La música y el toreo : El toro escucha el pasodoble

La Fundación Cajasol ha acogido una nueva edición de sus Mano a Mano con el torero Eduardo Dávila Miura y al músico y compositor Abel Moreno comoprotagonistas Ambos abordaron el tema ‘El toro y la música’, un enfoque hasta ahora inédito en estos encuentros culturales, en un agradable encuentro plagado de anécdotas y sobre todo de música, ya que sonó Madrugá, Macarena y el pasodoble Dávila Miura. “El torero escucha perfectamente la música en la plaza, el pasodoble en Sevilla es especial”, explicó Dávila Miura. La importante de esta pieza musical es notoria. “En la plaza de toros hay que cuidar el pasodoble, se ha ganado su sitio…”, afirmaba con autoridad Abel Moreno.

Los Mano a mano de la Fundación Cajasol han llegado con este acto a su edición número 49, y a lo largo de sus más de diez años de historia han profundizado en las conexiones culturales y sociales de la Tauromaquia. El acto ha sido presentado por el periodista y director de ‘Toromedia’ José Enrique Moreno con gran afluencia de público en el Teatro de la Fundación Cajasol en Sevilla

Eduardo Dávila Miura es uno de los nombres más relevantes del panorama taurino sevillano. Matador de toros desde 1997, durante su carrera ha conseguido ganarse el respeto de los aficionados a base de un toreo sincero y desprovisto de artificios. Se retiró en 2006, pero ha vuelto en los últimos años para hacer la gesta de matar la corrida de Miura en plazas de tanta relevancia como Sevilla, Pamplona y Madrid en las temporadas de 2015, 2016 y 2017, respectivamente.

Abel Moreno es teniente coronel nacido en Encinasola (Huelva) pero desde 1985 vive en Sevilla, donde ha contribuido de forma magistral a incrementar el repertorio de la música procesional y taurina, con aportaciones como su marcha La Madrugá, Hermanos Costaleros, Macarena o el pasodoble dedicado a Dávila Miura que tantas veces veces suena en la Maestranza. Su etapa al frente del Soria 9 dejó huella musical en la ciudad.

Tiene razón el colega Fernandez Roman al advertir ese " maridaje", como los buenos vinos y las comidas que se hace imprescindible en una corrida de toros.

En la plaza de toros que recoge el Palacio Vistalegre, sonó la música. Una música especial, magnífica, solemne, interpretada por la Orquesta Sinfónica de la Comunidad de Madrid. Sonó la buena música en el espacio urbano que antes ocupara la Alegre Chata, el coso carabanchelero que puso escenario a la que, probablemente, será la faena más bella y artística que se haya realizado por estos lugares: la que realizó Rafael de Paula a un toro de Bohórquez el sábado 5 de octubre de 1974. Ignoro si tocó la música en aquella memorable ocasión, porque todas las imágenes filmadas que se guardan del acontecimiento están aderezadas por una música de fondo de precario gusto; pero el hecho histórico inspiró a José Bergamín su celebrado ensayo La música callada del toreo, que es la frase recurrente que justifica algunas opiniones contrarias a la presencia de la música en los toros.

En alguna ocasión he mostrado mi renuencia a la incursión del cante flamenco durante la lidia, por lo que de perturbador e inoportuno resulta la mezcla en la mayoría de los casos. Más que mezcla, mezcolanza. No me gusta.En cambioacudí a la antigua Chata hoy reconvertida en un escenario multi usos de Carabanchel expectante y optimista. Una Orquesta Sinfónica podría subrayar magistralmente los mejores pasajes de Finito, Morante y El Juli, y a fe que durante los primeros toros la simbiosis funcionó perfectamente.

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