La histórica faena de Manolete a "Ratón"

“No hay boletas”… Naturalmente. ¿Cómo iba a haberlos su la Comisión organizadora sabía perfectamente lo que había que hacer para que el cartelito se pusiera en las taquillas? Y lo hizo en beneficio de la entidad… y de la afición madrileña, que este año de 1944 ha sido la más beneficiada. Ocupa la Presidencia el Sr. Cartier, asesorado por Antonio Márquez”. Así comenzaba su crónica “Giraldillo”, por entonces crítico del diario “ABC” en la que reseñaba el triunfo resonante de Manolete ante el toro “Ratón”.

Como es conocido, se celebró el 6 de julio de 1944, lidiándose cinco toros de Alipio Pérez Tabernero Sanchón y un sobrero –que hizo sexto-- de Pinto Barreiro, para El Estudiante, Juanito Belmonte y Manolete. Fue, los datos no engañan, una corrida como las que se lidiaban en la época. En concreto, los toros pesaron, según su orden de lidia, 410, 437, 470, 425, 448 y 456 kilos respectivamente. Dentro de tales limitaciones, a Manuel Rodríguez le correspondieron los dos de mayor peso.

Ni para El Estudiante --vuelta y palmas-- ni para Juanito Belmonte --palmas y protestas-- la tarde tuvo mayor historia, una ocasión que estaba predestinaba en exclusiva para la figura cordobesa.

Según el cronista, el tercero de la tarde estaba “bien encornado y gordito”, precisando luego que “de salida persigue a David, obligándole a tomar el olivo”. Y de seguido Manolete se hace con el toro: “torea con mucha suavidad, recogiendo al toro y ciñéndose a él más y mejor en cada lance (Ovaciones). Cuatro varas por tres caídas y un caballo muerto. “Parrita” pica muy bien. El toro tiene poder. Manolete le hace un quite a la verónica, ciñéndoselo en la media como remate; El Estudiante torea con el capote a la espalda y Belmonte, por faroles. El tercio resulta muy animado y se suceden las ovaciones”.

Cerrado el segundo tercio, en el que se le tocaron las palmas a David, “Manolete comienza la faena llevando al toro del tercio para los medios y, aunque está en buen terreno para la faena, el aire la impide y tiene que buscar sitio más favorable”.

En esos nuevos terrenos transcurrió la faena: “Después de unos muletazos magistrales, en los que deja la muleta en el hocico para que el toro gire, encelándose en ella, Manolete engarza una serie de pases naturales, que se ovacionan. Pases por alto y vuelve a torear al natural. (Ensordecen las ovaciones). En cuanto el toro cuadra. Manolete, muy recto, marcando los tiempos y saliendo en limpio, cobra una estocada hasta la mano”.

La presidencia le concedió una oreja, dando el torero cordobés la vuelta al ruedo. Pero no todo eran plácemes, como señala el cronista: “hay unas protestas en contra, que encienden de nuevo las aclamaciones a Manolete, quien tiene que salir al centro para saludar”.

La faena a “Ratón”

Y los clarines anunciaron la salida del último de la tarde. El de Pérez Tabernero Sanchón era un toro “feo y flaco”. Por eso de inmediato surgieron los votos en contra. Las protestas pidiendo que el toro fuera devuelto a los corrales son unánimes. “El Presidente Sr. Cartier, saca el pañuelo verde. Creemos que en previsión de incidentes, y salta al ruedo un toro, sobrero, de Pinto Barreiro, bien presentado, de nombre “Ratón”, que sale huyendo de los capotes”.

Acabó siendo el toro de uno de los triunfos más resonantes de Manuel Rodríguez: “Manolete le sale al encuentro y le plasma una serie de formidables verónicas rematadas con media. Gran ovación. Otra media portentosa que hace que Manolete tenga que saludar montera en mano. Caen sombreros a la arena. Dos varas, pidiendo el cambio el cordobés. Quite con cuatro verónicas rematadas con media que hace que el público le ovacione”.

Tras tan sólo par y medio, surge la gran faena: “Manolete, brinda al respetable desde el centro de la plaza. Se le oye decir: “Fuera gente”. Queda solo en el ruedo. Un pase por alto muy quieto. Enseguida se echa la muleta a la mano izquierda. Seis pases naturales. Liga con el de pecho y empalma toda la faena en un mismo terreno. Ovación. La gente está en pié aclamando a Manolete. Caen sombreros a la arena. Unos pases por alto muy quieto. Tres naturales y, seguidamente, cuatro más, en perfecta ligazón. Vienen luego cuatro pases en redondo, en los que Manolete mira al público, en tanto que, con perfecto dominio, hace pasar y repasar al toro embebido en la muleta. (Entusiasmo y gritos de asombro; al ruedo caen muchas prendas de vestir). Manoletinas y pases cambiados y otro por delante, jugando suavemente con el toro. Desarme. Alejándose del toro muy toreramente. En el tendido uno se perfila y, despacio, recreándose en la suerte deja una estocada hasta la mano en todo lo alto del morrillo. Descabello a pulso”.

“El máximo premio presidencial –concluye la crónica--, de acuerdo con el dictamen del público entusiasmado. Nadie piensa en abandonar la plaza, y solamente cuando Manolete da tres vueltas al ruedo, a hombros de un grupo de entusiastas y sale en triunfo por la puerta de Madrid, la gente empieza a abandonar la plaza, comentando la corrida”.

Los recuerdos de “Pinturas”

Una figura de entre los hombres de plata como Antonio Labrador “Pinturas”, que iba desde 1942 en la cuadrilla del cordobés, recordaba mucho años después sobre “Ratón” que “yo no sé qué tiempo llevaría el animal en los corrales. A mi me tocó lidiarlo. ¿Y esto como sale?, me preguntó Manolete cuando estábamos en el burladero. Esto, bueno, le dije. ¿Qué iba a decir si no? Aunque la verdad es que yo no conocía a esta ganadería de Portugal”.

“Pinturas continuaba su relato en estos términos: “Y en esto que empieza a salir el toro de los chiqueros, pasito a pasito, lento; vamos, como si aquello no fuera con él. Y se va al centro del ruedo y empieza a sacudirse el polvo. Ya no sabía qué hacer. En esto que “Cantimplas” le llama desde el tercio y el toro se fue para el como una exhalación, con el hocico en el suelo. ¡La revolución que armó Manolete con el pintobarreiro…!”.

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