La grandeza del toreo en Arles. Lo visual y auditivo en una tarde de finas esencias

El anfiteatro romano de Arles por si mismo es ya una delicia para los sentidos. Visiblemente inspirado en el Coliseo de Roma un poco más antiguo, la Arena ha sido el orgullo de Arles durante casi cuatro siglos. En la caída del Imperio, la plaza de toros se convirtió en una fortaleza con la construcción de cuatro torres, casi doscientas casas e incluso dos capillas. Finalmente, por iniciativa del escritor Prosper Mérimée, este lugar único se clasifica como monumento histórico en 1840.

Este sàbado se escenificò la corrida goyesca, nos devolvimos en el tiempo ,a como se vestían majos y majas en tiempos del genio argonès, y el ruedo fue pintado
por un revolcucionario de las artes plásticas. Un artista simbiosis de talento natural y gracia. Así definen en el mundo artístico a Domingo Zapata, el autor de la decoración de la tradicional Goyesca de Arles, uno de los acontecimientos más importantes de la temporada taurina.

Domingo Zapata trabajò en lo que se constituyò en una obra vanguardista, un diseño neo expresionista que convirtiò el ruedo de Arles en un escenario exclusivo del dibujo más moderno y creativo. Desde hace más de 20 años, Zapata esta siendo reconocido como uno de los artistas más sorprendentes e imprevisibles de las artes plásticas. Juan Bautista le brindò el cuarto toro.

Y a todo esto se le sumò la mùsica con una mezzosoprano de voz angelical que interpretò piezas del repertorio universal y pudimos deleitarnos desde ese magnìfico "Toreador" de la Opera "Carmen" de Bizet al "Valencia " del maestro PADILLA PASAN DO POR LA BAYONESA y Opera flamenca. LAS NOTAS MUSICALES ERAN EN CADA INSTANTE SONIDOS CELESTIAL.

La banda y coros se lucieron y la tarde se llenò de música, de toreria, de encanto, de pasiòn contenida, de colorido en los vestidos goyescos, de esa obra pictòrica que cubriò el ruedo del anfiteatro, de respeto de los espectadores por el curso de la lidia,aficionados que llenaron el coso y salieron deslumbrados por ese conjunto de armonìas que vivimos en unas tres horas. Ver salir a dos toreros en hombros bajando la escalinatas de la plaza es una sensaciòn magnìfica

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