cuando la llama de su existencia se apagaba atinó a decir " que disgusto voy a causarle a mi madre ".

La Plaza de Toros de Linares acogía la tarde del 28 de agosto de 1947 una jornada gloriosa con los maestros Luis Miguel Dominguón, Manolete y Gitanillo de Triana. En la plaza, el reportero gráfico Francisco Cano "Canito" que cubría la tarde torera registró para la historia la fatidica cornada....

La entrada del toro Islero en la plaza marcó el final de Manolete, asestándole una cornada mortal que fue captada por la cámara de Canito. La fotografía de la cogida mortal de Manolete daría la vuelta al mundo, sin embargo su autor no recibió ni una sóla peseta, a pesar de las miles de reproducciones de la instantánea. Pero Canito resta importancia a esta circunstancia: "He vivido como un millonario cuando he sido pobre. Eso es lo que te da estar rodeado de buenos amigos. A mí me dio mucha lástima lo de Manolete, porque se arrimaba siempre al máximo, iba a jugársela en todas las plazas, y no dejaba a nadie indiferente. Para mí, es y será el mejor torero del mundo". Actualmente y a sus 100 años de edad sigue en activo.

K HITO Y LA RADIOGRAFIA DE LA TRAGEDIA EN LINARES..

"(...) Entonces vino lo sorprendente. Manolete se perfiló a poca distancia del miura. Lió la muleta, arrastró el pie izquierdo y centímetro por centímetros fue clavando el acero en el morrillo del toro.

Duró aquello demasiado: Se le vieron marcar todos los tiempos de la suerte suprema. Ni entró a matar con el morlaco pegado a toriles, ni la res se le vino encima de modo que él no pudiera evitarlo. Nada de eso. Nada de eso. El toro tuvo tiempo de prenderlo por el muslo derecho. Lo elevó un polmo del suelo y Manolete, girando sobre el pitón cayó de cabeza. Cogida sin aparato. Quedó el espada entre las patas delanteras del miura, que optó por seguir un capote.

Manolete, aún en el suelo, se llevó la mano a la herida. Toreros y asistencias acudieron con toda rapidez y lo tomaron en brazos. Equivocaron el camino de la enfermería y tuvieron que rectificar. Manolete iba pálido, intensamente pálido:
En la arena habían quedado dos regueros de sangre."

COMO ENTENDIA EL TOREO MANOLETE EN SUS PROPIAS PALABRAS :

“Mi postura en el toreo a de ser fuerte y heroica. Tengo que dominar con arte los nervios que me hacen dan malos ratos antes de cada corrida. Lo que pretendo es que el toro esté dónde yo le mande. Esto es lo que entiendo del torero: hacer que el toro embista únicamente a lo que se mueve. Por ello, yo en la plaza tengo que hacer de poste, porque así, mandado con la muleta y llevo al toro por el recorrido justo. Así se pude torear con tranquilidad y evito el ser cogido. Puede que la res se tropiece o cambie de trayectoria y entonces todo va al traste.... con consecuencias imprevisibles”..

LA TRAGEDIA DE LINARES CONTADA POR LUIS MIGUEL DOMINGUÍN A OLANO

Luis Miguel Dominguín, en una de esas tardes de charla en su finca de la Virgen de la Cabeza, me relató la pasión y muerte de su amigo “Manolete”.

28 De agosto de 1947. Islero, de la ganadería de Miura, había marcado con sangre la víspera de una fecha en la que, al amanecer, dejaría de existir “el mejor de los toreros”, que reza el romance popular. Porque fue el 29 de agosto de 1947, a las cinco y siete minutos de la madrugada, cuando murió Manolete. Habló hasta poco antes de perder el conocimiento. Pedía, constantemente, hielo y agua y tenía palabras de recuerdo para su madre. Pidió un cigarrillo a su primo y banderillero, Rafael Seco Cantimplas, que salió de la habitación fumándose el cigarrillo que había dado al maestro.

Un ídolo ha entrado en la gloria. Adriano del Valle, poeta grande, dedicó un largo poema a la muerte del ídolo y fue profético en sus versos finales.

Hoy la muerte te desplaza
pero emplaza el hecho cierto
de tu recuerdo despierto
que mantendrás en la cid
Batallas, después de muerto.

LINARES EN LA TARDE OSCURA DE LA MUERTE DE MANOLETE

Pueblo surcado de olivares, de canteras, cipreses y tabernas. Una habitación con las cortinas bordadas en un blanco encalado, casi entornadas, sosiegan la ira del sol agosteño. Un haz de luz se cuela curioso, dibujando, sin quererlo un enjuto cuerpo yacente sobre la cama.

Hecha la silla, el silencio es quebrado por una ronca voz con olor a habano. La clásica silla de enea ofrece un vestido de soledad profusamente cargado de oro, responsabilidades y laureles. De nuevo un profundo silencio, mudo, silencio de diapositivas que pasan por la mente del torero, familia, triunfos, un escalofrío, «qué lejos siento octubre», cornadas. El enjuto torero se incorpora, cual levantando el vuelo, solo vestido con un liviano pantalón de pijama. La fugaz vida de un cerillo, susurra largamente, pidiendo, si cabe, más silencio. El torero enciende una vela y con fervor besa las estampillas religiosas que siempre le acompañan. Le ofrecen un Camel emboquillado y lo acepta con una media sonrisa. Sentado frente a un espejo, profunda es la calada al cigarro de un rostro demacrado en demasía, y con el estigma del asta, que siempre recuerda algunas instantáneas sepias. Profunda la mirada del hombre que danza con la muerte, sus ojos brillantes, hundidos, expresivos. Mirando su otro yo, piensa cómo hubiese sido la vida de otra manera, sin laureles ni cicatrices, una vida modesta en el barrio de la Lagunilla, en un suspiro una lágrima de Angustia y Sino recorre los huesos de su cara. Con la montera ya calada y ajustada la castañeta, una taleguilla cubre unas piernas bordadas en dolores. El gentío va ocupando la recepción del Hotel Cervantes y el torero, ya vestido, parte hacia el coso de sol y sombra.

Anota Carlos Valverde que otra vez reaparece Islero con su careta de la envidia :

Los cordobeses no le perdonaron a Manolete que se hiera rico con su trabajo, matador de toros, y por ese motivo le enseñaban las entradas cada vez que toreaba, llegando incluso a la ofensa personal. Por cierto, gracias a una buena administración sus familiares siguen disfrutando de su herencia. Y lo que menos le perdonaron fue que «se echara novia». Por todo ello y algo más le achacaron que no quisiera torear en su tierra. Todo lo contrario. Córdoba no quiso que Manolete toreara en Los Tejares. Por eso Sevilla --siempre Sevilla-- lo encumbró. Pienso que Camará pudo haber hecho algo más. Eso sí, el día de su entierro Córdoba entera se echó a la calle, manifestación de duelo solo superada años más tarde con la muerte de Julio Romero de Torres, a quién Córdoba tampoco reconoció en vida.

Y como la historia se repite, hoy, como ayer, Córdoba tiene su Islero. Otra vez. Atiende por Antitaurino, perteneciente a la ganadería del Ayuntamiento y pasta en la dehesa del desconocimiento, la intolerancia y contra la libertad. A propósito del desconocimiento, el filósofo Ortega y Gasset (poco apasionado de la Fiesta) se enfrentó con intelectuales de su época al afirmar: «Saber, lo que se llama saber lo que es un torero no lo saben en España y , por ende, en el mundo más que yo; porque si no he asistido a las corridas de toros más que de forma esporádica, he hecho lo que era mi deber de intelectual español y que los demás no han cumplido: he pensado en serio sobre ellas, cosa que los demás no han hecho antes». Que entienda quién quiera (y pueda).

Comoquiera que el Festival contra el Cáncer --de gran arraigo en la ciudad-- quedó aplazado, bien pudiera celebrarse con carácter extraordinario como homenaje a Manolete, de quién hay que recordar que actuó varias veces en la Corrida de la Beneficencia, en distintos festivales benéficos y en el anual de sus compañeros artilleros que él mismo organizaba. Dejo el toro en la plaza de Los Califas (Lagartijo-Guerrita-Manolete) para que lo toreen al alimón la Asociación contra el Cáncer y los toreros cordobeses. La Córdoba culta, tolerante y libre no puede permitirse en este Centenario ver torear a Manolete solo en las tabernas. De ser así, a Manolete, hoy como ayer, entre todos lo mataron y él solo se murió. Islero pasaba por allí. A lo mejor hay que indultar a Islero.

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