La otra mirada en Acho. Tercera de abono, según Baldomero Cáceres

Fernando Roca Rey se fue a porta gayola con el primer jabonero de los cuatro del encierro de dicho pelaje. Desde entonces, se vio su predisposición para justificar su inclusión en los carteles e intentó siempre calentar, a su favor el ambiente. Y lo hizo con creces.

Tras las chicuelinas ajustadas de su quite, se vio que el primero, bien comido, se apagaría. Embistió éste con tranco acompasado en banderillas y Fernando le cuajó tres pares, de ajustadísimo embroque el tercero.

Tras el brindis en los medios dejó que se le viniera el de La Viña, y le cambió el viaje por tres veces siendo el último de un ajuste extremo.
A pesar de ser tardo, el animal tuvo nobleza, aunque le faltara ese tranco que permite el toreo que conecta. Hubo algún derechazo muy conseguido en la primera serie. Intentó apretar el peruano y trató de someterlo con la izquierda. Apagado el toro, no hubo forma de que la faena cogiera vuelo, intentando Roca Rey, el hermano diez años mayor que Andrés, conectar en cercanías. Cogió una estocada entera.

El cuarto de la tarde, negro y reunido de pitones, se deslizó en el capote. Fernando le recetó un pack de verónicas muy logradas y lo colocó luego al caballo con reposada lucidez. Quitó por lopecinas, en las que el toro mostró alegría para acudir, y Fernando bordó un quite rematado con larga con las dos rodillas en tierra. Volvió a coger los palos y volvió a redondear el tercio con dos de poder a poder y un tercero al quiebro, cerrado en tablas, para salir galleándolo por la cara y logrando con ello, poderoso, pararlo.

En los medios lo recibió con una serie templada con las dos rodillas en tierra. Tuvo el toro mucha clase pero sus escasas fuerzas le restaban chispa a sus embestidas enclasadas.

Las primeras series no resultaron del todo limpias, acomodándose al ritmo que proponía el de La Viña en nueva serie con la derecha hincadas las dos rodillas en el albero. Intentó a continuación torearlo al natural pero el toro ya no tenía fuerzas para deslizarse. Cerró su faena con bernardinas para luego ponerlo todo y dejar, con ello, una estocada entera.

ADAME , EL MAYOR
Joselito Adame se llevó un lote con pocas opciones. Noble el segundo de la tarde, no tuvo ese tranco más y se vino pronto abajo tras intentar apretarlo el mexicano que lo trató con sincero afán. Le ofreció entonces tiempo al jabonero para que éste se repusiera y estirar así faena, de la que ya no pudo conseguir mayores luces. Luego pinchó.

Su segundo embistió al capote apretando hacia adentro y cortó en banderillas. Intentó Joselito someterlo en los compases iniciales, doblándose con él. Nunca se le vino el toro entregado, ni empujó hacia adelante, acusando tras cada muletazo su falta de raza y su afán de quedarse por debajo en algunos pasajes. Terminó cerrándose sobre la primera raya, donde esperó y mostró su complicada condición. Volvió a doblarse con él Adame lo que fue saludado por los tendidos.

JUAN DEL ALAMO
Nulo, vació de fuerzas y convicción fue el primero del lote de Del Álamo, un jabonero claro de bastas hechuras. Fue ovacionado en éste el picador peruano Rafael López, quien movió el caballo con torería y picó en lo alto. El viñense no tuvo fijeza y si una endeblez que imposibilitó el lucimiento.

El que cerró plaza, otro jabonero, tuvo embestidas importantes, con galope y transmisión. Lo cuajó del Álamo con las verónicas de inicio. Los muletazos por bajo, rodilla en tierra con los que comenzó su faena, fueron de una torería que merecieron los olés de la tarde.

Le cuajó el salmantino una serie rotunda con la derecha y continuó intentando mantener el nivel inicial. Pareció evaporarse esa posibilidad cuando Del Álamo citó más en corto y el toro le protestó los muletazos con la izquierda, serie que remató vitigudínamente con dos faroles y uno de pecho.

Le dio nuevamente espacio al toro que volvió a acudir solícito aunque ya sin la hondura inicial. El cierre fue con manoletinas mirando al tendido que no fueron celebradas. Entera y oreja.

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